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Los insurgentes en Toluca

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La historia de la Independencia es una historia muy bien contada. Es más, a partir de los festejos por el Bicentenario ha sido una historia contada en exceso. Lo cierto es que, a pesar de enfoques novedosos y aportaciones al tema, aún predomina el relato académico de los héroes que la iniciaron y la continuaron. En este artículo adoleceré del mismo mal: hablaré de aquellos pasajes ocurridos y personajes predominantes que estuvieron en Toluca.

 

En los últimos días de octubre de 1810, a más de un mes del Grito de Dolores, el ejército insurgente encabezado por Hidalgo entró al pueblo de San Felipe del Obraje (hoy del Progreso), pasó luego por Ixtlahuaca y el domingo 28 llegó a Toluca a las 3 de la tarde. A partir de aquí los historiadores no se ponen de acuerdo: unos dicen que el cura durmió en las “Casas Reales” que habrían estado en el lugar que hoy ocupa el Palacio del Poder Judicial (calle de Bravo); y otros, que integran la tradición mayoritaria, dicen que durmió en la casa de los Oláes, donde hoy se ubica el Museo “José María Velasco” (esquina de Lerdo y Bravo). En cualquier caso, Hidalgo no pasó mucho tiempo en Toluca pues al otro día su ejército salió de la ciudad: una columna por el camino de Lerma y otra por el de Metepec, San Mateo Atenco y Tianguistenco, para encontrarse finalmente con el ejército realista en el Monte de las Cruces.

Imaginemos ahora esa gran mole humana de 100 mil personas, en su mayoría indígenas y castas dirigidos por criollos, entrando y rodeando una ciudad conservadora que entonces contaba con menos de 5 mil habitantes. Por supuesto todos las vacas y borregos disponibles fueron devorados, pero sobre todo puercos y maizales, alimentos que ya daban fama a Toluca (no quisiera imaginar los restos de fogatas y desechos humanos que dejaron atrás). Con todo, la impronta que dejó Hidalgo fue tan honda que luego de consumada la Independencia se colocó una estatua de este prócer, que ocupó muchos años el espacio central de la plaza principal.

Un año después, cuando los iniciadores ya habían sido capturados y fusilados, Ignacio López Rayón conducía la Junta de Zitácuaro y Morelos ya incendiaba el sur, y de nuevo en octubre, una partida de insurgentes que recibían órdenes de Rayón hostilizaba a los destacamentos realistas entre Toluca, Tenango (del Valle) y Tenancingo a fin de cerrarles el paso hacia Zitácuaro. Esos insurgentes (entre ellos 10 mil otomís) comandados por José María Oviedo intervinieron en una de las acciones más valerosas y poco conocidas de la guerra de Independencia: la Batalla del Calvario.

Desde el 19 de octubre de 1811 hubo enfrentamientos en la serranía tolucense (Huitzilac, San Luis Obispo, el Toloche, Coatepec, La Teresona), pero para el ataque final los insurgentes se concentraron en el Calvario a fin de tener abierta la salida hacia el sur. Luego de seis días de combate el feroz brigadier realista Rosendo Porlier recibe refuerzos, por lo que los insurgentes, que en algún momento están a punto de ganar, se desbandan y sólo así termina la batalla. Porlier hace un centenar de prisioneros a quienes conduce a la plaza principal por la que luego se llamará “calle de las Víctimas” (hoy Villada); a todos los fusila de cinco en cinco (“quintados”) en varias rondas, menos al último, al que patea en las posaderas y lo manda a contar lo que vio.

Por este hecho, la plaza principal de Toluca desde entonces se llama “Plaza de los Mártires” y la calle que cruza el Calvario desde Horacio Zúñiga hasta Villada lleva el nombre del héroe derrotado: “Oviedo”. Cabe señalar que la Batalla del Calvario fue el hecho de armas más relevante de la Guerra de Independencia ocurrido en Toluca y que sus habitantes, infortunadamente ―para quienes fuimos educados en el nacionalismo revolucionario―, como buenos entes conservadores, siempre apoyaron a los destacamentos virreinales.

 

Tal vez por ello ningún vecino de esta ciudad se cuenta entre aquellos que nos dieron Patria y Libertad. Tal vez por ello, también, es que la ciudad no trató tan bien a una mujer excepcional que apoyó la causa insurgente: Leona Vicario. Ella y su marido, el ilustre Andrés Quintana Roo, entre 1818 y 1820 vivieron en Toluca, pero en un estado de pobreza tal que sólo la podían paliar los pocos centavos que Quintana Roo ganaba como escritor y amanuense.

 

Volviendo a la acción, en los años siguientes Toluca se convertiría en un codiciado botín de guerra. Siempre defendida por realistas, durante 1812 fue asediada por Oviedo, Rayón y Galeana desde Tenancingo, Tecualoya (Villa Guerrero), Tenango, Metepec, San Juan de las Huertas (Zinacantepec) y Lerma, sin éxito. En 1813 Rayón reintenta el asalto desde Asunción Malacatepec (hoy Donato Guerra) y Tejupilco, pero fracasa. En 1814 y 1815 merodea el norte y el sur del Estado de México sin poder acercarse a la ciudad. Es así que en el sueño máximo de Rayón, la toma de Toluca, su perseverancia es tan asombrosa como su mala fortuna.

El último capítulo de la Independencia en Toluca, que ya no de la insurgencia, se escribe en julio de 1821 cuando Agustín de Iturbide, jefe del Ejército de las Tres Garantías, ordena al general Vicente Filisola ocupar Toluca. Es así como nuestra ciudad se convierte a la causa Trigarante y se suma a la consumación incruenta de la Independencia realizada el 27 de septiembre de 1821.

 

En los siguientes 200 años Toluca no fue ajena a la fiebre nacionalista que con el triunfo de los liberales de la Reforma eleva a los altares a los iniciadores de la Independencia. Varias calles importantes recuerdan a la insurgencia: por muchos años la calle Hidalgo fue la puerta de entrada a Toluca proviniendo de la ciudad de México; la calle Independencia cruza el centro hasta la antigua estación del tren; la calle Morelos es actualmente una de las arterias de salida rumbo a la capital del país; además de que, de forma perpendicular a las anteriores, varias calles con nombres insurgentes cruzan la ciudad: Quintana Roo, Pedro Ascencio, Bravo, Galeana, Matamoros, Allende, Aldama, Rayón y Josefa Ortiz. Además, Hidalgo tiene su estatua frente a la Legislatura Local; el teatro más importante (estatua incluida) lleva el nombre de Morelos; y en el cruce de las calles Carranza y Villada se ubica la “Fuente del Águila” que conmemora el Centenario de la Independencia de México.