Nocturno Vals

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Lo escuché hace un tiempo, la vez primera, un oído presto al mensaje como el mío, se descubrió atrapado en un suave, pero decidido ritmo que le dejó por varios días un cierto peso en el alma, tristeza y la curiosidad por revelar en clave de lectura, la tierna oscuridad presente en esa íntima pieza.

La canción se titula “Noches de Pasión” y es de la autoría en su letra y música de Sergio Ochoa, cantautor de  “Propuesta” como él mismo describe en un ejercicio de franqueza y honestidad para el oficio que domina y comparte con su público ya muy habitual en sus presentaciones en esta Bella y Fría Ciudad de Toluca.

Composición rítmica de versos cortos combinados con los de métrica mayor, Noches de Pasión, se adhiere a la tradición literaria de una manera práctica y realista, más de hoy,  posee los  rasgos fundamentales del género poético conocido como Nocturno, practicado hasta el perfeccionamiento por José Asunción Silva, Oliverio Girondo, y otros próceres de este género lírico, híbrido entre el romanticismo y el modernismo, padre de las vanguardias.

La noche genera el Nocturno y se impone como función textual, la noche consume todo y el todo se desdibuja en la noche, así el Nocturno, registra los remanentes poéticos de todo lo que sucede o sucedió en Aquellas noches en las que sólo tú y yo/ dando paso a una nueva versión de la anulación del Yo en la forma poética del Nocturno transformándola en una disociación, pues el sujeto gramatical asociado a la figura de un “Yo” apela a la existencia de un “Nosotros” en el pasado, sin poder asegurar la supervivencia de esa pareja en el futuro:  soñábamos despiertos/con la vida, con amores/ con mentiras y caprichos sin razón.

Durante la noche emergen los temores: Aquellas noches/ de cielos tan oscuros/como el más profundo infierno, y los anhelos: Y más benditas que el cielo/ que hemos visto abrazándonos los dos. He aquí el “horror de sentirse pasajero” como escribiese  O. Girondo. El autor ante la inevitable nostalgia de lo efímero, acude a la figura de  la noche furtiva, de ahí la prosopopeya o animación de la noche, al convertirla a Ella, en una golondrina;  oscura noche cual furtiva golondrina/que este nido ha de dejar,  perversidad de un acompañante  a punto de marcharse y a quien se ofrece una oportunidad, todavía amorosa, de recuperar la estabilidad y la seguridad adquirida que antes se vivió:  cierra tus ojos y escucha/  yo te prometo tantas muchas (noches)/que la vida no te alcanzará.

Nocturnos son también los deseos, de ahí que el género suela relacionarse con el erotismo, Noches de pasión/ de abrazos y caricias/con el alma más desnuda que tú y que yo. La voluntad de diluirse en la relación amorosa a través de un medio aún más efímero, un escape de la realidad:  Noches de pasión/ de parrandas y tequila /y con besos que aniquilan embriagando al corazón, necesidad de desprenderse del Yo, como diría Rubén Darío: “Diluir mi tristeza/ en un vino de noche”. Buscará quizás, el Yo poético un reacomodo, un nuevo lenguaje antes compartido, dándose cuenta que, ahora, todo le es ajeno, se ha convertido en un solitario y su expresión es la del velador sin causa de las noches perdidas: Aquellas noches encantado que contigo/sólo han podido repetirse.

Inconsistencia del tiempo, ante la pérdida sólo queda apegarse a la memoria:  Los recuerdos solo sirven para hacerte/a ti más grande, para amarte mucho más/ y a una metafísica del introspectivo, del abandonado: Aquellas noches de cielos tan oscuros/no han podido repetirse/. La nostalgia se renueva eternamente en la reiteración del verso Cierra tus ojos y escucha/yo te prometo tantas muchas/que la muerte no lo impedirá.