TRAS LA SENDA DE ULISES

 

 Pedro Daniel García Muciño

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El sentido de la humanidad o la humanidad sin sentido

lunes, 2 de octubre de 2017
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Contacto: @PedroDanielGM

Después de los últimos acontecimientos, no sólo naturales, sino sociales, en que, luego del terremoto ocurrido el pasado 19 de septiembre sacudió a la ciudad de México y varios Estados de la República en lo profundo de sus cimientos y de su naturaleza humana, y dado que el periodismo es la cobertura informativa de lo excepcional, damos cuenta que los medios de comunicación se han centrado en dos aspectos de relevancia: la evidente y hasta cierto punto natural desconfianza de la ciudadanía en sus instituciones públicas , y segundo, la extraordinaria fuerza solidaria manifestada por los cientos de ciudadanos a lo largo y ancho de la República que se han unido para proveer de todo tipo de ayuda a sus hermanos que lo perdieron todo o casi todo tras el sismo.

En el primer caso, no es de extrañarse, puede decirse que ya se esperaba una reacción de señalamiento y enojo hacia las autoridades gubernamentales como sucede con casi todo lo que atañe a la convivencia y estado de bienestar social (o ausencia del mismo), hubo sensacionalismo y especulación, promovidos no sólo por la ignorancia sino en este caso, también por el dolor, ya que en cualquier caso, siempre es más sensible la pérdida cuando tiene rostro de niño.

La desconfianza hacia le gobierno entonces se justificó, ya que semejante dolor, sólo puede ser superado o aliviado por la esperanza de los llamados “casos milagro”, de los que, como ya conocemos la historia, no tuvimos muchos.

En el segundo caso, la insuperable reacción de los mexicanos, no horas, sino minutos después del sismo, que reveló la extraordinaria capacidad de organización, de convocatoria, de asistencia y desapego, de empatía y de voluntad por entregarse a otros, en tiempo, en dinero, en trabajo o en oración de todas creencias religiosas.

A pocos días aún del terremoto, la ocupación de los medios sobre este otro fenómeno social continúa ocupando sus líneas y páginas, como es mi caso, lo que denota primero, su trascendencia, y segundo, el extr añamiento de la mayoría, sobre la imagen tradicional que teníamos del mexicano promedio.

De cierto modo, la violencia que ha azotado a nuestro país, en la forma del crimen organizado, de corrupción y de la pobreza, avivaron de tal forma el miedo de los mexicanos que nos procuramos una burbuja, misma que nos permitió ocuparnos de lo nuestro sin importar demasiado el vecino, o nuestra calle, o la propia comunidad completa, una burbuja que nos suministró de suficiente insensibilidad con el mundo de otros, las ideas de otros o incluso, la dignidad de otros que vio pasar huracanes sin lograr remover nada más que los clics de las redes sociales.

Sin embargo, desde el 19 de septiembre, la burbuja se rompió, para quedar la humanidad del mexicano al descubierto, y eso está muy bien, ya que la dignidad y la justicia social se quedan en valores vacíos y aspiraciones si no se relacionan con la realidad y buscan cambiarla, ahora nos ha tocado la realidad y hemos reaccionado.

El problema ahora será abrigar esta humanidad descubierta para hacerla una forma de vida, una constante, una marca personal y comunitaria, un primer paso hacia la verdadera solidaridad que es la que se vive todo el tiempo, todos los días, ya que hay muestras de una satisfacción innecesaria, y casi de sorpresa, al ver que los mexicanos nos hemos solidarizado, como si lo normal fuera la hostilidad, como si los rescatados y recuperados no fueran nuestros hermanos, hijos, primas, novios, tíos, como si México no só lo fuera otro país sino otra cultura, totalmente ajena a la que nos conoce en el resto del mundo a través de los medios de comunicación, y como si el crimen, la violencia, el des gobierno, el tequila y Frida Kahlo fueran lo único que nos define ante el mundo.

Esta descripción sólo podrá confirmarla o negarla la misma ciudadanía que mostró su espíritu solidario el pasado 19 de septiembre, no tendrá nada que ver con el gobierno y tampoco con las noticias, en pocos meses sabremos si esta recién y brillante humanidad ha tomado cauce y solidez, o bien, si hemos visto el desborde de una humanidad perecedera, ficticia o sin sentido.

Habría que preguntarse qué es lo que queremos ahora: Un México reconocido en el espíritu solidario ante la crisis, o un M éxico reconocido por la continu a y permanente transformación de su ciudadan ía hacia el desarrollo y la paz.

 

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