TRAS LA SENDA DE ULISES

 

 Pedro Daniel García Muciño

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La coyuntura de las nuevas dictaduras

lunes, 10 de julio de 2017
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En los últimos meses el planeta experimentó un proceso gradual, pero sostenido, de convulsión política, que encontró como hitos el arribo a la presidencia norteamericana del magnate Donaldo Trump, el Brexit británico que le saco de la Unión Europea, y en su circunstancia, el arribo a la presidencia de Francia de un joven de centro prácticamente desconocido; hechos que por sus dimensiones y eco global, han sido analizados y comentados por semanas, dejando de lado aquellos sucesos que con tiempo de estar en marcha, han marcado el curso en distintos flancos del planeta, repercutiendo no sólo en el escenario internacional, sino en las sociedades que sufren esta mirada indiferente, que concentrada en las grandes notas, parece dar carta de naturalización a gobiernos y actores que están transformando, desafortunadamente para mal, la vida de millones de personas al compás de nuevas dictaduras, mismas que se benefician de la estridencia mediática de que gozan los “novedosos” gobiernos, pero que sin duda dan mucho de qué hablar en torno al impacto que ejercen o ejercerán en el mundo.

En esta sintonía, destaca por el absurdo desinterés en analizarle hacia su interior en las ultimas décadas, la situación de Rusia, la otrora potencia imperial y luego soviética, que tras el colapso socialista, afrontó un periodo de incertidumbre durante los años noventa del pasado siglo, donde los esfuerzos de liberación económica y política, sufrieron desde mal logrados golpes de Estado, hasta dirigentes que dieron nota por sus formas, como el célebre Boris Yeltsin, presidente de la nueva Federación Rusa, que con un perfil aperturista condujo la transición rusa post soviética, la cual lejos de propiciar un avance democrático interno, fue el preludio para el arribo del nuevo mandatario ruso, Vladímir Putin, quien desde el año 2000 ocupa de forma alternada, la presidencia de la federación (2000-2004; 2004-2008 y 2012-actual) y el cargo de primer ministro durante los años 2008 a 2012 en que ocupó la presidencia su aliado Dimitri Medvédev, quien ahora ejerce como primer ministro, en un juego legal, de enroque de cargos, pero que no oculta el deseo materializado de Putin por conservar el poder para sí, siendo hoy en día el dirigente ruso con más tiempo en el poder desde la caída de la URSS.

Adicionalmente a esta peculiar forma de sustituir dirigencias rusas, el fondo que estos enroques y cambios disfrazados oculta, es el retroceso o limitado avance de la democracia en esta parte del mundo, donde las formas soviéticas se han sustituido por las nuevas formas rusas, que recuperando algo de los ecos imperiales, hacen de su líder la conjunción de los antiguos zares y de los secretarios bolcheviques, sólo que cubierto con formas del siglo XXI, debajo de cuya máscara evidencian la falta de libertades sociales de toda índole, el interés por restaurar los antiguos polos entre occidente y oriente, el deseo de expansión y conquista territorial, como se materializó con la anexión de Crimera y la crisis de Ucrania, sin perder de vista su papel altamente controvertido en la llamada trama rusa, que tal parece, resultó ser el punto de quiebre para la llegada de Trump a la Casa Blanca.

Esta Rusia de Putin, será visitada por cientos de miles de personas y millones la verán a través de los medios de comunicación el año que viene por ser sede del Campeonato Mundial de Futbol, un espacio ideal para el nuevo caudillo ruso, que mostrará en un escenario perfecto, los alcances de su nueva Rusia, una nación de un sólo hombre, que gobierna con dureza y unilateralidad, prácticamente sin oposición, a un pueblo que deseoso de orden y “resultados”, otorgó prácticamente todo el poder a este redentor, que con la misma facilidad irrumpe en los procesos democráticos de otras naciones, encarcela disidentes, minorías y opositores sin pudor alguno, o hace cada vez más grande el desgarrador conflicto Sirio, sólo por asumir una postura bélica poderosa y contraria prácticamente a la del resto del mundo.

Poca luz se ve en el horizonte, salvo un papel ruso mayor, alienado de alguna forma con la megalómana visión del actual presidente de los Estados Unidos, lo que hace de esta pareja, aliados o no, un auténtico reto global, con impacto seguro para las próximas generaciones.

