Maltrato infantil

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No necesitamos pistolas y bombas para traer la paz,

necesitamos amor y comprensión”

Madre Teresa de Calcuta

 

La niñez es la época florida del ser humano, en donde se vive plenamente, se disfruta, se anhela y se aprende sin mayor preocupación que un par de dudas: ¿mañana a que jugar? o ¿cuáles golosinas se compraran? La infancia es catalogada por una gran mayoría de la sociedad, como una época inolvidable, llena de luz, de esperanza y de armonía.

 

Sin embargo, en el escenario de la vida todo tiene sus luces y sombras; mucho se ha oído decir que uno de los sectores que más se protege en el seno de la sociedad es el de los niños, sin embargo; a medida que la humanidad avanza, van cambiando sus formas de interacción, lo que nos lleva a pensar que hoy en día y a nivel global, en muchos espacios y en demasía, se habla de la protección que deben tener los derechos fundamentales de la niñez.

 

Sin embargo, la forma en la que el ser humano ha evolucionado su desarrollo deja mucho que desear y como se ha dicho en espacios anteriores; hemos dejado de darle importancia a la comunicación, a la palabra y a la familia; consideramos a los mayores, a las cabezas de familia, pero parece que a los niños los visualizamos como “espíritus”, personas cuyas voces e ideas en el mejor de los casos son ignoradas o bien que con el afán de que no perturben el orden, son convertidos muchas veces -sin pensarlo-, en seres sin sentido de responsabilidad, con una visión materialista y a conveniencia; tal vez bajo esta óptica no nos hemos detenido a reflexionar, pero podríamos estar cometiendo un tipo de maltrato infantil, donde se está físicamente pero los padres están ausentes.

 

Puede suceder que por nuestras creencias familiares o culturales, no consideramos a los niños, y es que las ideas de algunos de los pueblos o poblados humildes nos señalan que los niños deben ir al campo a trabajar y las  niñas deben quedarse en casa para aprender las labores del hogar, algunos dirán que es por la falta de escuelas, otros por la falta de oportunidades; sin embargo debemos de entender también su entorno; sus padres así fueron criados y así se desenvuelven en la sociedad; lo que para nosotros puede ser discriminatorio o un gesto de maltrato para ellos es una forma de educar a gente de bien.

 

En este tenor, es necesario poner sobre la mesa, las brechas culturales, sociales y económicas, misma que han abierto el campo de batalla de las ideas; para dejarnos ver que existen problemas reales fuera de la periferia citadina, pues mientras en la ciudad la mayoría de los niños reclaman el uso de telefonía celular y videojuegos, en los poblados aledaños hay niños que se duermen temprano y sin cenar, solo para esperar que al otro día -muy temprano- haya algo para comer en casa, o bien una oportunidad para buscar una nuevo crucero donde poder vender o hacer algunos trucos ante los automovilistas.

 

Y si se habla de desigualdad, es importante que reflexionemos; muchos consideran el ejemplo anterior como una violación a los derechos fundamentales de los niños y niñas, pero pocos se detienen a pensar que la misma sociedad ha intentado dividirse en estratos, haciendo que las personas más humildes se conviertan también en los más desprotegidos; nos damos cuenta que es la misma familia la que segrega el derecho que los menores tienen para expresarse, violentando su actuar con gritos, amenazas y regaños

 

En ambos casos hablamos de un tipo de maltrato que, sin llegar a ser lacerante como el físico, si constituye un cúmulo de heridas que a la larga puede que traigan consecuencias graves, recordemos que los niños aprenden de lo que ven y sienten a través de los sentidos, entonces si hablamos de un entorno social y familiar violento, es muy probable que cuando este niño crezca, repita los mismos patrones de conduta  por creer que estos son correctos.

 

Pero existe también el maltrato físico, ese que se produce cuando alguna persona, de manera deliberada, daña o pone en riesgo la integridad física de un niño, triste y lacerante que existan este tipo de vejaciones contra quienes en algún momento asumirán las riendas de un país si no es que la intolerancia, las adicciones y los problemas sociales del entorno no les quitan la vida primero.

 

Como sociedad debemos de reflexionar y tratara de crear una sinergia, además de exigir a las autoridades la aplicación de nuevos modelos de protección, debemos aprender sobre empatía y participación activa; en estos tiempos de pandemia, pensemos en aquellos niños maltratados, física, mental y psicológicamente; en aquellos que sufren y se sienten abandonados, en aquellos que sin la escuela no pueden expresarse libremente, en aquellos cuya vida se encontraba destruida aun antes de nacer.

 

Somos la amalgama inconclusa de derechos que apelamos a custodiar, pero que en esencia no hemos sabido proteger, esto es así: se crean foros de debate, se apertura el dialogo dentro del salón de clases, pero no se establecen mecanismos reales de protección, no existe la suficiente capacitación u concientización de las medidas que deben tomarse para procurar el mejoramiento y bienestar de la niñez de nuestro país.

 

Aprendamos a identificar el maltrato y si es necesario, denunciar; hagámoslo, los niños necesitan de leyes, códigos e instituciones que los protejan;  pero más que nunca necesitan de una voz que les defienda, proteja y les incite a buscar la libertad con responsabilidad: necesitan tener la esperanza que desde hoy con nuestras acciones y con nuestro ejemplo habremos de  trabajar por legarles un mundo mejor, pues si hemos fallado hoy la contingencia sanitaria nos incita construir mejor personas.