Visión y Expresión

 

 Virginia García Arriaga

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Movilidad en la ciudad y educación vial

martes, 19 de septiembre de 2017
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La movilidad es una necesidad y un derecho de todos los vecinos, ya que contar con medios de transporte adecuados es parte de la calidad de vida, cualquiera sea el entorno donde habite cada uno.

El habitante de las zonas rurales tiene modalidades y necesidades de circulación diferentes de quienes radican en localidades medianas o grandes urbes, pero sus derechos son iguales y merecen la misma atención.

Posibilitar y garantizar un tránsito de calidad en condiciones de equidad es responsabilidad del Estado, quien tiene el deber de regular el ejercicio de estos derechos, pues tal es el origen y el sentido de las normas jurídicas sobre circulación, tránsito y transporte.

Sin embargo, en la actualidad, el trazado de las redes, el estado de las vías y la organización de los flujos de nuestro país resultan generalmente inadecuados a la cantidad y diversidad de traslados que demandan las actividades económicas y sociales.

He aquí un desafío abierto a los gobernantes. Lograr un sistema eficaz para las nuevas configuraciones urbanas, suburbanas y rurales requiere planificación permanente que maximice las posibilidades de cada medio, que logre un servicio eficaz para las necesidades de los transeúntes y que tenga flexibilidad para adaptarse a los cambios sociales y culturales que afectan la circulación.

El tránsito sólo se garantiza para todos con: • una infraestructura vial adecuada; • con una organización adecuada de los flujos de tránsito y • ofreciendo servicios de transporte públicos de calidad y a precios accesibles.

La acción del Estado debería también permitir que cada vecino saliera de su casa con la tranquilidad de saber que el riesgo de accidente es pequeño.

Como todo derecho, su regulación demarca responsabilidades: el derecho de cada ciudadano a transitar implica el deber del Estado de permitir, posibilitar y garantizar el pleno ejercicio de ese derecho y, a su vez, la responsabilidad de cada ciudadano es ejercer el derecho propio respetando el de los demás.

Del mismo modo, hay una responsabilidad de las empresas en los comportamientos que promueve la publicidad.

Mientras la circulación se complejiza, crece la preocupación por concientizar adecuadamente a la población acerca de los riesgos del tránsito, a través de los medios masivos de comunicación y de políticas especiales de diferentes reparticiones.

La escuela es una de las agencias socializadoras interpeladas.

El reclamo persistente de que las escuelas fomenten hábitos de circulación desde los primeros grados puede considerarse como una demanda social al sistema educativo, entre otras también muy significativas.

 

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