¿Merecida golpiza?

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Trascendió en diversos medios de comunicación el frustrado intento de asalto que cometen un par de sujetos en la carretera México-Texcoco en el Estado de México; ante la imposibilidad para culminar el atraco, aparentemente desisten de proseguir con él y pretenden bajar de la unidad de transporte, una combi.  El primer asaltante logra hacerlo pero el segundo no porque otro pasajero le obstruye el paso.  Acto seguido, y ya con el vehículo en movimiento, una inagotable ración de golpes, patadas, puñetazos, pellizcos y casi mordidas por el grupo de iracundos pasajeros, que dejaron al asaltante en estado de gravedad, mismo que permanece hospitalizado.

 

En cuestión de horas, cientos de memes haciendo mofa de la situación; cada uno de ellos con una interpretación particular de hecho, mostrando –como siempre– el  gran ingenio del mexicano para burlarse de todo y todos sin miramientos.  Incluso existe una versión en lego que recrea el video testimonial que resulta casi imposible no haber visto.

 

Ante ello, existen posturas encontradas, por una parte –la enorme mayoría– personas que festejan y celebran la brutal forma en que se ataca al asaltante.  La realidad es que ante el vacío de autoridad, la incompetencia de muchos de los cuerpos policiacos y la frustración acumulada de tantas y tantas personas que han tenido que entregar sus pertenencia que con tanto esfuerzo han obtenido a un grupo de malandros, ocasiona esto, la satisfacción de ver que alguien más si pudo poner en su sitio a estos amantes de lo ajeno.

 

Por otra parte, voces de indignación, no por el acto en sí, sino por la reacción que se ha tenido masivamente. La postura es simple, ¿cómo es posible que nos dé gusto el hecho de que casi maten a otro ser humano?, y no sólo eso, que se convierta en un placer revisar a cada rato el video de evidencia.

 

Sin duda, esta última postura deja ver que el mundo tiene un poco de esperanza en que las personas pueden entender con el diálogo, eso siempre será positivo, sin embargo, versa un adagio que a la letra dice: cada quien tiene lo que merece.

 

No se trata de ser irracionales, más bien de buscar argumentos para intentar descifrar el sentimiento de las personas en un sentido o el otro.

 

Emana otra pregunta, ¿el sujeto merecía la golpiza que se llevó? Si usted ha sufrido un asalto en el transporte público, le han quitado su quincena completa o ha recibido alguna agresión de asaltantes, estoy seguro que no nada más estará de acuerdo, sino que habría deseado estar ahí y contribuir a la causa.

 

Incluso, ante el sólo imaginarnos en una situación así, sentimos cierta empatía con los pasajeros vengadores.

 

Del otro lado, habrá quienes piensen que la reacción de ellos resulta exagerada y violente, y que se debió haber llamado a la autoridad para entregarlo y que el Estado ejerciera la justicia.

 

Nadie está en desacuerdo en que esto sería lo ideal, peeeeero, ¿Cuál es la realidad?, que no hay certeza de que estos tipos paguen por sus actos, nuestro sistema de justicia los libera y en esa misma tarde regresan a las andadas.

 

Más patético aún, habrá una madre llorando junto a su hijito golpeado, lamentando el maltrato, sin reconocer que en ese ámbito familiar se dejaron de hacer muchas cosas, demasiadas.

 

Usted analice, este ladrón, ¿lo merecía?

 

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