Memoria llena II

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Me resulta sorprendente saber la cara que le dimos a un año tan difícil, con esperanzas abiertas a nuevas posibilidades, como país; un año de carencias humanitarias como sociedad;  cada vez menos cercanía, y como  persona,  con nuevos descubrimientos internos, probamos un poco de cada día, saboreamos tragos amargos y noticias que nos afligieron, sin saber aún en qué pararían tantas situaciones difíciles, situaciones que siempre han existido, pero que cada vez cobran más fuerza.

La pobreza en números interminables, crisis humanitarias en por lo menos cuatro países vecinos, atentados y disturbios pavorosos, corrientes que pusieron de moda estatus sociales, un feminismo mal dirigido que crece desmedidamente, conceptos de igualdad y equidad distorsionados, y medios de comunicación cada día menos confiables.

Por eso leer columnas, artículos y/o entradas de blog es tan disfrutable, porque siempre hay una firma, hay un quien detrás de cada palabra, hay una informante con rostro y mirada.

Eso que ya no pasa en algunas redes de comunicación, en donde la información fluye y se desmenuza en dudas, en caos; es por eso que tenemos que buscar en nosotros mismos la calma, lo frío y cálido, el momento para hablarnos, el murmullo de las cosas que tanto amamos, y el sabor del hogar que todos buscamos.