Si el drama ruso es digno de una obra clásica de intriga y poder, que da material a los guionistas de series televisivas y muchas veces las superan, en nuestro continente, los latinoamericanos no logramos desterrar a los gobiernos de opereta, que en forma de tragicomedia, rigen los destinos de parte de nuestra América Latina, haciendo gala de caudillismo, liderazgo y carisma (aunque cueste creerlo), uso de los medios masivos de comunicación de forma oficialista y constantes teorías conspiratorias, rematando con largas alocuciones, discursos incendiarios en el nombre de la justicia social, la igualdad y el rechazo a los contrarios a los que llaman “enemigos”, sin permitir espacios reales a la oposición o de justa y democrática competencia.

Todo lo antes descrito aplica como guión preciso al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, quien heredero del igual estrambótico caudillo Hugo Chávez, a quien por momentos parece sobrepasarle, al extender la persecución a la oposición, reprimiendo las marchas que llenan las calles, dictando cambios imprevistos en el orden legal, tal es el caso de la reciente pelea con la Fiscalía del Estado o su intento por modificar la composición del Congreso convocando a un nuevo Constituyente.

Además, como fiel seguidor de los dictadores latinos, culpa a los “agentes externos” de todos los males del país que gobierna, a las malas conciencias internas y claro a los enemigos que se inmiscuyen en la sociedad venezolana para agitarla, especialmente aquellos que no coinciden con su grupo en el poder.

Sería impreciso referir que la crisis de Venezuela, es sólo una crisis política institucional, porque con ello se olvida, como sucede desafortunadamente, de la profunda crisis social, económica e incluso alimentaria que los venezolanos sufren de manera ascendente en el último lustro, crisis que no solo ha dividido familias en bandos, sino que además ha destrozado la económica local, despilfarrando su potencial petrolero, debido a lo cual escenarios insospechados tienen lugar en Venezuela, como la pelea por insumos básicos para los ciudadanos, que obliga al racionamiento, el contrabando y el mercado negro o el desabasto de medicinas que ha obligado a los centros de salud especializados a dar el alta y devolver a los pacientes a sus familias a falta de poder brindarles un tratamiento oportuno.

La Venezuela de hoy está mas cerca de la Cuba del inicio de la dictadura castrista, que lo que la misma isla caribeña es en la actualidad, ejemplo de cómo el deseo por imponer por vía del mesianismo las soluciones a los pueblos, son un camino prácticamente seguro al advenimiento de dictaduras.

Este par de ejemplos, son sólo los más evidentes de las dictaduras en la actualidad en ambos hemisferios, existen a la vista otras, notoriamente en Medio Oriente, como en Siria cuya crisis humanitaria causa ya un número de desplazados que está cercano al de la Segunda Guerra Mundial; igualmente la “Primavera Árabe” se ha diluido en un extraño gobierno en Egipto, que bajo el control de los mandos militares, distan mucho de las exigencias de la juventud que hace tres años derrocó a Hosni Mubarak.

En otro flanco, en plena unión geográfica de oriente y occidente, una Turquía que hace poco aspiraba a unirse a la Unión Europea, por sus avances democráticos y hasta impulso al laicismo, hoy es dirigida por un gobierno híbrido, que con la misma fuerza se alía a fuerzas extremas, que incluso llegan a simular golpes de Estado, alejándose cada vez más de los estándares internacionales.

Frente a estos, y otros más, que por el orbe deambulan, es momento de estar alerta, para evitar el crecimiento de fuerzas, que aprovechando el genuino y justificado deseo de cambio, de enojo e indignación de la sociedades actuales y dada la carencia de resultados que sean palpables para las mayorías, ofrezcan salidas fáciles que encumbran a líderes mesiánicos que abofetean las instituciones democráticas en pos de retrocesos sociales, económicos, culturales y en materia de libertades, alimentando caudillismos, que usan la máscara de la defensa de los más vulnerables para lograr el arribo de los menos, dejando tras de sí, como los ejemplos precedentes, incertidumbres, que anidan inquietudes y son el caldo de cultivo para hacer de las sociedades espacios desiguales, deprimidos y con pocas expectativas de progreso en todos los aspectos.

Estemos atentos, que la excentricidades o dichos virales no nos aparten de entender lo que pasa en otras latitudes, que al final cuentan también nuestra historia, que es la historia del mundo, mirándolas a la luz de la realidad mexicana, para estar alerta y atentos para evitar que estos malos guiones, encuentren lugar en las líneas de nuestra historia local.

 

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