ME GUSTA

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Todo comenzó con un vídeo en Facebook; un niño ataviado como monje, con la cabeza rapada soltaba un globo de papel, mientras meditaba estas palabras:

-Mi maestro dice, si te gusta una persona tienes que decírselo, no es para emocionarla ni para esperar una respuesta. Sino para que en el futuro, durante sus días tristes cuando se niegue a sí misma pueda recordar que en el mundo hay una persona a quien le gusta y le importa.  A lo mejor es lo más tierno que puede dar una persona a otra…

Así termina el pequeño fragmento de video, viendo cómo se eleva el globo al cielo y el pequeño vuelve a lo que parece su habitación.

¿Será que es posible que podamos liberarnos de todos los prejuicios y nos atrevamos a decirle a alguien que nos gusta o soportar que alguien nos lo diga sin el sentimiento de tener que responder o coincidir, estamos listos a dar sin recibir nada a cambio y también a dar sin condiciones? ¿Estamos listos para vivir y dejar vivir, para querer sin poseer? ¿Qué tan factible se vuelve en una aldea global, cuando la persona que te gusta vive al otro lado del mundo o si en verdad existe?

Vaya que en esto del corazón no hay dirección, el mismo Blaise Pascal decía que “el corazón tiene razones que la razón no entiende” y cómo nos cuesta sólo sentir sin etiquetar o esperar algo a cambio y al respecto, José Emilio Pacheco decía “¿por qué tenemos que pegarle etiquetas a todo? ¿Por qué no se dan cuenta de que uno simplemente se enamora de alguien?

Y qué fortuna que exista ese sentimiento libre de vanidad, posesión y lujuria ese amor libre de ataduras, de errores y horrores, el simple hecho de amar por amar.

De hallar el brillo de los días en la pupila de esa persona, de reconocer en su sonrisa el horizonte más claro, de encontrar en la estética de sus manos el camino de los sueños y en su presencia alabar las precisiones de la creación, receptáculo de suspiros e ilusiones, de pensamientos cándidos y latidos tiernos.

¡Qué alegría haberte encontrado!