Visión y Expresión

 

 Virginia García Arriaga

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Antecedentes de los conjuntos multifamiliares

martes, 6 de febrero de 2018
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Entre las décadas de 1920 y 1930, cuando se desarrollan las bases del Estado posrevolucionario mexicano, se busca llevar a cabo las aspiraciones de una sociedad con deseos de progreso y la atención a las necesidades más elementales entre los sectores populares.

Pero las ideologías de los diferentes gobiernos que se suceden en estas décadas son tan diversas como lo eran las distintas facciones del movimiento revolucionario, y debido a ello, la manera de encaminarse hacia el progreso nunca tuvo una dirección continua por parte de estos gobiernos.

De hecho los grupos dominantes del periodo revolucionario comprendían las ideas y los actores sociales más diversos y contradictorios.

Ante esta diversidad, los distintos gobiernos surgidos de la Revolución se cobijaron bajo la utopía de la modernidad buscando resolver las injusticias sociales que disminuirían las grandes necesidades de los campesinos y del proletariado, ya que se aspiraba a un futuro en el que las máquinas, la tecnología y la modernidad misma llevarían el progreso a las masas.

De esta forma, la idea de modernidad sería utilizada como estandarte en la búsqueda de esquemas que representaran la identidad nacional y el progreso capitalista, bajo el matiz socializante de un Estado preocupado por el bienestar de las masas populares.

A la ambigüedad que representaba el concepto de lo moderno, fueron los edificios y encargos públicos los que mejor podían representar la nueva ideología y, sobre todo, su esperanza en un nuevo futuro.

Es así, que la producción arquitectónica financiada por el gobierno durante ese periodo fue abundante, debido a que los líderes no sólo buscaban mejorar las condiciones de la ciudad, sino que además deseaban presentar una imagen del país culturalmente unificada y de una sociedad encaminada hacia el progreso y la modernidad.

En la década de los veinte, esta arquitectura "oficial" trataba de apuntalar el deseo de construir una identidad nacional a base de modelos y estéticas historicistas como el estilo neocolonial y el neoprehispánico.

Ya en los treinta, se da paso hacia la influencia del Movimiento Moderno y las ideas del racionalismo europeo expresado en los avances tecnológicos de la construcción, la producción masiva y en serie, el uso de la racionalidad y la propuesta de nuevas tipologías arquitectónicas.

En este proceso de adecuación de aspiraciones gubernamentales y del conocimiento de las vanguardias y postulados del Movimiento Moderno surgieron arquitectos como Juan Legarreta, Álvaro Aburto y Juan O'Gorman que encausaron su práctica arquitectónica a buscar la manera de mejorar las condiciones en que vivían las clases trabajadoras y atender su principal carencia, la de la vivienda, bajo los nuevos principios del modernismo.

Así, durante los años, treinta, fue notoria la radical actitud de estos arquitectos quienes, asumiendo los dictados de la modernidad pero sensibilizados por el ímpetu revolucionario, incidieron en algunos proyectos de habitación obrera arribando a una interpretación radical del funcionalismo.

Esta radicalidad implicó un camino hacia la racionalización de la vivienda, sobre todo como solución a la vivienda obrera, buscando llevarla a los grupos populares; así los conjuntos habitacionales de Balbuena, La Vaquita y San Jacinto, construidos entre 1932 y 1934 son el antecedente a los conjuntos multifamiliares que se desarrollaron a fines de la década de los cuarenta.

De esta manera en el ámbito mexicano, bajo la influencia del Movimiento Moderno, de la corriente funcionalista y de las aspiraciones del Estado en materia de vivienda social, se originará un fuerte movimiento de ideas radicales que serán la semilla para desarrollar los primeros proyectos de grandes conjuntos habitacionales.

 

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