Tianguis global

Rodrigo Sánchez Arce

+38
Votos
Nota Aburrida
Nota Interesante
La Candelaria: estertores navideños y ciclo agrícola

Imagen Siguiente
jueves, 1 de febrero de 2018
Comparte esto en Facebook
Comparte esto en Twitter
Comparte esto en Digg
Enlarge Font
Decrease Font
Inicia febrero y aún se puede ver en algunas casas la decoración navideña, no los "Santacloses" y los "Merrycrismas", pero si el árbol con sus esferas y luces y, sobre todo, los nacimientos.

Sí, aún en las primeras horas de febrero se pueden sentir los estertores de la Navidad pasada (de manera extraordinaria, una vez los sentí a mitad de año: hace mucho tiempo tuve un vecino al que conocíamos como "borrego loco", borrego por su cabello ensortijado y loco porque tenía algún trastorno mental, tanto que en el mes de mayo su arbolito aún resplandecía como si fuera diciembre).

Ciertamente son contadas las familias que guardan celosamente las tradiciones cristianas y que quitan la decoración hasta el 2 de febrero, cuarenta días después de Navidad.

El cuarenta es número recurrente en el Cristianismo y en la Biblia (cuarenta años pasó el pueblo judío en el desierto; en el Diluvio llovió cuarenta días y sus noches; Cristo pasó cuarenta días meditando en el desierto; la Cuaresma es un periodo de reflexión de cuarenta días).

A inicios del siglo XX aún era común que la gente extendiera la Navidad hasta la festividad de la Purificación de la Santísima Virgen y la Presentación del Niño en el Templo, mejor conocida como Día de la Candelaria.

Ahora ese sentido religioso se ha perdido casi por completo y la Candelaria es el día en que todos comemos tamales porque así lo dicta la tradición, tamales que pagan aquellos a los que les salió el "niño" en la rosca de Reyes partida el 6 de enero (incluso pudo ser antes o después) y todos los comemos aunque no hayamos sacado niño ni partido la rosca.

Tal vez es esa pérdida de religiosidad la que nos hace quitar pronto la Navidad (para el 6 de enero ya ha cumplido su función), pero lo cierto es que dejarla más tiempo podría sumirnos en severa depresión pues a cada rato nos recordaría que aún falta un año para iniciar otro maratón Guadalupe-Reyes, tener fiestas un día si y otro también, abrir regalos, demostrar amor sincero e hipócrita, tener aguinaldo y vacaciones y hacer todas aquellas cosas que nos hacen soportar el tiempo sin la Navidad.

Hablando de la Candelaria, las mejores fiestas para festejar a esta Virgen son las de Tlacotalpan, pueblito mágico y coloreado en la rivera del Papaloapan en Veracruz, declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, en el que uno se pierde como en un cuento de fantasía dentro de una paleta infinita de colores pues a una casa rosa le sigue una azul, luego una verde, otra roja, una café, otra blanca y una amarilla... Y así hasta donde alcance la vista.

A la Virgen se les festeja con misas y rezos en la Capilla colonial de Nuestra Señora de la Candelaria; con huapangos, sones y zapateados en las Plazas Doña Martha y Zaragoza; con recorridos en barca por el Papaloapan y en bicicletas y carritos de pedales por las pintorescas calles; y por supuesto con comida y la tradicional bebida del pueblo: los "toritos" (hechos con alcohol de caña, jarabes de sabores, unos de agua y otros de leche, y hielos).

En Tlacotalpan he tenido uno de los momentos más felices de mi vida en una cantina, una tarde noche acompañado de mi novia (ahora mi esposa), tomando toritos, echando monedas en la rockola para escuchar canciones de Agustín Lara cantadas por la Sonora Santanera.

Pero lo mejor fue la espontaneidad del ambiente creada cuando los viejitos tlacotalpenses que estaban presentes comenzaron a darle recio a la cantada con "Solamente una vez".

