Horrores Educativos

 

 

David Díaz 

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Triste realidad

jueves, 11 de enero de 2018
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Construir una vida conlleva muchas responsabilidades; no se trata solamente de hacer las cosas, sino de hacerlas lo mejor posible.

Desde pequeños, con lo que en casa se nos inculca, vamos formando un criterio y una forma de ser; es muy probable que de alguna manera estemos permeando lo que nos rodea, por lo que la convivencia en los distintos espacios es una buena forma de integrar nuevos paradigmas a lo que aprendimos en el seno familiar y, con ello, esbozar una personalidad propia.

La forma de vivir se ha transformado sustancialmente en los últimos 50 años, y la tecnología ha modificado, no solo los métodos para realizar muchas actividades, sino también la forma en que convivimos.

Se ha perdido el roce social y se ha canjeado por experiencias virtuales; hemos dejado de platicar con los familiares y amigos para utilizar recursos como el Facebook o el WhatsApp.

Se pasó de la epístola al correo electrónico, y del café al cyber café.

En todo esto que parece muy positivo, hemos dejado de SER, para HACER; y los estereotipos acaban por dictar tendencias tan equivocadas que, sin darnos cuenta, nos roban la identidad, la personalidad, nuestra esencia.

Las generaciones que nos antecedieron, encontraban en la comida un espacio común para platicar y ponernos al tanto de las vicisitudes de cada miembro de la familia; hoy día, entre el trajín, las diferencias de horario y los celulares, eso ha desaparecido.

También hemos perdido la capacidad de sorpresa; los niños y jóvenes están tan expuestos en sus tabletas, computadoras o teléfonos a tanto video “viral” (muchos de ellos con grados de violencia muy altos), que cuando enfrentan una situación trágica simplemente la obvian o la toman con una tranquilidad que espanta.

Y así, el mundo se hace cómplice de estos destinos, aplaudiéndolos más que cuestionándolos.

La insensibilidad de muchas personas raya en el exceso, en muchas familias encontramos hijos que, sin importar el esfuerzo que hayan hecho sus padres, con el paso del tiempo los olvidan, los abandonan y en casos extremos (muchos desafortunadamente) les encajan el diente y les sangran la economía.

¿En dónde está el error?, muchos dirán que el Gobierno, que el sistema, que las condiciones sociales o económicas, en fin, siempre se buscará un culpable.

Si somos honestos, el culpable lo encontramos todos los días en el espejo; porque es muy simple culpar al de enfrente y no asumir las responsabilidades que cada uno de nosotros tenemos.

Es momento de asumir las consecuencias de las decisiones que tomamos; es el primer paso para intentar revertir esta triste realidad.

¿Queremos hacerlo de verdad?

 

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