Los docentes, desbordados en medio de la pandemia: Mi día a día se convirtió en un caos

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Con las clases presenciales suspendidas, los maestros cambiaron su metodología para enseñar a distancia, responder consultas fuera del horario escolar, además de ayudar a sus hijos.

Más allá del componente extra de una pareja, la situación de desborde es frecuente en estos días de pandemia. Contrario al prejuicio, sin clases se multiplicó el trabajo docente. Se expandió hacia metodologías hasta entonces desconocida. La planificación habitual se trastocó por completo: la dinámica de enseñanza-aprendizaje en el hogar -si es que se da- no es la misma que en la escuela.

Si antes ya era difícil y tomaba tiempo planificar una clase y que esta salga bien en el aula, ahora es más complejo aún. Ahora tengo que planificar en determinado formato digital y en forma completa y superprolija, ya que la tengo que enviar con antelación. Me toma tiempo y me suma una presión que antes no tenía. Ahora tengo que diseñar y armar presentaciones en Powerpoint todas las semanas, porque los chicos las necesitan para seguir la clase por Classroom, tengo que grabar las clases y subirlas, tengo que sacar fotos de la pantalla y las actividades para que el colegio pueda subirla a las redes.

La sensación que hoy experimentan muchos maestros es lógica, la educación a distancia les exige utilizar sus capacidades de otra manera, en un contexto de incertidumbre muy elevada, fuera de nuestro hábitat natural -el aula-, a veces sin el espacio o los recursos suficientes en sus hogares.

Es posible que se dé un exceso de trabajo ya que tienen que estar constamente rediseñando y adaptando el sistema, así como también, la falta de límite en los horarios laborales. Estas sensaciones van causando un nivel de tensión en aumento que se suma a la exigencia por sostener un nivel educativo razonable y al propio grado de auto exigencia que tenga el profesional. Ese estrés generado, agregó la profesional, puede derivar en distintos tipos de síntomas. Por un lado, consecuencias a nivel fisiológico, como falta de aire, taquicardia, tensiones, contracturas, mareos, entre otros. Por otro, implicancias a nivel emocional: frustración, ira, enojo, tristeza, desesperanza, ansiedad. Por último, puede inferir en su modo de ver la realidad, de sobredimensionar el grado de exigencia.

Para sobrellevar la situación otras amigas educadoras me dieron estos tips:

-Organizar el envío de la tarea a los alumnos: prever cuántas por semanas se mandarán y aclarar cuáles tendrán una devolución para que las familias lo tengan presente. No hay que enviar montones de tareas, sino algunas significativas. Proponer actividades potentes, idealmente que incluyan más de una materia. Menos es más.

-En la medida que estén los recursos, plantear un tiempo de clase sincrónica a través de algunas de las plataformas de videoconferencias como Zoom o Meet. Que ese sea el momento para responder dudas y se dé un ida y vuelta lo menos caótico posible.

-Aprovechar herramientas que ya existen y saben usar. Van a estar aprendiendo nuevas estrategias pedagógicas porque es parte del proceso. Tomar lo que saben hacer y de ahí avanzar paulatinamente, sugirió la especialista.

-Utilizar recursos que ya estén disponibles. Por ejemplo, si se trata de una clase de lengua, servirse de un libro que esté en la web o si la materia es ciencias ejemplificar con un video. Mi impresión es que muchos docentes están creando contenido en estos días desde cero y eso realmente lleva tiempo. En internet hay mucho, además de interesante para aprovechar.