Visión y Expresión

 

 Virginia García Arriaga

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Arquitectura social inclusiva para la niñez

martes, 16 de mayo de 2017
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La inclusividad, como fenómeno multidimensional responsable de la calidad de la vida urbana de las ciudades, adquiere complejidad a menudo que avanza la globalización.

Por este motivo, debe resolverse de manera específica, orientada a cada cultura, cada grupo social.

Es en este momento, cuando dialogía y intersubjetividad son herramientas fundamentales en su búsqueda.

Del mismo modo, una mirada inclusiva a la infancia la convierte en un parámetro de diseño y evaluación de la ciudad.

Una ciudad cada vez más compleja y puede ser, utilizando esta nueva metodología, más inclusiva.

La inclusividad, lejos de ser un fenómeno sencillo, abordable desde una única perspectiva de tipo social, educativa o pedagógica, como durante años fue concebida, precisa ser estudiada desde un punto de vista interdisciplinar debido a su elevado grado de complejidad.

Muchos años en la investigación sobre la teoría y la práctica de la Arquitectura y el Urbanismo, han servido para descubrir la importancia del espacio construido como otra de las dimensiones importantes en el estudio de la inclusividad.

Y así mismo, para entender la responsabilidad y capacidad de ambas disciplinas en la conexión de los campos de conocimiento necesarios para resolver este problema.

Numerosos estudios y trabajos, de ámbito local o internacional, donde la calidad urbana de la ciudades es el tema principal, encuentran a continuación sus fundamentos teóricos.

La inclusividad: un fenómeno multidimensional Diferentes teorías sustentan la inclusividad como un fenómeno multidimensional donde el espacio adquiere un carácter estructural.

El espacio, ya no puede ser considerado como un escenario autónomo y ajeno a la interacción social.

En primer lugar, desde la psicología ambiental, se ha llegado a describir el comportamiento individual como consecuencia directa del entorno (ambiente), incluso mediante una fórmula matemática.

Resulta muy ilustrador un fragmento de la primera obra de Lewin, Paisaje de guerra (1917), donde se pone de manifiesto la estrecha relación entre la interacción social y la percepción del espacio: “una hermosa escena bucólica de tierras de cultivo, campos y zonas boscosas, se va transformando poco a poco.

La cima boscosa de la colina se convierte en un puesto de observación; su ladera protegida, en un lugar para el emplazamiento de cañones.” En este fragmento, no sólo podemos comprobar la importancia del espacio como soporte a les relaciones sociales, en este caso negativas (guerra).

También observamos como la interacción social dota de significado al paisaje.

Aquello percibido finalmente por la persona, no es algo que objetivamente fue percibido a través de los sentidos, sino fruto de un proceso cognitivo posterior, en el que intervienen factores como la imaginación y la memoria, individual y/o colectiva; un proceso en el que la interacción social dota de significado al espacio.

Observando este caso extremo bélico, evidenciamos, por un lado, la importancia del espacio para la existencia de la interacción social: obviamente, una guerra se desarrolla en un territorio.

Y por el otro, comprobamos la capacidad del espacio de trascender más allá de algo físico.

En segundo lugar, desde las teorías del desarrollo también podemos aproximarnos a la realidad multidimensional de la inclusividad.

En este sentido, este término debe ser entendido como la propiedad que hace posible un desarrollo saludable del individuo.

Partiendo desde una perspectiva general, desde la ecología del desarrollo humano la importancia del espacio construido también convive con las relaciones sociales.

Si se entiende la evolución del ser humano a través de microsistemas (la familia, el colegio, la biblioteca, las actividades extraescolares, los equipamientos, etc.) y a través de la interacción entre ellos, tanto los espacios donde se albergan los microsistemas, como los trayectos, o conexiones físicas entre ellos, tienen la misma importancia.

Partiendo ahora desde un punto de vista socio-biológico del desarrollo cognitivo, el individuo precisa de la experiencia espacial para el desarrollo de su inteligencia . Niños y niñas necesitan poner a prueba su cuerpo en el espacio, de manera autónoma, para así adquirir habilidades espaciales, que serán puestas a prueba posteriormente para adquirir nuevas habilidades.

Entra en juego el papel de arquitectos y urbanistas, en el diseño de ciudades inclusivas donde pequeños y pequeñas puedan experimentar un espacio construido con unas condiciones que les permitan un desarrollo saludable.

En tercer lugar, desde un punto de vista fenomenológico existen teorías que sostienen que cualquier experiencia vital tiene lugar en tres espacios distintos e interdependientes: el espacio interior, el espacio fisiográfico y el espacio social.

En este sentido, podemos afirmar que un fenómeno como la inclusividad puede entenderse a partir de estas tres dimensiones.

No tiene sentido trabajar la inclusividad en una ciudad únicamente a través de programas de integración social, ayuda y apoyo familiar, etc., aislando de esta manera el espacio social de un fenómeno donde participan también el entorno construido y la salud del propio individuo.

En cuarto lugar, desde la Antropología, el papel del espacio (la distancia). El alcance de cada uno de los sentidos (vista, olfato, oído, tacto, incluso el gusto) es diferente para cada uno de ellos, igual ocurre con sus lindes.

Pensar en una ciudad cuyo espacio pueda incorporar esta dimensión sensorial, es, sin duda, pensar en una ciudad inclusiva.

En la actualidad, algunos arquitectos y despachos internacionales se encuentran incorporando estos conocimientos a sus diseños arquitectónicos y urbanos, tanto en la teoría, como en la práctica.

Y en quinto y último lugar, desde un campo tan lejano como la crítica literaria, aparece la Teoría del Cronotopo Creativo, de M. Bajtín, aplicable también a cualquier obra de arte, incluso a la arquitectura.

 

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