Tianguis global

Rodrigo Sánchez Arce

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Tianguis global Un faraón en Toluca (y algo sobre decoración navideña)

jueves, 4 de enero de 2018
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La fascinación que suscita el antiguo Egipto no es nueva. Se origina en las campañas militares que en 1799 llevó a cabo Napoleón Bonaparte en el país del Nilo, cuando los franceses "descubrieron" (eufemismo por no decir que se "robaron") la "Piedra de Rosetta", estela que contiene una inscripción del tiempo del faraón Ptolomeo V (196 a.C.) y que luego fue descifrada por Champollion, un científico también francés.

¿Por qué tanto interés por esta civilización? Tal vez la respuesta esté en el misterio y el misticismo que le atribuimos, sin duda alimentado por nuestro propio desconocimiento del tema, por la literatura y por no pocas películas y refritos de Hollywood.

El caso es que la fascinación con lo egipcio está presente aun en nuestro país.

Una exposición temporal del año 2005 en el Museo Nacional de Antropología así lo demuestra: Faraón: el culto al Sol en el antiguo Egipto, la cual inauguró la era de la masificación museística al ser visitada por unos 600 mil mexicanos, siendo la exposición más concurrida y exitosa hasta ese momento.

La muestra contó con 150 piezas originales pertenecientes (otro expolio) a los Museos Egipcio de Berlín y Estatal de Arte Egipcio de Munich, Alemania.

Una década después, la asociación History Time ha venido a México con otra exposición: Tutankamón: la tumba, el oro y la maldición, con la curaduría del historiador italiano Giacomo Cantini, que presenta unas 200 reproducciones de piezas provenientes de la tumba de este faraón que gobernó en el siglo XIV a.C., elaboradas por escultores de la Toscana italiana luego que el gobierno egipcio cerró la tumba y prohibió la exhibición de las originales fuera del Museo de El Cairo; también exhibe unas cuántas figuras originales, pequeñas, tal vez las únicas que pudieron salir o ser adquiridas por la asociación.

La muestra ya se ha presentado en Monterrey, Querétaro y Puebla con bastante éxito (con asistencia de 80 mil a 200 mil personas), y desde hace algunos meses en el Museo de Bellas Artes en Toluca, también con gran asistencia.

En las salas se puede aprender más sobre la historia del país del Nilo a través de esculturas, maquetas, dioramas, lienzos, documentos y explicaciones que reflejan el esplendor del Egipto antiguo, la religión y sus divinidades, los ritos y prácticas fúnebres, las técnicas de embalsamamiento y momificación de cuerpos, la función de los faraones, la vida de Tutankamón y la historia de las excavaciones de Howard Carter, el descubridor/expoliador de la tumba en 1922.

Las joyas de la muestra son, por supuesto, las réplicas doradas de los sarcófagos, máscaras fúnebres, el arca, el trono y la momia del faraón Tut.

Se puede conocer también la supuesta maldición por la que, quien se atreviera a profanar la tumba, habría de morir irremediablemente.

Pero me resulto más interesante conocer al Tutankamón real a través de su descripción física: a su muerte a los 19 años medía 1.63 metros, "tenía dientes de conejo, caderas anchas, una severa cojera y un pie zambo (defecto de nacimiento que provoca que las extremidades inferiores estén torcidas o invertidas hacia dentro)", por lo que tuvo que usar bastones (se encontraron 130 de ellos en su tumba).

Por último debo decir que la curaduría no me gustó. A veces es confusa pues no se liga claramente con las piezas y otras es cansada pues está llena de explicaciones que se podrían abreviar en pocos párrafos, por lo que el visitante se enfrenta al dilema de poner atención a la lectura o a las piezas.

Todas las salas que albergan la muestra proyectan videos con explicaciones, el problema es que ésta que puede ser buena idea con menos monitores, no resulta tan buena ya que, además de competir con la lectura o las piezas, el volumen de los videos se puede escuchar de una sala a otra y distrae la atención.

