Nada entra… Nada sale

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No quieres saber. Saber dispara la curiosidad.

 

¡No te quiero aquí viviendo conmigo!

 

Imagino que  lo intuyes, como todos,  que por las noches no duermo,  que la oscuridad me pone la piel de gato y que tengo día y noche la lámpara encendida, porque la oscuridad me paraliza.

 

Has de saber que por las noches estoy  despierta con la escopeta cargada.

 

-¡Siéntate! El arma está cargada no voy a dudar en descargarla.

 

¿Quién te invitó a entrar? ¿Por dónde entraste? ¡Díme!

 

II

 

El bullicio acelera mi circulación. Y a cualquier ruido brinco.

 

Faltaban diez minutos para las doce. Y mi posición era de acecho. No tenía ganas de entrar al cuadro, las últimas dos noches por poco y no salgo.

 

Los segundos pasaban lentos eran escasos los minutos que faltaban para que  la casa quedara completamente sellada.

 

Nada entra… Nada sale.

 

Pero un curioso violó la cerca eléctrica y estaba entrando por el primer piso, se  escuchó cómo quebraron un vidrio, quitaron la madera de alguna ventana. Rompieron las botellas, activaron las alarmas.

 

-¡Maldición!

 

-¿Quién eres? ¿Qué buscas?—Mientras un muchacho de quince años estaba temblando en la sala.

 

-¡Siéntate! Corté cartucho para que escuchara el arma cargada.

 

-No voy a dudar en descargarla.

 

¿Por dónde entraste?

 

Apenas se veía agujero en el ventanal.

 

¡Ayúdame!  No puede salir nada de aquí.

 

¡Trae ese sillón!

 

¡siéntate aquí!

 

¡Nada sale, nada entra! ¿Entendiste?

 

Además puede escapar un disparo y a esta hora los servicios médicos  tendrán que recogerte en la acera… (silencio) pero mañana.   Porque aquí nada entra, nada sale. –  ¿entendiste? –

 

 

 

III

 

Las manos te tiemblan y necesito  que dejes de mirarme. Pon atención en lo que vas a mirar, es un espectáculo que no se repetirá. Necesitarás de todo tu valor, de saber decir no. Si te ofrecen agua no la bebas. Siempre he estado sola, así que pon atención si quieres sobrevivir esta noche.

 

-¡Prepárate! Ya van a dar las doce.

 

En aquel cuarto había una acuarela, apenas si se veía como la sabana, había unas jirafas y elefantes a lo lejos, los árboles estaban pintados en tonos amarillos, era lo  poco que se podía visualizar a la luz de aquella lámpara. Aparte de ese viejo sillón con el que se tapó el agujero.

 

De pronto, el cuadro nos tragó, nos tragó como en las noches que me ponía a su alcance.

 

Estuvimos corriendo por la selva. Bestias salvajes feroces nos perseguían para devorarnos.

 

Corrimos, corrimos mucho.

 

Ese muchacho corría como diablo, trepaba árboles, les lanzaba todo lo que tenía a la mano.

 

Sobrevivimos de milagro… De milagro.

 

IV

 

-¡Siéntate! ¡Toma éste té! Te ayudará a tomar fuerza.

 

– ¿Tienes preguntas? Sé que estoy llena de rumores, mi casa es una página de mentiras, de cosas que imaginan que suceden.

 

-El té viene de la India. Lo trajo una tribu por el cuadro.

 

Podemos traer comida y cosas, pero nada puede salir de la casa.

 

-¡Ven, vamos a la cocina! La guerra por el día de hoy terminó.

 

 

-¿Cómo es qué entraste? ¿Quién te invitó?

 

Has de saber que el cuadro odia la sangre  viva y sobretodo de humano.

 

Dicen los que saben que en  alguna época lo hechizaron para esconder tesoros y cuando los perseguían, es de tiempos muy lejanos.

 

-¿Qué pensabas que sucedía?

 

No entiendes, tus ojos tienen la avaricia de todos.

 

¿Sabes el lenguaje de la noche? escuchas el silencio y la oscuridad.

 

Percibo en la piel tu curiosidad, quieres saber por qué mi casa huele a especias. Ese sabor dulzón que te envuelve y te desguanza.

 

-No te duermas. Aquí no es bueno dormir.

 

 

Desde que llegó ese cuadro a mi casa, vivo apartada del mundo. Cerrando la puerta con cerrojos. Dormitando de día.  Ves cómo todas las ventanas están clausuradas. Salvo la del desván donde puedo mirar cómo los curiosos lanzan maldiciones a mi puerta.

 

-¿Se imaginan lo que sucede?

 

Ya viviste cómo te vuelves loco a medianoche.

 

La casa está desierta. El cuadro se tragó todas sus pertenencias.

 

Ahí están las alhajas de mi abuela.

 

¿Quieres ir por ellas? Te aseguro que no saldrás vivo.

 

No te puedes dormir. ¡No te duermas!  No cierres los ojos. No podré ir por ti.