Lenguajes entrevista a David Bucio, escultor

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Microscopio social, aleación de hierro y carbono, noche desacostumbrada

a mi forma. Observo al équido de galope sonoro, efímero al tacto,

observo tu reloj y anillo moldeándome, miro a detalle

la materia geométrica de tus ojos que se desbordan

al latir de las noches a la sintonía de tus manos…

al noreste de la entidad, el aire, la calle inmóvil.

                                                                                                                      Mar Barrientos

 

¿Cómo miras la belleza de las matemáticas en tus esculturas?

-No he logrado vincular la belleza con las matemáticas en las artes, pero creo que termino asimilándolo así, sin proponérmelo. Para mí, la escultura es enteramente lúdica, me divierte muchísimo estar resolviendo planos, volúmenes, resoluciones de piezas geométricas complejas aplicadas a mis caprichos en la materia (siempre y cuando el capricho de la matera me lo permita primero, claro)

Cuándo estás en el momento creativo ¿Qué hay en tu mente?

-Mi mente es como un muro de pantallas de un circuito cerrado, todas emitiendo imágenes e información al mismo tiempo. Pasa que al igual que cuando me ducho, me pone en un estado de aislamiento-concentración y me da por introspectar. Tiendo mucho a hablar conmigo mismo (de tiempo completo) y he llegado inclusive a discutir en voz alta conmigo mismo, soy mi principal detractor y siempre estoy analizando todo lo que hago y estos espacios de aislamiento (con las orejeras y el equipo de seguridad) tras el mango de alguna herramienta, me pone uno a uno con cada uno de mis personajes

Tienes un ritual para trabajar ¿Cuál?

-Soy muy desorganizado y caprichoso, el hedonismo es la base que rige mi vida y principalmente mi trabajo. Las cosas tienen que mantenerme interesado, así que siempre empiezo por lo que más interés me provoca. Quizás podríamos decir que el café de grano es básico para arrancar y, en ocasiones, donde el trabajo demanda desvelo, el mate, el tinto y el ron no pueden faltar.

¿Qué música influye en tu trabajo?

-Es muy variada, depende mucho de qué esté trabajando, toda la música ( que me gusta) me influye; es algo vital para mí, amo el silencio. pero no puedo trabajar sin música mi play list es muy amplia pueden pasar 5 días sin repetirse pistas y siempre estoy en búsqueda de nuevos intérpretes y propuestas, creo que es algo que tengo que agradecerle a cierta pianista con la que andaba de quedar bien hace unos años, amplió mi gusto musical puedo disfrutar escuchando desde la Sonora de Margarita, son cubano, pasando por metal, thrash y la música de cantautor es algo infaltable en mi soundtrack, igual disfruto mucho de las sonatas de Bach para pintar por ejemplo, o Madredeus para leer.

¿Qué le dices a tus manos?

-Jejee, jamás he hablado con ellas directamente, creo que más que hablarles, ellas terminan haciendo la vez de intérprete de mi persona al exterior, creo mucho en la transparencia del lenguaje corporal.

¿Qué disfrutas más el proceso o los resultados? ¿Por qué?

-Me quedo con el proceso, el resultado siempre engolosina al ego, sin duda; pero lo que realmente te nutre está en los procesos, es ahí cuando aprendes, superas retos, generas afectos, en fin, todo lo trascendental y perdurable se da en los procesos, el resultado es como eyaculación precoz, éxtasis pronto y efímero.

¿Qué elemento te representa y por qué?

– Me han dicho que soy tierra y quienes saben esto me dan razones entre ellas mi trabajar con la materia, con las manos, transformar; pero siempre me he sentido más identificado con el agua, quizás sólo sea mi fijación por el mar y el ambiente tropical.

Imagina el transitar del agua como recuerdos

¿Qué le dices al escultor de hoy?

-Paga un contador de inmediato.

Escultura pública.

El principal problema con el arte público radica en que lo público lo tiene sólo en el título; quizás sí, al estar expuesto a la intemperie le pertenezca visualmente a todos, pero no existe un vínculo con la comunidad, no pasa de ser un elemento de bisutería urbanística cuya funcionalidad queda relegada a ser referencia de donde dar vuelta o dónde bajarse del trasporte público.

