LA TORTURA NO ES CULTURA

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La historia nos ha enseñado que la barbarie únicamente lleva a la barbarie. Y ya el filósofo Theodor W. Adorno nos advirtió, después de Auschwitz, que el ser humano debería experimentar con el arte y no con la vida. Porque el único argumento que justifica la crueldad, la matanza y la degradación de vidas ajenas es el que llamamos instinto animal. Y los animales no hacen eso parecería innecesario recordarlo. Sino que hay algo muy perverso en la civilización que nos ha llevado a justificar a un animal que no somos y que nos permite defender lo que esencialmente nos repugna. No porque el ser humano sea esencialmente bueno. Sino porque es esencialmente miedoso. Y el miedo nos perturba a unos niveles tan íntimos y tan incuestionables que todo lo que esté justificado a partir de esa perversión intrínseca, intelectualmente, suele ser indefendible creo, de nuevo, que debería ser innecesario recordarlo. No importan las tradiciones ni la estética increíble ni el coraje o la primitiva relación que supuestamente se celebra en las corridas a las que soy incapaz de llamar fiestas

Las corridas de toros están basadas en la tortura y el sufrimiento del toro, así como en el desprecio hacia los derechos de los animales, independientemente de que tengamos una postura a favor o en contra de las corridas de toros, lo cierto es que los festejos taurinos van perdiendo fuerza con el paso de los años.  Estamos en una era en la que los espectáculos crueles y de tortura no se pueden seguir permitiendo y así la tradición no las justifica; menos en pleno siglo XXI no podemos tolerar la existencia de una tradición tan cruel y sangrienta; es por eso que celebro y apoyo que legisladores como José Couttolenc estén luchando fuertemente por generar conciencia del respeto y amor por los animales.

El toro es como todos los animales , un animal dócil y afectuoso, el cual  es sometido a intensos maltratos antes de las corridas que días antes les ponen pesadas bolsas de arena en sus lomos ; que las varas de los jinetes le cortan los músculos del cuello (heridas de 14 cm ) para que mantengan la cabeza baja ;que cuando el matador aparece el toro ha perdido fuerza, agilidad y sangre ; que cuando el toro se mueve torpemente es cuando el torero “se luce” mareando y agotando al animal con pases de muletas ; que cada estocada le atraviesa los pulmones ahogándolo con su propia sangre ; que estando el toro aún vivo, agonizando, gimiendo, vomitando, sangre y perdiendo orina, le cortan las orejas y el rabo ; que como el toro no grita, el público no se da cuenta de su sufrimiento.

Las corridas no son una fiesta  no son un espectáculo son un acto de barbarie  de brutalidad de inclemencia, de ferocidad. El toreo tampoco es un arte. Todavía no he visto ningún ballet donde al final se le corten los pies a la bailarina ni ninguna ópera que remate cortándole la lengua al tenor. ¿Cuál es el arte? ¿Qué un individuo vestido de payaso asesine a un toro desangrado, agotado, espantado y atemorizado delante de un público sediento de sangre? Si matar se eleva a la categoría de “arte”, las bombas atómicas que aniquilaron a Hiroshima y Nagasaki fueron unas obras maestras y los falsos positivos mexicanos deberían ser exhibidos por los museos de todo el mundo. Con este “arte” lo único que se está haciendo, como en la época de la Inquisición es justificar la violencia como medio de ganarse la vida y engendrar una cultura más de la violencia, como si eso hiciera falta en México.

Pero , ¿Qué diferencia puede haber entre la tortura y ejecución de un toro y la tortura y ejecución de un ser humano? El asesinato del toro es un crimen premeditado que tiene múltiples cómplices que ganan fortunas con sus espectáculos sangrientos: los dueños de las dehesas, los empresarios, los toreros… Todos los seres vivos tienen derechos y los defensores del toreo creen equivocadamente que un toro no tiene derechos. Según ellos, ni tiene derecho a no ser torturado ni tiene derecho a la vida. Curiosamente ese es el mismo argumento que han utilizado todos los inquisidores y dictadores para asesinar impunemente a millones de seres humanos. En conclusión, es hora de que los defensores del toreo se quiten las anteojeras y vean que otro mundo es posible: un mundo sin violencia ni contra los toros ni contra la naturaleza ni contra los seres humanos.

No consigo entender que los valores estéticos pasen por encima de tanta brutalidad. No consigo entender cómo espectadores cultos, sensibles e inteligentes pueden disfrutar el sádico espectáculo de la injusticia. Y no consigo entender hasta qué punto hablan de lo ancestral para defender semejante crueldad basándose en algo esencialmente humano que como civilización no hemos superado.

#TorturaNoEsCultura