Por lo demás, me parece que Tutankamón es una excelente iniciativa para que los toluqueños puedan apreciar en todo su esplendor piezas del antiguo Egipto que difícilmente conocerían de otra manera, no sólo por su lejanía sino por su acceso restringido; además de que pueden adquirir un recuerdo en la tienda puesta ex profeso al finalizar la exposición.

Me parece que ha sido un acierto del gobierno estatal traer esta exposición que, además, por su éxito, prolongó su estadía del mes de septiembre pasado al 7 de enero de este año nuevo.

La decoración navideña

Comparada con otras capitales y grandes ciudades del país como Guanajuato, Puebla, Querétaro, Oaxaca o Morelia (por no hablar de la Ciudad de México), la verdad es que la decoración navideña en Toluca, en general, es mala.

Me podrían decir que no debo comparar pues aquellas son ciudades coloniales cuyos centros históricos están mejor preservados, y yo estaría de acuerdo, pero respondería que precisamente por eso, porque Toluca no es ciudad colonial (sólo se conservan los Tempos del Carmen, la Merced y la mal llamada Capilla Exenta) y porque la Toluca decimonónica desaparece a pasos acelerados, debería colocarse una mejor decoración y sobre todo iluminación para hacerla una capital atractiva con lo que queda, especialmente los Portales y calles aledañas, los edificios de los Poderes y la plaza González Arratia.

Ahora bien, hay cosas buenas. En otros años la González Arratia ha tenido una hermosa iluminación.

Fue una excelente idea poner una villa navideña y pistas de hielo en la Plaza de los Mártires, emulando a las instaladas en la CdMx (aunque no le gusten a la cronista Ángeles González Gamio), a las cuales se agregan este año las letras gigantes metálicas "Estado de México" para que la gente se tome selfies.

O la iniciativa del DIFEM al exponer sobre el corredor del Paseo Colón esferas navideñas hechas por los abuelitos de las Casas de Día de la entidad, emulando las exposiciones de los corredores del Paseo de la Reforma en CdMx y que ojalá se convierta en otra bonita tradición.

Pero el cable se rompe por la parte más delgada: la iluminación. Los tolucos nos hemos tenido que acostumbrar a esos focos raros sobre Paseo Colón (en el tramo de la Casa Estado de México) que parecen banderines; a las figuras elípticas que cuelgan de las esquinas de los Portales y del Palacio de Gobierno y que en redes sociales los malosos llaman "ojos de Sauron" (en referencia al ojo maligno que todos temen en la trilogía de "El Señor de los Anillos"); o a los ocasionales tendederos en los Portales que parecen tener esferas.

Pero lo que incendió las redes fueron las letras gigantes "TOLUCA" puestas por el Ayuntamiento, unas estructuras hechas de tubos de metal recubiertas con luces y escarchas rojas.

La verdad es que las letras no están mal y la gente se toma selfies con gusto, pero creo que hubieran funcionado mejor en la década de los 80 cuando la escarcha hacía las delicias de quienes entonces éramos niños y con las que decorábamos nuestros árboles navideños (yo tenía un árbol del mismo material, que hoy se consideraría feísimo, pero a mí me encantaba), más porque ahora los tolucos conocen aquellas letras gigantes de metal u otros materiales, que reflejan la luz y no se descomponen (dos veces pasé frente a las letras de Toluca: en la primera ya sólo prendía la mitad de la "U" y en la segunda estaban arreglando la "T") y que ya se encuentran no sólo en las grandes ciudades sino hasta en los pueblos más pequeños.

Ya por último, mi madre diría que lo importante no son los adornos sino la convivencia entre las personas y las familias, y yo estaría de acuerdo pero, haciendo caso omiso del comentario materno, sí creo que Toluca merece una decoración e iluminación navideñas de primer y no de tercer mundo.

 

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Perfil del Autor

Investigador de la Paz y no Violencia con énfasis en las diversas manifestaciones  artísticas y culturales.
Apuntes sobre Cultura y Artes de un no experto.