(Por cierto, en abril de 2016 por un asunto laboral visité la comunidad mazahua de Boshesdá, en Temascalcingo.

De pura casualidad entré al cementerio y, ¡oh sopresa! Se me figuró a Tlacotalpan, un cuento de fantasía dentro de una paleta infinita de colores, pero en esta ocasión las casas son las tumbas de los muertos.

Por supuesto no había fiestas de Candelaria, Río Papaloapan, música jarocha, versos de Lara o pescado asado.

Pero ni falta que hicieron. Cuando me muera así va a ser mi tumba, el problema será elegir el color...)

Tradicionalmente el día de la Candelaria también ha servido para marcar el inicio del ciclo agrícola del maíz y por ello nada mejor que festejarlo con uno de los principales alimentos hechos con este grano: los tamales.

Aunque, en estos tiempos en que el calentamiento global pone patas pa' arriba los climas del planeta, el inicio del ciclo agrícola cada vez es más ritual.

Con todo, muchos agricultores aún siguen el ciclo pues la naturaleza no deja de ser sabia.

El maíz es el cultivo más cultural que existe y para crecer requiere las manos humanas.

Los agricultores comienzan bendiciendo sus semillas el 2 de febrero, pero limpian sus terrenos y milpas desde enero.

Entre febrero y hasta marzo o abril, poco después de las primeras lloviznas se realiza la labranza, barbecho o roturación del suelo.

La llegada de las primeras lluvias, en mayo y no más allá de junio, es la señal para comenzar la siembra.

Días después, en junio/julio se afloja la tierra y se deshierba para dar condiciones propicias al crecimiento de la planta.

Luego se echan fertilizantes y abonos. Entre septiembre y octubre se pueden recoger los primeros jilotes y en noviembre llega la cosecha de la mazorca madura.

Las heladas de diciembre marcan el fin del ciclo.

Y como el maíz es el cultivo más cultural no podía dejar de llegar a los museos, aunque no a todos.

Recuerdo una pequeña pero no por ello menos interesante exposición temática del campo del año 2010 en el Museo Nacional de Arte (MUNAL): "Paraíso recobrado.

Escenario rural del arte mexicano", con pinturas de José María Velasco, Rufino Tamayo, Olga Costa, Saturnino Herrán, Adolfo Mexiac, María Izquierdo, Fermín Revueltas, así como esculturas de Mardonio Magaña y otros.

La exposición no estaba dedicada precisamente al maíz aunque definitivamente un discurso artístico no puede prescindir de él.

A dónde sí llega el maíz con toda su fuerza es a museos de carácter vernáculo.

El año pasado el Museo Nacional de Culturas Populares presentó la magnífica exposición "Milpa.

Pueblos de maíz", la cual presentó las diferentes variedades del grano que hay en el país, así como maquetas y artesanías de grandes artistas poco conocidos.

Y por estos días el Museo de Arte Popular de la ciudad de México presenta la exposición "Totomoxtle, la magia del maíz" del artesano oaxaqueño Elpidio González López, muestra pequeñita pero extraordinaria en la que el artesano recrea figuras con las hojas de maíz.

 

Comentarios

Opina sobre este artículo

PODEREDOMEX agradece cada una de las opiniones vertidas en este sitio. Gracias a la entusiasta participación de lectores como usted que hace valer su voz este portal informativo tiene un valor preponderante. Estamos seguros que el Internet es una herramienta formidable para ejercitar la libertad de expresión y servir como medio de legítima denuncia, crítica y opinión. Por el respeto a esta encomienda debemos informarle que PODEREDOMEX no se hace responsable de los comentarios expresados en el portal ya que son total y absoluta responsabilidad de quien los emite.

Nombre   Email  
Título
Opinion

Perfil del Autor

Investigador de la Paz y no Violencia con énfasis en las diversas manifestaciones  artísticas y culturales.
Apuntes sobre Cultura y Artes de un no experto.