Mantequilla de maní y tu gordofobia

Views: 620

Un tazón de cereal con lecha fría, la cuchara de metal helada en la tarde de resistencia, no sé cocinar, no sé planchar, siempre me las he arreglado para hacer mi vida en casa más fácil, con la frase favorita de mi mamá nadie es indispensable, durante estos meses intenté pasar por la etapa más común entre las personas en estos días; la famosa GORDOFOBIA, el tenerle miedo a subir de peso o engordar, comúnmente mis antojos y caprichos se rigen por mi estado de ánimo, pero al bajar mis niveles de productividad sentía la ansiedad por comer, y no precisamente un tazón de apio, era la sensación de poderme comer el stand de friturasentero, durante mi adolescencia y mi infancia, en mi casa nunca hubo limitaciones en cuanto a comida o alimentos, no había alimentos prohibidos o la famosa alacena bajo llave, todo estaba al alcance de la mano, no había en abundancia, había lo suficiente para todos, eso y la preparación de los alimentos que en casa siempre fue habitual, respetuosa y muy basada en nuestro humor, es por eso que después de haber pasado por esa infancia y adolescencia sana y feliz, me cuesta trabajo castigarme a mis hoy 31 años, ALTO, me dije, basta de restringir antojo, maquillar deseos y ahogar angustias.

 

Es muy cierto que aquí hay comida para todos, pero últimamente me he dejado llevar por las compras consentidas, cuando voy al súper es forzosa la pasadita por el pasillo de los dulces, en donde tomo una bolsa de chupachups; con mi amado lago de Dalí, una bolsa de bombones, porque después de comer mi tía Sonia me enseñó el placer de comer un bombón y sentarnos en el sillón, compro una bolsa de alegrías, para el antojo nocturno, combinado con la gastritis y la acidez, así que nuestra mejor opción es una barrita de amaranto endulzado,  tengo paletas hielo de por vida en el congelador, pasitas en un frasco, y así han pasado mis semanas entre dulces y antojos, a eso me refiero cuando digo que nos hagamos la vida más sencilla, en lugar de pasar al oxxo cada día por un antojo, premio, gustito o como quieran llamarle, prefiero tener en casa todo lo que se nos pueda antojar, aunque siendo honesta, cada viernes mi hija y yo nos hacemos una parada obligada en la tienda de la esquina, por el puro placer de salir y saludar a Lupita de la tienda, recoger bugambilias en el camino y caminar solas sin decir más nada, estoy a favor de que sigamos nuestros instintos, respetemos lo que nuestro cuerpo nos pide, lo amemos y lo recompensemos, lo llenemos de vida, de nutrientes, pero también lo dejemos hablar por él mismo.

 

Ánimo, sigamos preparándonos esos inmensos platos de papas condimentadas, comiendo gomitas enchiladas y horneando galletas de cajita, porque saben que, después de eso no habrá nada por lo que arrepentirse, más bien hagamos todo bien para poder comer eso y más y no resentirlo dos horas después.