Visión y Expresión

 

 Virginia García Arriaga

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Formas familiares y procesos migratorios

martes, 9 de enero de 2018
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Los movimientos migratorios, presentes desde el origen de la especie humana, constituyen uno de los aspectos que causa mayor debate social, lo cual muestra la trascendencia de la inmigración en la configuración de nuestra sociedad.

Uno de los rasgos distintivos de la sociedad globalizada es precisamente el aumento de la movilidad humana, tanto en las élites socioeconómicas (es frecuente que grandes ejecutivos, investigadores de prestigio, directores de empresa, procedan de países diferentes al lugar de acogida) como en las clases más desfavorecidas, si bien es este segundo tipo de movilidad el que parece preocupar enormemente a nuestros gobiernos.

En este contexto histórico, México ha pasado de ser un país de emigrantes a país de acogida de inmigrantes .

El último censo de población realizado en 2001 confirma esta tendencia; entre 1991 y 2001 la población extranjera se ha multiplicado por cuatro (del 1% en 1999 a 4% en 2001).

Presuponemos que el incremento es aún mayor, puesto que esta estadística no considera la población extranjera asentada en nuestro país que no posee documentos legales de residencia.

En relación con la estructura familiar, los procesos migratorios actuales han transformado las formas familiares y han propiciado el surgimiento de nuevas estructuras.

La influencia de los procesos migratorios en las tipologías familiares se refleja en la existencia de divergencias entre la estructura de los hogares con población española y extranjera.

En este sentido, los datos del censo elaborado por el INE en el 2001 arrojan resultados sugestivos.

En primer lugar, se observa que los hogares formados por parejas con o sin hijos también constituyen el tipo de familia más frecuente en población migrante (el 40% de las parejas está formada por, al menos, una persona extranjera).

Además, resulta relevante señalar que en el 38% de los matrimonios celebrados está formado al menos por una persona extranjera.

Este dato señala la homogeneidad de los matrimonios mexicanos y la creciente diversidad de los matrimonios entre extranjeros.

En segundo lugar, se observa que los hogares sin núcleo y los unipersonales son los más representativos en el grupo de población extranjera, constituyendo el 19% del total de hogares.

En particular, cabe señalar que el 35% de la población extranjera forma hogares unipersonales y que casi el 8% de los hogares mexicanos son hogares sin núcleo que no forman una familia donde hay al menos una persona extranjera, mientras que este porcentaje disminuye al 1% en el caso de población totalmente mexicana.

La estructura de las familias formadas por la población inmigrante nos ofrece una información valiosa sobre las redes de apoyo que sostienen a este colectivo, que normalmente presenta serias dificultades en la sociedad de acogida.

De hecho, este tipo de formas familiares (personas casadas que viven en el país de acogida sin su familia) han sido calificadas como indicadores de desestructuración familiar Las unidades familiares formadas por personas migrantes suelen padecer una situación de desigualdad social a lo cual se suma la carencia de recursos y de redes sociales de apoyo.

Estas múltiples fuentes de estrés agotan la capacidad de la familia, bajo sus múltiples formas y tanto en el país de origen como el de destino, para responder adecuadamente a sus problemas, afectan a la función de socialización y generan historias de exclusión.

En el análisis de la composición de las personas casadas que viven sin familia observamos dos patrones claramente diferenciados que relacionan el género con el país de origen: el porcentaje de varones casados que viven en México sin familia alcanza un mayor porcentaje entre las personas que provienen de África (31,3%), mientras que las mujeres casadas y sin familia proceden en su gran mayoría de países de Centroamérica y Sudamérica (3,4%) (INE, 2007).

Esta asimetría en la composición de los hogares mexicanos, pese a que la mayoría de personas migrantes en nuestro país son hombres, refleja también claras diferencias en la reestructuración de la unidad familiar del país de origen.

El número creciente de hogares sin familia en el país de acogida formado por personas que siguen manteniendo los lazos familiares en el país de origen, constituye un nuevo tipo de estructura o tipo familiar que nace como consecuencia de los procesos migratorios propios de la sociedad globalizada: la familia transnacional.

 

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