Visión y Expresión

 

 Virginia García Arriaga

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Espacios Domésticos

Parte II
martes, 19 de diciembre de 2017
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Otra modalidad de vecindades es aquella construida ex profeso para dar alojamiento a los grupos de población pobre.

En este caso, la vecindad se conforma por una hilera de cuartos de reducidas dimensiones conectados a un patio central en donde se localiza la toma de agua, los baños y lavaderos comunes.

Finalmente, podríamos identificar otro tipo de vecindades: aquellas en las que las familias, a través de la autoconstrucción con materiales precarios, van edificando viviendas de un cuarto, muchas veces distribuidas sin orden aparente, pero que conservan el concepto espacial del patio común a partir del cual se accede a las viviendas.

Es importante resaltar que en la historia habitacional de México ha habido una diversidad de tipologías de vecindades y en ellas podemos identificar elementos comunes que las caracterizan.

Entre ellos destaca el que la vivienda, como tal, se conforma por uno (y a veces dos) cuartos en donde se lleva a cabo las diferentes actividades domésticas de las familias (comer, descansar, vestirse, asearse, preparar alimentos, etcétera).

Otra característica es la ausencia de servicios o el uso compartido de éstos; y finalmente, una particularidad fundamental es la presencia de un patio común, en el que se localizan los lavaderos y en algunos casos las tomas de agua y los sanitarios.

Estas características le imprimen cierta peculiaridad a la forma de vida que se da en la vecindad y a las relaciones que sus habitantes establecen entre sí.

Según algunas estimaciones, en la Ciudad de México a finales de los años noventa había alrededor de 60 mil vecindades, a pesar de que desde la década de los cuarenta, las vecindades dejaron de construirse ante la promulgación de la denominada Ley de Congelamiento de Rentas que inhibió en general, la producción de vivienda en alquiler.

Esta ley impactó en forma importante a las vecindades, ya que los dueños de estos inmuebles dejaron de invertir en su mantenimiento, ocasionando con ello su deterioro progresivo.

Así, a las condiciones precarias y de habitabilidad de las vecindades se unió su decadencia progresiva y con ello la inseguridad de sus construcciones.

Cada día existen menos vecindades en la Ciudad de México, como consecuencia del derrumbe de que han sido objeto ante los embates del deterioro y de fuerzas naturales como lluvias o sismos, o por su sustitución por vivienda de interés social dentro de programas específicos que el gobierno mexicano ha implementado, sin embargo, continúan siendo un referente del modo de vida urbano de estos grupos de población.

Es así como los espacios domésticos han sufrido infinidad de modificaciones a lo largo del tiempo.

Con la llegada del siglo XX, se inicia un paulatino proceso de diferenciación entre lo público y lo privado y con ello un importante y generalizado cambio en la organización de la vida cotidiana de la población.

Un elemento que se relaciona con esta diferenciación de ámbitos fue la salida del trabajo de la esfera doméstica.

No sólo se trató de una diferenciación de lugares, sino de un cambio en las normas de uso y comportamiento de estos ámbitos.

Así, la vivienda se va a constituir en el espacio privado, en el espacio de la familia y lo que ocurre en el universo doméstico va a pertenecer estrictamente a la vida íntima: a la vida privada.

Con la posguerra se establece lo que se denomina la modernización del hábitat doméstico que consistió en el planteamiento de criterios de diseño que enmarcan una forma de vida en la que los valores centrales son la salud, el confort y la estética, y que se traducen en un diseño habitacional que contempla tres componentes centrales: los servicios que permiten el desarrollo de la vida doméstica al interior de la vivienda, al contar ésta no sólo con electricidad, agua y combustible, sino también con equipamiento de baño y cocina; la diferenciación de espacios para las diferentes actividades cotidianas; y finalmente como consecuencia de la diferenciación de espacios, la separación entre áreas consideradas públicas (estancia, cocina, comedor) y privadas (alcobas y baño), además de la diferenciación de alcobas en función de los roles familiares (padres e hijos) y del sexo entre hijos.Esta concepción habitacional que convierte a la vivienda moderna en el eje ordenador de la vida doméstica, va a requerir de una reorganización familiar, además de facilitar la segregación, el aislamiento y la racionalización del trabajo doméstico.

Principalmente, esta nueva concepción de vivienda establece y justifica la asignación de las tareas doméstico-familiares a la mujer, convirtiéndola en la persona responsable no sólo del cuidado de la familia, sino también de los "nuevos" espacios configurados para tal fin.

 

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