Fernando Juárez Dávila 

 

Oratoria Epistolar

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Exhortación a la palabra

Damos la más cordial bienvenida al licenciado Fernando Juárez Dávila, quien a partir de hoy se incorpora al equipo de colaboradores de poderedomex.com.
miércoles, 18 de abril de 2018
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El hombre es su palabra. Ella lo concreta y lo define. Es su retrato; su imagen fiel

José Muñoz Cota

En la hecatombe del siglo XXI, un mundo digitalizado nos absorbe, las tecnologías de la comunicación nos incitan a acercar a los lejanos y alejar a nuestros cercanos; la palabra cada vez va perdiendo más su valor, la esencia del verbo no es el fruto del estudio y el cuestionamiento del universo, sino el devenir de ideas deshilvanas que buscan su cobijo en los tartamudos de conciencia.

Por eso, recuerdo junto a ti la sentencia del Maestro Orador Horacio Zúñiga Anaya: “hablar, es ser esencialmente humano”, hablar nos da la oportunidad de existir, de expresar nuestras ideas; recobremos juntos el sentido de la palabra, hagamos que la idea lleve propuesta, una propuesta que permita dignificar al ser humano en el contexto global, aún más, te invito a que juntos dignifiquemos la palabra, que le devolvamos el valor que le hemos restado.

Sin duda cruzar el umbral del conocimiento es ya, un acierto, es reconocer la necesidad humana de entender y atender su entorno; por eso quienes gustamos del arte de hablar en público, estamos convencidos de que para hablar tenemos que alimentarnos del conocimiento, leer, leer y volver a leer, como fórmula mesiánica que nos incita a abrevar del mensaje de los clásicos, de los doctos, de quienes hablando dieron a entender el mundo, como el rabí de Galilea que en cada palabra desprendían su ser para darse a los demás, porque no solo de pan vive del hombre, por qué en el origen de la humanidad, era el verbo quien guiaba nuestro destino; es necesario entonces: propiciar la palabra, arrebatarla de los libros, de los textos de mundos fantásticos y darle vida, encarnarla en nuestros labios y pronunciarla diáfana, cristalina, benevolente y elocuente.

Mucho se ha dicho acerca del fin de la oratoria, hay quienes han acusado desdeñosamente a los oradores como verborreicos; sin embargo, debo desmentir tal aseveración, el orador debe aprender a hablar correctamente pero también aspira a saber cuándo debe callar, su palabra es una saeta certera y precisa, que tiene como finalidad convencer a su auditorio a través del conocimiento adquirido para adherir voluntades y que también conmueve las emociones de quienes dilectamente le escuchan, convence a la razón y conmueve al corazón, habla para darle rostro propio a quienes se dirige, les orienta, como un guía, líder y maestro; no ocupa el espacio que le corresponde para completar un tiempo determinado, sino que le da vida al tiempo con su palabra o su silencio, habla a favor de las causas justas, habla por los que no tienen voz o temen hacer uso de ella, el orador querido amigo, es un artista que deleita a su auditorio por el suave color que le imprime a las palabras, es decir; tiene un fin seráfico que lo motiva, que lo acciona, crea mundos, tiende puentes, hermana naciones, construye realidad acorde a las necesidades de quien le escucha; porque la palabra es necesariamente acción, como he expresado en talleres del verbo elocuente: “palabra que no lleve aparejada acción, es vana ilusión”.

Esencialmente se puede afirmar que el orador piensa todo lo que dice, lo medita, lo planea, lo práctica; dando paso a un sinfín de causas que defender, de hechos que encuentran su cauce luminoso en la palabra, toda idea dice el Maestro Zúñiga, todo pensamiento, nos lleva a desembocarla en “palabras, palabras siempre y en todo momento” palabras que nos hacen sentir, vivir, necesariamente existir; palabras que son el acto sonoro del ave con su trino, que llevan la fuerza del rayo, que nos evocan a los grandes hombres que han dirigido los rumbos de la humanidad, y que desafortunadamente reza el dicho mexicano –se las lleva el viento- por eso no podemos seguir restándole importancia a la oratoria y debemos trascenderla hacia la acción, actos que dicen muchas palabras, las más hermosas de la humanidad por las cuales se conoce la vida, testimoniándola, hagamos eco sonoro y preciso, es momento que las voces de México, lleven los más excelsos discursos al campo tangible de la acción, de tal manera que entendamos que la oratoria es: pensamiento, palabra y acción.

Acción que edifica, que construye, que ayuda, que solidariza y hermana al hombre, porque la oratoria siempre será ¡el arte del bien decir y el del bien actuar!.

Por eso es preciso conocer nuestra realidad, nuestro rostro y antes de partir al mágico mundo de la palabra, plantear nuestra estrategia, practicar los momentos que han de pasar a la posteridad y que nos volverán atemporales, porque nuestra palabra es una hachón de verdades que trascienden el tiempo y el espacio, por tanto planifiquemos nuestras intervenciones en público haciéndonos tres preguntas fundamentales: ¿ Dónde voy a hablar? ¿A quién le voy a hablar? ¿Para qué voy a hablarl? esas sencillas máximas nos permitirán planificar lo que diremos, para una vez conocido nuestro contexto podamos formular una estrategia para nuestro mensaje genere una visión en la sociedad formulando la pregunta: ¿Cómo voy hablar?

Con esto querido lector: quiero pedirte que trabajemos juntos por el sendero de la palabra libre, la palara que es benevolente y humilde y que nos hermanará en torno de la Patria, porque ¡debemos aspirar a hablar por las causas de México!.

 

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