Visión y Expresión

 

 Virginia García Arriaga

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Educación vial escolar obligación y derechos

martes, 26 de septiembre de 2017
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Es necesario analizar también los riesgos concernidos en la respuesta tradicional de la escuela.

En parte, la educación vial comparte como creencia los mismos supuestos que denunciábamos en la demanda social: la eficacia ilimitada de la escuela y la responsabilidad excluyente de los conductores de vehículos.

A ellos se agregan otros elementos susceptibles de crítica específica:

• La educación vial tradicional desconoce a sus interlocutores, por lo que selecciona contenidos y utiliza estrategias de otros ámbitos: recurre a mensajes escuetos, lineales y crudos, diseñados para la atención del conductor de automóviles, que pueden ser adecuados para medios masivos, pero de ninguna manera corresponden al contexto de la escuela.

Enseña lo mismo del mismo modo a los estudiantes de zonas urbanas, rurales y suburbanas, como si no hubiera significativas diferencias en las experiencias de circulación y necesidades formativas de cada grupo.

• La educación vial tradicional se inscribe en una tradición moralizante, asumiendo como objetivo preponderante difundir las principales normas de tránsito y promover su respeto.

Así es como los paquetes didácticos y los materiales impresos especialmente para la educación vial abundan en réplicas de la señalización de tránsito, que es la expresión gráfica de la normativa vigente.

De este modo, se realiza una presentación ostensiva de las normas, mediante propuestas repetitivas y mecánicas que no permiten analizar si esas son las únicas o las mejores normas posibles o si hay otros factores que están presentes en el tránsito.

La educación vial tradicional, junto con las campañas masivas, contribuye a crear imágenes temerarias que desacreditan el uso del espacio público y convalidan la tendencia social de encerrarse en las casas o vincularse en los círculos homogéneos de la privacidad.

De este modo, se profundizan aún más las grietas en una sociedad que ve debilitarse sus lazos de solidaridad y mutuo compromiso.

Mientras la reflexión didáctica de las últimas décadas ha renovado el interés por el objeto de enseñanza y la particular relación de los sujetos de aprendizaje con ese objeto, lo que ha generado una red de didácticas específicas, la educación vial parece haberse mantenido al margen.

Es necesario, entonces, revisar sus propósitos y sus métodos desde las nuevas tendencias en la enseñanza acerca de la realidad social y de la formación ética, a fin de postular nuevos criterios que puedan fundamentar una educación del transeúnte, entendida como propuesta superadora del camino recorrido por la educación vial en nuestras escuelas.

En este sentido, es conveniente hablar de educación del transeúnte para poner en el centro al sujeto (en este caso, a los alumnos) y no a “las vías” o “los caminos”, que son elementos inertes.

La propuesta es formar al ciudadano que transita, cualquiera sea el medio o la forma que utilice para desplazarse.

No se trata de remedar la misma estrategia de otros ámbitos, sino de abordar las normas de tránsito en el marco de una reflexión sobre la articulación entre los problemas de circulación, las normas pensadas para resolverlos y el contexto geográfico específico.

De este modo, las normas adquieren sentido y pueden ser entendidas como una necesidad racional de la convivencia, en vez de abordarse como decisiones ajenas sin sustento alguno.

Este aspecto es fundamental a fin de inscribir la educación del transeúnte en la educación para la ciudadanía, pues uno de los propósitos centrales de la escuela es contribuir a la construcción de prácticas.

La circulación reúne derechos y responsabilidades de diferentes sectores, que se traducen en conflictos no siempre fáciles de resolver.

En un contexto de crisis de lo público, adquiere relevancia el aporte de la escuela al análisis de cuestiones vinculadas con el espacio público, con su uso y su regulación.

La escuela puede y debe preparar a los estudiantes para circular por la ciudad con conciencia de los derechos y responsabilidades que le competen a cada ciudadano; debe prepararlos para participar de los debates que se susciten acerca de las modalidades y las regulaciones de circulación; debe prepararlos para que asuman una actitud de participación crítica y creativa en la resolución de los conflictos que atañen al espacio público en sus aspectos territoriales.

 

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