TRAS LA SENDA DE ULISES

 

 Pedro Daniel García Muciño

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Las secuelas del sismo

lunes, 18 de septiembre de 2017
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Contacto: @ PedroDanielGM

Casi a la media noche del pasado 7 de septiembre un movimiento telúrico , con epicentro en la costa de Chiapas, sacudió buena parte del territorio nacional, causando miedo , sorpresa y preocupación, a la par de inundar las redes sociales y canales de comunicación con imágenes y videos sobre el mismo, que en los primeros momentos mostró relativa benevolencia con la región central, especialmente en la Ciudad de México, hacia donde todas las miradas se dirigen dada la experiencia del 85 especialmente tras conocerse su magnitud, h istórica en todos los sentidos.

L a reflexión generalizada fue sobre los pocos daños que causó a la capital del país; y este entusiasmo sirvió de antesala a las terribles noticias que en poco tiempo circularon hacia el sureste del país, mismas que no eran tan halagüeñas, con reportes de daños mayores en esa región incluyendo una posible amenaza de tsunami.

El velo de la noche, dejó que el país durmiera unas horas , para des pertar con noticias de una serie de daños mayores en Chiapas y Oaxaca, que ameritaban una atención mayor por la magnitud de los estragos, especialmente en la región del Istmo de Tehuantepec, con la siempre conflictiva y peculiar Juc hitán a la cabeza del desastre, así como diversas zonas chiapanecas.

En pocas horas el recuento de victimas mortales comenzó a materializarse, para desafortunadamente ascender a mas de noventa, igualmente los estragos en viviendas, edificios públicos, templos e incluso espacios cu lturales y arqueológicos comenzaron a registrarse en grandes números, llegando a magnitud es que só lo estando cercanos pueden apreciarse en toda su impacto y gravedad , muy particularmente para la vida de las personas, de municipios, ciudades o regiones enteras.

Escribo estas líneas con una semana a cuestas participando en el esfuerzo emprendido por el Go bierno Federal, que en coordinación con el E stado y los municipios, desplazó a cientos de servidores públicos de todos los niveles a las zonas de desastre, para actuar reforzando la labor puntual y organizada de nuestras Fuerzas Armadas, que como siempre , son los primeros en socorrer y brindar apoyo ante catástrofe s como estas, ubicando daños mayores, revisando la infraestructura afectada , realizando censos vivienda por vivienda para determinar los daños totales o parciales, y en todos los casos, la viabilidad de que se encuentren en condiciones habitables o no. Un reto de organización , resistencia, sensibilidad y presencia que materializa la voluntad del Estado en atender esta emergencia, desde el acercamiento de alimentos, la instalación y operación de albergues, el restablecimiento de los servicios básicos como el agua potable, la luz eléctrica y las actividades escolares , facilit ar las comunicaciones y hacer en la medida de lo posible que los damnificados sepan que hay esperanza tras este daño.

Por otro lado, más allá de la obligación gubernamental , esta tragedia muestra, como siempre que sucede n , la solidaridad del pueblo mexicano, que s in mirar y si importar clases sociales, asume de inmediato una actitud de entrega sin reservas, donando en los centros de acopio y cuentas de instituciones públicas o privadas, aportando sin miramientos para auxiliar a quienes con menos fortuna están padeciendo en carne propia este duro golpe.

Nos ha mostrado de nueva cuenta que estos fenómenos hacen emerger con mucha frecuencia lo mejor y lo peor de las personas, por una parte, lo más sensible del espíritu humanitario, y por la otra entre las dolencias y carencias que como sociedad tenemos, afloran también intereses particulares, liderazgos oportunistas, descuido e incapacidad de algunas autoridades y claro, la ausencia total de grupos , como los maestros disidentes de Oaxaca, que primero se ocultan sin mostrar apoyo alguno a los damnificados y luego emergen declarando que no permitirán, ya no la reconstrucción, sino el simple diagnostico de los daños en las escuelas afectadas, mezquindad que evidencia, como aún en momentos como estos, los intereses encontrados y egoístas pueden superarse a sí mismos .

Consciente de la difícil tarea que tienen los habitantes y los gobiernos de estas comunidades en los meses futuros, dejo en este texto un un mensaje de aprecio a los oaxaqueños y chiapanecos, que perdieron seres queridos, hogares, tranquilidad y seguridad, trast ocando por entero su vida en lo que se levantan los primeros ladrillos de su nuevo hogar , hechos que no son fácil es tan sólo de imaginarlo , sin embargo es un reto que deberá ser como siempre que sucede, un momento de unidad y esfuerzo, que permita levantarse de nuevo, y de ser posible, rectificar errores, atender carencias y modificar conductas , prestando atenció n a temas vitales como el manteni miento preventivo, la renovación a tiempo de infraestructuras, la inversión mayor para propiciar el empleo y desarrollo que inevitablemente redunda en crecimiento y mejor calidad de vida, mucho más en una región cargada de riqueza cultural tangible e intangible que merece cuidado y protección.

 

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