Visión y Expresión

 

 Virginia García Arriaga

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Los límites de la propiedad privada en interés privado

martes, 3 de octubre de 2017
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PARTE I

Los límites de la propiedad es un tema extensamente tratado por jurisprudencia, tanto judicial como doctrinariamente, desde la perspectiva de su función social.

Al efecto, el devenir histórico de nuestro país obligó a un detallado examen de la cuestión durante todo el siglo XX, en que el concepto de dominio pasó por un severo análisis desde el punto de vista de su función, de su protección y, en último término, de su conveniencia ética y política, dada la tradicional y desigual distribución de la riqueza en México y la fuerza de los movimientos sociales y políticos que fijaron como objetivo fundamental su redistribución.

Los resultados de este proceso, que pasaron por la violencia como último argumento, fueron más bien magros desde el punto de vista del Derecho, toda vez que el contenido de la propiedad se exacerbó hasta ámbitos que difícilmente le son propios con la propietarización de todos los derechos, y la creación de contradicciones internas en nuestro sistema de bienes que jamás han sido zanjadas debidamente.

Tal vez por esto mismo, nuestro objetivo se aleja del tratamiento de los límites de la propiedad desde el punto de vista del interés público, una materia que tiene un fuerte componente de carácter meta-jurídico, pleno de problemas políticos y económicos, para centrarse en los límites que debe observar el derecho de propiedad desde el punto de vista del interés privado, una materia prácticamente abandonada por nuestra doctrina y que, sin embargo, resulta de fundamental importancia atendido el estado de desarrollo de nuestro sistema jurídico y social.

Un sujeto es libre de realizar los actos que desee sobre su bien, pero su actuar se encuentra restringido a dicha entidad sin que pueda ejecutar su voluntad más allá de los límites de la misma.

Sin embargo, del ejercicio de actos en lo propio, es decir, dentro de los confines del bien, pueden derivarse consecuencias que se extiendan fuera de los confines de la cosa en cuestión, es decir, emisiones.

Cuando estas emisiones penetran en la esfera de un bien ajeno podemos hablar de inmisiones, las cuales pueden llegar a tener tal entidad que, de facto, impidan el ejercicio de algunos o incluso de todos los actos posesorios que un propietario pretenda realizar en su bien.

A fin de clarificar la cuestión, pongamos como ejemplo el acto de leer un libro . Del mismo no se genera emisión alguna, de manera que su ejercicio no puede ser cuestionado.

Sin embargo, supongamos que en lugar de leer un libro, el acto posesorio de uso ejecutado sea tocar la batería.

Este acto sí tiene emisiones sonoras evidentes, aunque puede que su casa esté aislada en el campo y, por lo tanto, de dichas emisiones no se derive inmisión alguna.

Ahora bien, vive en un edificio de departamentos, muy probablemente las emisiones derivadas de su actividad penetren en el inmueble vecino y si, además, son las cuatro de la mañana, lo más seguro es que su vecino no pueda realizar un acto de uso en su casa, el dormir.

Si lo que sucede es que ha decidido dar un nuevo uso comercial a su vivienda, digamos establecer un club de jazz, es muy posible que el uso habitacional que su vecino pretende dar a su propia vivienda se vea frustrado.

Ahora supongamos que el acto realizado en lo propio sea la refinación de petróleo.

De esta actividad, en general, se derivan emisiones que fácilmente se convierten en inmisiones.

Estas pueden ser de tal naturaleza que perjudiquen los predios vecinos hasta envenenar la tierra y, por tanto, los hagan inútiles para cualquier actividad productiva, como de hecho ha sucedido en nuestro país.

Muchas de estas actividades requieren autorizaciones administrativas, pero éstas no son patentes para perjudicar libremente al vecino y, por lo demás, estas regulan las relaciones entre un particular y el Estado, mas no las relaciones entre particulares, como en el caso.

El problema de los límites del dominio en interés privado suele terminar por reducirse a las relaciones de vecindad

 

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