Luchando por la igualdad de genero

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“La igualdad de género tiene que ser una realidad vivida”

Michelle Bachelet

 

El Derecho y su concepción dogmática han cambiado, los mecanismos a través de los cuales la convivencia social se armonizaba han mutado, dando como resultado que existan nuevos mecanismos de protección y defensa de los derechos que en la humanidad deben prevalecer; siendo el ideal más próximo: lograr justicia e igualdad, pues derivado de una se conoce la otra.

 

Cómo habíamos mencionado en la columna anterior denominada “Hacia una igualdad de género”, a nivel internacional se han establecido mecanismos que se especializan en la protección a grupos en situación de vulnerabilidad, muy particularmente a la mujer; que por vivencia histórica fue o ha sido objeto de agravios en la esfera de sus derechos, lo que positivamente se ha buscado erradicar a través de acciones concretas que permitan equilibrar el trato entre hombre y mujer, logrando con ello un mundo más justo y próspero.

Derivado de la lucha social por la defensa de los derechos de la mujer y la dignificación del ser humano en todas sus latitudes, se concretaron a nivel global  los “Objetivos del desarrollo del milenio” con la finalidad de dar cobijo a la sana pretensión de la humanidad y “promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la mujer,” como una tarea fundamental de engrandecimiento y perfeccionamiento de las relaciones armónicas; sin embargo, a la fecha de su evaluación (2015) la lucha de género fue rebasada ante la realidad lacerante, las estadísticas dieron pie a reformular la sana intención de equilibrar el trato entre mujer y hombre, dando luz a lo que la Organización de las Naciones Unidas denominaron como: Objetivos del Desarrollo Sostenible (agenda 2030) con fecha de avance entre el año 2015 y 2030, dentro de los cuales se estableció el Objetivo 5  denominándolo: Igualdad de Género.

Razón a ello, se han difundido campañas publicitarias, se han hecho esfuerzos relevantes a nivel global por perfeccionar los ordenamientos jurídicos locales y tratar de dar certeza y seguridad al trato justo y equitativo entre la mujer y el hombre; se ha aperturado la brecha del dialogo propositivo con el ánimo de encontrar soluciones reales al gran problema de desigualdad social y de vulnerabilidad del que mujeres, niñas y niños han sido objeto por su género y condición; sin dejar de lado, que los estereotipos han generado una simiente difícil de quebrantar y que la defensa de los derechos que universalmente son reconocidos se llega a perder en el reconocimiento, pues la aplicación estricta de los ideales legislativos ha quedado pendiente.

El concepto de género surge dentro de las denominaciones otorgadas por la sociedad contemporánea, dando mayor énfasis y realce a la comprensión de la historia y al contexto social de las definiciones de sexualidad e identidad y a los roles que se les han otorgado; toda vez que, bajo este principio (género) se pretende demostrar que existe discriminación y desigualdad en las oportunidades de integración y participación a razón del sexo de la persona.

Esto ha generado una lucha histórica aguerrida, haciendo resonar la voz de la mujer (principalmente) pues es históricamente el sexo que ha sido vulnerado por su condición y que inequitativamente ha sido direccionado hacia la exclusión y la subordinación, derivado de su forma de ser y de sentir, de su forma de hablar y de pensar; esto es ya un trato discriminatorio, que no permite cumplir con el ideal de justicia que pretende que mujer y hombre sean considerados en igualdad a razón de sus derechos por su sola calidad de humanos.

Ante ello, es prioritario reconocer que, en la participación política de nuestro país, en el acceso a la educación y el acceso al mercado laboral, no existe suelo parejo y menos igualdad de condiciones para la mujer y el hombre; parece más bien, que la balanza juega azarosa a la posición del viento. Es preponderante entender que el enfoque de género dentro de las políticas públicas no implica necesariamente, una transversalidad con miras a beneficiar a la mujer de manera directa, más bien, a otorgar igualdad de condiciones y romper la brecha histórica de participación que se ha gestado a razón de la idiosincrasia.

Se deben reorientar políticas públicas acordes a las necesidades reales de la sociedad, rejuvenecer la educación para que permee en la conciencia nacional, lanzar campañas de concientización que nos permitan reorientarnos, reeducarnos y resignificarnos en nuestra dignidad de seres humanos, desmenuzando estereotipos y reconstruyendo conciencias en favor de un verdadero equilibrio y valoración de la humanidad; sin luchas clasistas, sexistas o de estereotipos culturales, sociales, económicos o políticos; eliminando las condiciones que generen desigualdad, discriminación o exclusión social.

No podemos negar que la mujer ha sido receptáculo (lastimosamente) de violencia de género en todas sus expresiones, de manera estructural y sistemática, y que esta violencia ha ido en aumento de forma exponencial, que en este mismo orbe: mujeres, niñas y niños deben recibir un trato igualitario y diferenciado a razón de la condición de desigualdad en que se encuentran; trato igualitario al amparo de la ley y diferenciado en atención a la exclusión y poca visibilidad de la que han sido objeto, procurando mecanismos oportunos de inclusión y visibilización como sujetos de derechos; luchando a través de estos mecanismos, por una armonía social, una sociedad más justa y una verdadera humanización de nuestro mundo.

La igualdad, es y debe ser considerada como un derecho humano, una obligación irrestricta de protección por parte del Estado y un faro de atención en matera legal, del cual ningún ser humano debe sustraerse. Es importante que se adecué la legislación local con miras a garantizar que se tengan condiciones propicias para juzgar con perspectiva de género y para hacer prevalecer la dignidad humana, en donde la justicia pase de la escultura a los hechos; es imperante consolidar políticas públicas que hagan cumplir la ley, pues se tienen muchas leyes que consagran derechos, pero en la práctica hay poca justicia.

Los hechos son abrumadores, es necesario ir de los ideales a los hechos y sumar esfuerzos concretos, consolidemos una visión armonizadora en donde mujeres y hombres puedan generar una convivencia más enriquecedora valorando con afecto la potencia de su humanidad, generando con ello igualdad y estima social.

Igualdad para una mejor libertad.