TRAS LA SENDA DE ULISES

 

 Pedro Daniel García Muciño

+11
Votos
Nota Aburrida
Nota Interesante
El fusilamiento de Maximiliano: 150 años del triunfo de la República

lunes, 19 de junio de 2017
Comparte esto en Facebook
Comparte esto en Twitter
Comparte esto en Digg
Enlarge Font
Decrease Font
La mañana del 19 de junio de 1867, un regimiento de soldados republicanos dio cumplimiento a la sentencia de muerte dictada por el tribunal de guerra en contra del archiduque de Austria, Fernando Maximiliano de Habsburgo, quien tres años atrás, engañado por el bando conservador mexicano y respaldado en los intereses colonizadores del emperador francés Napoleón III, había asumido el inexistente trono de México, proclamándose Emperador de una tierra que no deseaba reyes supremos y que llevaba desde su nacimiento como país independiente más de medio siglo de luchas intestinas, guerras civiles e intervenciones extranjeras.
Una de estas intervenciones sirvió precisamente de escenario que levantó el telón para el arribo del príncipe europeo, que acompañado dos mexicanos más, Tomás Mejía y Miguel Miramón, caería muerto en el Cerro de las Campañas de la ciudad de Querétaro, dando por terminado con ello el fracasado segundo Imperio y proclamando el triunfo definitivo de la República, a cuyo frente, en un completo contraste con Maximiliano, estaba el zapoteca liberal Benito Juárez.


Las figuras de Maximiliano de Austria y su esposa Carlota Amalia Leopoldina Clementina de Bélgica, han fascinado al imaginario mexicano desde su llegada en 1864, pero mucho más desde su caída en desgracia, siendo una suerte de pareja triste que emuló el romanticismo de su época, viviendo entre oropeles y lujos que resultaban extraños en la tierra que quisieron gobernar y que inevitablemente constituyen el recuerdo que hace paréntesis a lo peculiar de su historia, tal es el caso del lugar en que habitaron, donde se percibe la presencia constante en la imagen y estilo del Alcázar del Castillo de Chapultepec.
A nivel literario Fernando del Paso, hizo de la vida obtusa de la emperatriz Carlota, la materia principal de uno de los libros más importantes de México, al narrar con gran creatividad la turbulenta vida de una mujer, que hija de una dinastía europea destacada, termina unida al pasado mexicano, no solo por la aventura fallida del gobierno de su esposo, sino por su misma presencia en tierras mexicanas, en las que se destacó como promotora de la niñez y asidua visitante de más sitios de provincia que el mismo Maximiliano; para llegar a la nota más importante del texto en la que narra el dramático desenlace de su vida, donde desde plena juventud, cae en la locura que la mantuvo el resto de sus días, (más de 60 años) encerrada en un castillo belga, siendo observadora a la distancia del fallido segundo Imperio y sin comprender del ocaso del siglo XIX y el inicio del convulso siglo XX, hasta su muerte en 1927.
Retomando al figura de Maximiliano, su vida puede considerarse como el icono emblemático del ocaso de los Habsburgo, dinastía heredera de un pasado grandioso y heroico, pero que en sus últimos protagonistas encontraron asilo las ambiciones y errores que llevaron a su caída; tal cual el efímero emperador mexicano, quien asumiendo que en su imperio jamás reinaría aceptó validar el engaño de los conservadores mexicanos y llegar a gobernar un territorio desconocido y hostil, donde su presencia terminó por resultar incomoda incluso para aquellos que promovieron su venida, ya que no se esperaba el choque con las posiciones ideológicas del Emperador que eran liberales y hasta siento punto progresistas, en contraposición con los deseos reaccionarios y de poca avanzada del bando que lo llevó al poder.

Paradoja más que llamativa, si se considera la historia posterior de la casa imperial de Austria, donde su hermano el Emperador Francisco José pierde a su único hijo varón a una mediana edad, obligándose a considerar como heredero a su sobrino, el célebre Archiduque Francisco Fernando, quien años después es asesinado en Sarajevo en 1914, siendo el hecho que desencadena la Primera Guerra Mundial y que desde una perspectiva absolutamente especulativa, otro desenlace pudo tener, de no haber renunciado Maximiliano a sus derechos dinásticos al aventurase en México, y naturalmente no morir tras su fracaso hace siglo y medio.


Con el tiempo a cuestas, las figuras históricas toman otro sentido, siendo necesario valorarles con sus alcances y limitaciones, ya que personajes como Maximiliano, van perdiendo o ganando posiciones, que rompen las tradicionales concepciones que se mantienen, para aportar por ejemplo, nuevos flancos de estudio, tal es el caso del rol que jugó Maximiliano aún en poco tiempo, en favor de la protección de los pueblos indígenas o en su deseo de formar una identidad, a través de imágenes que representaran dignamente a nuestros fundadores, las cuales aún se conservan en el Palacio Nacional de México y son el rostro prácticamente oficial de Hidalgo y Morelos; y por supuesto en contraparte, las leyes que criminalizaban de inmediato al bando republicano, el exceso en ornamentos, etiqueta y regulaciones imperiales son ejemplo no sólo de un mal gobierno, sino de la incapacidad por entender un país que buscaba salvaguardar su territorio y superar las más de cinco décadas de luchas internas y externas.


Como anécdota final, a través de fotografías que una amiga me facilito tras su reciente viaje a Austria, tuve conocimiento del culto y memoria que algunos mexicanos profesan a nuestro segundo emperador, ya que en la Cripta Imperial de Viena o Cripta de los Capuchinos, sitio donde reposan los restos de la familia Habsburgo, el espacio destinado a Maximiliano, es el único que regularmente recibe a sus pies flores y objetos mexicanos como banderas, monedas, imágenes de la virgen de Guadalupe e incluso un pequeño sombrero de charro, todos fetiches que visitantes anónimos depositan para sorpresa de los vieneses, a quienes toca resguardar los mausoleos de grandes figuras, algunas incluso celebres gracias a Hollywood como la emperatriz Isabel, mejor conocida como "Sisi", quien aún con todo el renombre, no despierta devociones tales como las del triste archiduque que deseando ser cabeza de un nuevo imperio y dejando atrás su hermoso palacete italiano en Trieste llamado Miramar, se aventuró a vivir por un breve tiempo en su Miravalle, como cariñosamente refería al hoy Castillo de Chapultepec, la residencia mexicana que solo por unos meses sintetizó los contrastes de un México, dividido y polarizado, circunstancia tan parecida a nuestros días, y que nos deja también la lección de lo oportuno que es conocer su historia, para aprender de ella, en vez de repetirla.

 

Opina sobre este artículo

PODEREDOMEX agradece cada una de las opiniones vertidas en este sitio. Gracias a la entusiasta participación de lectores como usted que hace valer su voz este portal informativo tiene un valor preponderante. Estamos seguros que el Internet es una herramienta formidable para ejercitar la libertad de expresión y servir como medio de legítima denuncia, crítica y opinión. Por el respeto a esta encomienda debemos informarle que PODEREDOMEX no se hace responsable de los comentarios expresados en el portal ya que son total y absoluta responsabilidad de quien los emite.

Nombre   Email  
Título
Opinion