Ley del retorno

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Emigrar siempre es un suceso que rompe con la estructura familiar. Todo emigrante que deja su lugar de origen lo hace por una causa. Latinoamérica expulsa millones que buscan una mejor calidad de vida. La odisea no es sencilla para quien decide realizar un largo viaje, del que no tiene una idea cómo le va a ir. Los centroamericanos sufren desde el momento en que toman sus pasos para ir a Estados Unidos, al mal llamado sueño americano. Donde muchos no llegarán a su destino. Ellos serán una cifra más de los desaparecidos y de los que nunca se supo nada. He sido emigrante dentro y fuera de mi tierra, el reto es sobrevivir el día de mañana.

Interminable es el tren que lleva en sus ruedas millones de vidas,

vidas que se quiebran en una caída que perfora ilusiones

no volverá a sonreír de la misma manera en la quimera mutilada.

Se atraviesa el umbral del hambre, la sed se detiene a mirar

Esa humedad que tu rostro guarda para callar esa pobreza

que te dejó sin un techo, sin un lugar en ese vacío que no se llena

con un trozo de aliento, regresa ahí donde tu suerte será la misma.

Hoy te vi en la calle, venías con tus hijos en brazos, sin romper tus lazos

buscas esa otra vida que no está en la esquina de los rieles

que te trajeron aquí, para no mirar el pozo de agua profunda.

Soledad que te arrastra a continuar en esa espera de avanzar a una frontera

que palpita en tu corazón y se queda con todo lo que eres,

nunca recuperarás ese tiempo que calca tu sufrimiento dentro del cuerpo.

Llegarás en la persistencia, fuera de la bestia, muy cerca de la frontera.

Te enfrentarás a las aguas del río Bravo donde muchos perecen ahogados,

escoger ir por el desierto donde tu hijo te pedirá agua, sabrás que la vida

pende en un hilo de horas que no se detienen para salvar tu vida y la de ellos,

tu familia verdadera y la familia que has encontrado para llevar más ligero

ese viaje de miles de sueños que no justifican la muerte de tantos.