TRAS LA SENDA DE ULISES

 

 Pedro Daniel García Muciño

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En un año, un nuevo amanecer electoral

lunes, 3 de julio de 2017
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Dentro de un año, las noticias en los medios masivos de comunicación, los trascendidos y columnas noticiosas, las publicaciones en redes sociales y los comentarios de voz en voz en trabajos, escuelas o casas serán los resultados de la elección federal celebrada el domingo 1 de julio; cita electoral donde los mexicanos en edad de ejercer el derecho al voto, elegiremos al nuevo Presidente de la República, se renovará el Congreso de la Unión tanto en la Cámara de Senadores como de Diputados, además de renovarse ocho gubernaturas estatales, la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, con su asamblea de representantes y nuevas alcaldías, así como un número importante de congresos locales y ayuntamientos, destacando desde luego como dato trascedente para nuestra entidad, la elección de la totalidad de la Legislatura del Estado de México, con su 75 diputados locales y los 125 ayuntamientos mexiquenses.

En suma, una jornada total donde estará en juego el destino de millones de mexicanos y el futuro de nuestro país en la esfera federal, local y municipal.

Destaco algunos datos que no deben perderse de vista, iniciando por uno tal vez menor, pero que materializa un deseo reiterado de acortar los tiempos entre elección e inicio de funciones, por lo que quien resulte electo como Presidente, será, de modo excepcional, titular del Ejecutivo Federal por un periodo menor de tiempo, ya que fruto de la última reforma electoral, quien se elija en 2018, concluirá en 2024 dos meses antes al 30 de noviembre de dicho año, concluyendo su mandato por única vez el último día de septiembre, para de este modo modificar la toma de posesión del 1 de diciembre al 1 de octubre, quedando de esta forma para los sexenios posteriores.

Igualmente el futuro Presidente, podrá optar, si lo desea y existen las condiciones políticas, a formar un gobierno de coalición, donde sume a diversas fuerzas políticas representadas en las cámaras, validando un programa común que se comprometan a respaldar, a la vez de compartir posiciones del gabinete; del mismo modo, por primera vez, el próximo Secretario de Relaciones Exteriores tendrá que ser ratificado por el Senado de la República así como el Secretario de Hacienda y Crédito Público, que deberá ser ratificado por la Cámara de Diputados.

Ambos avances igual presentes en la reforma de 2014, que apuestan por facilitar el ejercicio del poder y su relación con los órganos legislativos federales.

Frente a estos avances normativos, destacables por el impacto que pueden suponer para el funcionamiento de los entes públicos fundamentales, el próximo proceso electoral federal, tiene a un año de distancia, un trecho mayúsculo por recorrer, el cual no está exento de dudas, preocupaciones y dificultades, tantas y tan hondas que hacen pensar que de nuevo la elección de 2018, será una suerte de filtro o de aduana donde está en juego por una parte la estabilidad y credibilidad de las instituciones nacionales, comenzando por las electorales, asi como de los partidos políticos y sus liderazgos, en suma, toda la clase política nacional y local; y por la otra, se definirá el rumbo del país, con repercusiones de alto calado, en la vida cotidiana de las generaciones actuales y futuras, un auténtico parteaguas donde se pone en juego el proyecto, objetivo y destino que como nación los mexicanos deseamos hacia adelante.

No es menor, ni mucho menos ocioso, preguntarnos cuánto estamos preparados para tomar decisiones tan trascendentes, que a 365 días de distancia, aún tienen incógnitas por develar, iniciando por la definición de los contendientes principales, que salvo el aspirante que busca por tercera vez la presidencia, en el resto de formaciones políticas, aún reina la incertidumbre, caracterizada en el flanco de la derecha por la fuerte y evidente lucha interna, en la izquierda la cada vez más profunda división que no deja vislumbrar como afrontarán el reto electoral, y en el partido en el poder, por la disciplina tradicional y desgastada que aguarda los tiempos, con la instrucción de retomar el dicho de Reyes Heroles, queriendo construir primero un programa y después definir al hombre.

En medio, diversos actores claman por formar frentes opositores, que olvidando ideologías se sumen más que para presentar un proyecto común para ser competitivos y con mayor posibilidad de triunfo.

El panorama sin duda es incierto, por lo menos hasta el invierno de este 2017.

