Lenguajes nuestros III

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Se despertó la conciencia de quienes grabaron esas voces de sus padres, de sus abuelos, voces en su memoria de niño que hoy regresan, hoy le hablan en voz alta.

En la ausencia de sus cuerpos, que sonámbulos llegan con sonidos que apenas balbucean, se redescubren al intentar pronunciarlas para comunicarse.

Hoy se regresa a ese pasado milenario donde el conocimiento íntegro, todas las cosas que existen, se colocan en un estado de equilibro.

Hoy, miles de mestizos se levantan de sus lugares escondidos, salen de sus rincones para indagar sobre sus orígenes dormidos en las páginas donde se escribió todo.

La piel del tiempo contiene tiempos imborrables en la historia que vivieron sus padres, sus abuelos sabedores del tiempo bueno y el tiempo malo, del presagio de la tarde, del mal augurio al cantar el tecolote, el agüero de los sueños que sabían qué era lo que les decían, algo viene en el futuro.

Hoy se vuelve a esa identidad tatuada en nuestra forma de mirar, cicatrices se llevan en el alma en siglos de discriminación.

Ya se deja de vestir la indiferencia que nos lleva a ignorar nuestra cultura. Mujeres, en su sabiduría, regresan a tomar de la naturaleza ese contenido para salvar vidas, para enfrentarse a este mundo donde la lucha está en contra de la violencia.

Al voltear contemplamos esa diversidad de conocimientos de los pueblos milenarios.

Hoy se vuelve a esos pasos en huellas de nuestros antepasados, que desconocemos, ahora sé que en mi historia, mi abuelo sabio, guía y defensor del equilibrio con la naturaleza me heredó:

 

El saber escuchar el latido del sol

el eco del tiempo

la energía de las plantas que nos sanan

entender el lenguaje de los pájaros

descubrir el agua en tierra árida

orientarme con el sol si estoy perdido

el grito de los cuatro puntos

arar la tierra en tiempos de lluvias

tocar el viento

saber que la noche es de las estrellas.

 

El árbol que sigue en pie para ser testigo de la ausencia de esos sonidos guardados en la memoria innata de un niño que creció escuchando una lengua.

No aprendió porque no era bueno para él, porque ya era suficiente maltrato por parte de esa sociedad distinta, demasiado occidental para comprender el valor de una identidad que se respira.

Aún se puede preservar ese sentido de los elementos de este suelo donde pies vuelan y manos dibujan en el aire la nota de esa semilla que germinará para dar frutos en nuevas generaciones.

Hoy regreso acompañado de mis muertos, de mi gente que aún sabe hablar hñatio, gente de montañas, gente de venados, que en el murmullo de sus voces los árboles guardianes, también abrazan sus cantos.