EL RINCÓN DE DAVID

 

David Martín del Campo

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LA ESTRELLA DEL HUACHICOL

martes, 19 de diciembre de 2017
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Venid pastores, venid. Adoremos al que ha nacido al romper el nuevo día en este pesebre donde pacen las vacas lo mismo que los corderos.

El Ángel que ilumina la noche desciende entonces de aquel establo, no muy lejos del Valle de Chalco, donde se confunden los inocentes óbolos que han llevado los ovejeros con los festones electorales que van de azotea en azotea.

Pañalitos, biberones, “Vota por el que ya sabes”.

–Mirad, dichosos hombres de bien –exclama entonces el Ángel–; allá en Oriente, vienen tres nobles emisarios.

Y los ejidatarios allí reunidos, ¡Ohhh!, se admiran por la proximidad de aquellos singulares heraldos.

–Miren… no vienen en una Extrail 4x4, sino montados en esas bestias escapadas del circo.

En efecto, son las altezas que vienen de aquellas bandería en conflicto. El monarca Ricardo Anaya, que desciende del camello; José Antonio, del elefante; Andrés Manuel, del borrico.

Han llegado para obsequiar al Santo Niño con sus originales aguinaldos: Anaya le ha traído una guitarra eléctrica y le toca el rap del “Rebelde sin causa”.

Pepetoño le ha llevado una lindísima Reforma Hacendaria que ya, algún día, sabrá manipular.

El soberano Andrés Manuel le ha traído una tarjeta del INSEN que garantiza pagos mensuales de 900 pesos.

Los paisanos ahí reunidos se admiran y les escuchan:

–En vez de Mirra –dice el Rey de Querétaro–, te he traído esta guitarra para que en su momento sepas derivar tus inquietudes hacia formas de protesta ceñidas por la furia decente de los hombres de bien.

–Yo, Santo Niño –le advierte el Midas del ITAM– te obsequio la Reformita Hacendaria, en vez de Incienso, para que desde ya aprendas a desglosar tus ingresos y subvenciones, y que las aportaciones al SAT no queden, nunca jamás, incólumes.

–Pues la tarjeta que te entrego, Jesusito amado, es en lugar del Oro que sólo manejan los de la Mafia en el Poder –le musita el Emisario de la Chontalpa–, de modo que cuando tengas mi edad, o antes, ya tengas el futuro asegurado a cuenta de los incautos contribuyentes.

En eso el Ángel del Pesebre agita las alas y advierte en la distancia:

–Pero, miren, ¡viene aquel Demonio en una camioneta!

En efecto, aventando polvo y a toda velocidad, llega el Diantre del Triángulo Rojo, que enseguida reclama:

–A ver, rapidito, se me van todos pero que si ya a la tiznada. Este es territorio del huachicol, y aquí ningún pesebrito ni nacimiento populista me va a fastidiar el negocio.

–¿El huachi… qué? –pregunta el Santo José, que nunca se entera de nada.

–¡Pero que si ya! –insiste el recién llegado, sacando un cuerno de chivo de debajo del asiento–.

Se me van, ahorita mismo, ¿qué no ven que están parados sobre un ducto de Pemex? Y como el petróleo es del pueblo…

–Pero nunca… –alcanza a musitar el juvenil Ricardo Anaya.

–Según la norma… –infiere el sonriente José Antonio.

–Ya van a empezar con su complot… –protesta Andrés Manuel.

El Diablo Huchicolero los ignora, tumba un barreño y allí mismo comienza a cavar.

No tarda mucho hasta dar con el ducto de gasolina que corre hasta la refinería de Tula.

–¿Ya ven? –se mofa el muy díscolo, y clava ahí el zapapico.

El chorro de combustible salta como fuente en mitad de la noche. El Diantre aprovecha para colocar una manguera y comienza a llenar los bidones que lleva en la camioneta.

–Que Ley de Seguridad ni que la tiznada… A ver, échenme a todos los sargentitos y coroneles de la nueva leyecita.

Todos, menos el Diablo mismo, permanecen en el pasmo. ¿Cómo seguir con las campañas? ¿Saldrá todo eso en el Twitter? ¿Cómo se afectarán las encuestas?

El Diablo Huachicolero, mientras tanto, ha concluido su labor. Tapona el boquete con un trapo y monta en su camioneta para huir a todo motor con sus toneles plastificados.

¿Qué son 22 mil litros menos para las finanzas de Odebrecht… (perdón), de Pemex?

El Ángel del Pesebre, en un arranque de revancha, agita su varita de salvación, y como está hecha en China… se le cae la estrella refulgente que toca el carro en fuga.

Aquello explota como en Siria.

Lumbre, gritos, el pesebre incendiándose. El país en llamas y los tres Príncipes de Oriente que al unísono reclaman:

–¡Los bomberos!

TELÓN

 

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