MUCHO. DOS POEMAS

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TE QUIERO MUCHO

 

Cuando me tocaste,
con esas manos que robaron su flauta a los demonios,
fui acaso aún más joven
como tierra que hubiese sido mojada.
Confiaría en ti como confían las nubes en el aire.
Y sé muy bien que vivirás ya en mí
como la luz vive en los cristales.

Como acariciando a un niño,
los filos del pensamiento forman tus aquí tus facciones,
tus orejas que un día podría besar,
tu halagueña aparición, el ensueño
que nos hizo cosquillas unos minutos
y luego nos abandonó.

Es mi deseo herirme en tus dedos
y guardarte en mi tórax abierto como una iglesia.
Tenerte confiado,
tirando de mi efusión como de un arco.

Y el corazón se desboca porque sí,
ensombreciendo las sábanas.
Y mi regocijo sólo quiere volver a recaudar
nuevas perlas de entre lo tuyo.

No podría ser más para ti
que el destino de vuelo en la pluma.
Ni sabes lo que me significas.

Impera ahora tratarte mejor… Convencerte.

ME GUSTAS MUCHO

Me gustas desde el vello más pequeño de tu rostro,
al dedo meñique de tu pie izquierdo.
Y, al ver tu belleza,
comprendo que tu ángel de la guarda es muy poderoso.
Ni el cielo más estrellado, visto a través de lágrimas,
iguala a tu cuerpo grabado de lunares
en los que dejaría cada día un beso
como quien deja ofrendas en un altar.

Bebería de tus manos el agua.
Comería de tu boca.
Respiraría el aire que exhalas.
Sería un animal sumiso descansando entre tus piernas.
Eres mi dicha culpable.

Mas no puedo ni robarte un beso.
Como el verano del inverno
estamos separados por un silencioso no
(ese que como espada corta mi ilusión en dos).
Y solo puedo soñarte despierto
mientras tu imagen se diluye con el humo del cigarro.
Mas seguirás iluminando este corazón
donde has vivido tanto tiempo, como en un palacio.
Y allí seguirás creciendo,
si tú quieres.

Mi ambición debe conformarse hoy
con escribirte otro poema,
inseguro y tardo como yo mismo.

Recíbelo con ojos piadosos.
Y déjalo que viva.