Sin duda el peso de la elección presidencial ocupará los reflectores centrales, pero no debe perderse de vista la definición de quienes compitan por un escaño en el Congreso de la Unión, ya que quienes resulten electos podrán, a partir de este periodo, reelegirse hasta por otro término igual en el caso de los senadores, y hasta tres períodos iguales en el de diputados, es decir, quien arribe a las próximas cámaras, podrá, si sus partidos y electores lo respaldan, ser protagonista en sus entidades o distritos durante los próximos doce años.

Un cambio abismal en la conformación de nuestros cuerpos legislativos, que haciendo eco de la exigencia de profesionalización y rendición de cuentas, tendrá en estos nuevos legisladores a pioneros, que deberán compartir su labor legislativa con cercanía, vinculación y resultados para los electores, ya que en ellos estará la oportunidad de continuar o no en su escaño.

Esta misma circunstancia, sólo que adelantada, tendrá lugar en el Estado de México, donde para la renovación de la Legislatura Local y los ayuntamientos, existe la posibilidad de que los actuales funcionarios puedan buscar la reelección consecutiva de sus encargos, un proceso debo referirlo, cargado de incógnitas, ya que aún no es claro cuánto tiempo previo deben separarse de sus encargos actuales para presentarse y estar en campaña, cómo funcionará en el caso de los cabildos cuando busquen ser nuevamente electos, incluyendo al presidente municipal y la planilla.

Temas que en breve se espera que la autoridad electoral clarifique, pero que sin duda transformarán los usos y formas en que la clase política mexiquense se ha regido, sin distinciones de partidos o regiones, particularmente en la manera de seleccionar candidatos, permitiendo según sus fines rotación, renovación y sustitución de actores, con las consecuencias que en cada caso se presenten.

Personalmente, estas elecciones locales son un reto que a nivel estatal, tendrán amplia repercusión para los mexiquenses, siendo un punto de inflexión para todas las fuerzas políticas, especialmente a la luz de los resultados de elección para gobernador, que si bien difícilmente pueden extrapolarse, y quien lo piense así evidencia desconocimiento de nuestra entidad, sí son por otro lado, una base que obliga a replantear estrategias, valorar ejercicios de gobiernos, entender coyunturas tras cada número, tanto positivo como negativo y lo más importante, hacer una autocrítica puntual, que dimensione a cada actor, donde ni las derrotas son absolutas, ni los triunfos “contundentes” pueden adjudicarse a un protagonista.

Elementos esenciales para decidir al interior de los partidos, y por supuesto, para ofertar a la ciudadanía candidaturas que atraigan, sean analizadas y prometan eficiencia y trabajo duro, en medio de la vorágine que seguramente aportará el proceso federal hacia los procesos locales.

En suma el escenario de 2018 desde la óptica del Estado de México, es muy parecido al año 2000 y 2006, donde en juego está la estabilidad, gobernabilidad y capacidad de acción del próximo gobierno estatal, dependiendo de los resultados obtenidos a nivel municipal con cada ayuntamiento y desde luego con la conformación política de la próxima legislatura.

Finalmente retomando lo que a estas alturas se prevé suceda tras el amanecer electoral de julio del 2018, no es temerario vaticinar un panorama de conflicto, con declaraciones contradictorias, autoproclamaciones de triunfo sin sustento, con voces que clamen recuentos y fraudes, con actores sobrepasado por su realidad, que desde hoy golpean a las autoridades electorales, y otros que buscando mesura desearán construir puentes de diálogo y entendimiento.

Veo una elección altamente competida donde la lucha, basada en las descalificaciones y diatribas, será superior a las ideas y proyectos, donde lo mediático y virtual superará a lo real y tangible, haciendo difícil distinguir entre lo verdadero y lo falso.

Además del desgaste, la división, los enconos y las luchas intestinas serán más evidentes, seguramente como en otras ocasiones llegando al seno mismo de las amistades y familias, haciendo de este proceso próximo, una elección reñida, estridente, carente de certezas y cuyos resultados no dejarán contentos a una amplia mayoría, lesionando una vez más nuestro frágil proceso democrático.

Ojalá algo de lo anterior resulte erróneo, porque de ser así, habría ganado entonces la madurez y la altura de miras sobre los intereses particulares o de grupo, sin embargo el escenario no es esperanzador, y solo nos queda, como es nuestro deber y obligación desde cada trinchera, participar, debatir, aportar y juzgar, para asumir la decisión individual frente a la urna con los mayores elementos, que redunden en un mejor porvenir para todos.

Entretanto entramos en las vísperas, atentos a lo que los meses que siguen nos deparen y tal vez, nos sorprendan.

 

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