Desde que la vida me llevó a ser escultor cuya obra, mayormente es pública, he entendido al arte público como un elemento de vinculación del individuo con su comunidad, una herramienta que fortalezca el sentido de pertenencia de la gente para con el espacio que habita. Todo esto a raíz de participar en más de 40 simposios de escultura pública alrededor del mundo, he comprendido que la única forma de que la gente se pueda involucrar con el arte público es siendo partícipe de él, me refiero de forma activa en su creación. Con esto no quiero decir que se vuelvan asistentes activos en el proceso de creación de la obra, sino que se vuelvan protagónicos en su relación con ésta, con el artista, que no sientan al arte público como una imposición urbana que apareció de la noche a la mañana en el sitio, una efigie frígida de un héroe de cartón que poco o nada tiene que ver con nosotros en el hoy directamente. El simple hecho de que el espectador pueda acercarse al autor y preguntarle sobre el proceso técnico, sobre el cómo está o fue hecha, ese simple hecho genera arraigo en la ciudadanía, hacen suya la pieza y con ello el entorno, se saben parte activa de ese monumento y así también lo cuidan.

Esta pieza en particular ha sido una experiencia fantástica, complicada por la cantidad de factores que han influido en ella a raíz de la pandemia global y las medidas de contención que se generaron en el país. No recurriré a la pose y a la hipocresía diciendo que me enorgullece, de sobre manera, haber hecho una interpretación escultórica de Emiliano Zapata por el simple hecho de que sea Zapata, no suelo desarrollar ni fomentar arraigos a nada y mucho menos a héroes patrios; tampoco se me malentienda, no creo en nacionalismos, me he aprendido y reconocido a lo largo de casi 2 décadas como ciudadano del mundo y sé que los nacionalismos exorbitados nos limitan y nos privan de la oportunidad de entender y aceptar la otredad en general.

Me resultó una oportunidad maravillosa de poder seguir experimentando y mostrar resultados del material que me ha abierto puertas en diferentes países, una especie de beca para desarrollar una investigación práctica de las otras posibilidades del acero inoxidable.

A pesar de que esta es la Octava escultura pública que tengo en México ( cinco en Estado de México, una en San Luís Potosí, una en Jalisco y una en Durango) todas resultado de simposios de escultura de gran formato; ésta, me genera un orgullo particular, al ser la primera escultura comisionada de manera directa, aunque por supuesto, el ego siempre brinca, fue un encargo específico de la interpretación de un héroe de la historia de mi país y no una escultura  de mi autoría, de mi lenguaje, pero vamos, no se puede todo en esta vida, al menos no, en este momento.

Por otro lado, la realización de ésta me dio la oportunidad de reunir de nuevo a gente valiosa tanto artística como técnicamente, por dos meses. Mi casa fue una tertulia constante de artistas trabajando en una sola escultura, buena comida, mucha bebida, risas de tiempo completo y reforzamiento de lazos de hermandad en herramientas y así también el establecimiento de nuevos lazos emocionales al redescubrir gente maravillosa.

La entrega de la escultura fue retrasada por caso fortuito. La realización y materialización de este proyecto en términos muy generales ha sido complicado, me he tenido que enfrentar a diferentes escenarios y situaciones un tanto adversas desde el tener que hacer malabares con un presupuesto cuya vigencia había caducado 5 meses previos a la liberación del recurso, la demora de éste, desde Gobierno del Estado, cierre de fronteras y demoras en las entregas de consumibles internacionales así como, principalmente, la volatilidad del acero inoxidable que se cotiza en dólares; sin embargo, ha sido una serie de retos a superar, un par de noches sin dormir ni dejar de trabajar y alguna que otra fricción con el vecino.

Puedo decir a grandes rasgos que esta experiencia ha sido principalmente mucho aprendizaje y mayormente un reencuentro con David Bucio tras una racha realmente difícil de casi 3 años, ha sido un cierre de racha o apertura de una mejor, lo cual me hace una referencia obligada a la canción de Cerati La zona de promesas *Tarda en llegar y al final hay recompensa*. Que no se me malentienda, no creo ni busco cuentos de hadas, así también hace mucho que renuncié a la vocación de mártir; sin embargo, la necedad  de vivir únicamente de lo que elegí hacer, tiene sus consecuencias a pagar y por supuesto, como en este caso, un ocasional pico de abundancia en el entramado, no me refiero a la abundancia material que aunque nunca está demás tampoco es lo único que se necesita, por más cliché que pueda sonar, esta racha de bienestar general me ha permitido reconectar con muchas personas de las cuales me había alejado en un intento de mantenerlos a salvo del naufragio personal en el que me encontraba, generar nuevos afectos y plantearme nuevos desafíos profesionales y ahora con esto de la nueva normalidad más los efectos de la recesión económica… que comiencen los juegos del hambre.