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Rodrigo Sánchez Arce

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EL PRI COMO FUENTE DE ARTE Y CULTURA

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jueves, 26 de abril de 2018
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rodrigo.pynv@hotmail.com ; Facebook: Rodrigo Sánchez; Twitter: RodrigoSanArce

Al ver el debate presidencial del pasado domingo y la cantidad de memes tan creativos que circularon en redes sociales (Margarita Zavala representada como “Chabelita”, Ricardo Anaya como “Chicken Little”, AMLO como viejo decrépito, Meade y la luz que emanaba de su mano, y sobre todo el Bronco y su hacha cortando manos, entre muchos otros), reflexioné que el Partido Revolucionario Institucional (PRI), partido hegemónico durante el siglo XX, no sólo creó una cultura política que aún subsiste (son varios los pensadores que sostienen que, simpaticemos o no con ese partido, todos los mexicanos llevamos dentro un priísta en potencia), también ha sido fuente de creación artística en teatro, cine, literatura, música, historieta, etcétera.

Me parece que el PRI como tema de inspiración artística tuvo su debut y sigue vigente en la literatura.

No me refiero a la inmensa cantidad de investigaciones y artículos académicos que han tratado el tema sino a los ensayos y novelas.

Por ejemplo, la novela La sombra del caudillo (1929) de Martín Luis Guzmán, prefiguró las prácticas políticas de la “Familia Revolucionaria” que creó los partidos antecedentes al PRI: el Nacional Revolucionario (PNR, 1929) y el de la Revolución Mexicana (PRM, 1938).

Además, para entender el sistema político del siglo XX destacan ensayos como El ogro filantrópico (1979) de Octavio Paz, La jaula de la melancolía (1987) de Roger Bartra, La presidencia imperial (1997) de Enrique Krauze, País de mentiras (2003) de Sara Sefchovich (éste habla del gen priista que tienen los políticos mexicanos) y La silla del águila (2003) de Carlos Fuentes (hace alusión a la lucha por el poder presidencial); así como una recopilación de ensayos irónicos: Instrucciones para vivir en México (1990) de Jorge Ibargüengoitia (que este año cumple un siglo de nacido) y las numerosas y estupendas crónicas de Carlos Monsiváis sobre el poder de este partido.

La tradición de historietas, cómics y “moneros” es larga.

Eduardo del Río, Rius, fallecido en 2017, es tal vez el monero más prolífico de México.

Desde el inicio de la década de 1950 comenzó a satirizar a la clase política priista con revistas como El metiche, La garrapata, Los agachados, Los supermachos y más recientemente en El chamuco y los Hijos del averno, así como en decenas de libros entre los que están El año de los cocolazos (1968, la primera historia del movimiento estudiantil), Su majestad el PRI (1986), RecetaRius (2004), Votas y te vas (2006), Santo PRI líbranos del PAN (2011), ¿Cuándo se empezó a joder México? (2015) y Los presidentes dan pena (2017).

Es larga la lista de moneros que han hecho del PRI su fuente de inspiración.

Abel Quezada es importante, pues inventó al “tapado” priista: un político con traje negro y capucha blanca.

Otros son Paco Calderón, Naranjo, Ahumada, Boligán, Patricio, Helguera, Hernández, Rapé, Jis, Trino, Magú, El Fisgón, etc.

En cuanto al cine, el director Julio Bracho llevó a la pantalla en 1960 La sombra del caudillo, censurada durante 30 años pues el sistema la consideró peligrosa por su tema, del que he hablado antes.

Hasta 1990 se reestrenó de nuevo, y si bien no tiene la mejor calidad en su factura, la censura la volvió una película de culto.

Otras cintas de inspiración priista, algunas satíricas, otras más serias, son Calzontzin Inspector (Alfonso Arau, 1974, inspirada en los monitos de Los Agachados de Rius), Bandera Rota (Gabriel Retes, 1974), Las fuerzas vivas (Luis Alcoriza, 1975, con guión de Juan de la Cabada), Rojo amanecer (1989), El extensionista (1990), Colosio, el asesinato (Carlos Bolado, 2012).

Sobresale una tetralogía de películas del director Luis Estrada: La ley de Herodes (1999), Un mundo maravilloso (2006), El infierno (2010) y La dictadura perfecta (2014).

En otras artes escénicas, desde la década de 1940 en las carpas se hacía sátira política.

Uno de los carperos más conocidos fue Jesús Martínez “Palillo”, que llamaba a los políticos priistas “¡Méndigos sátrapas!”, convirtiéndose así en el enemigo número de Ernesto P. Uruchurtu, quien fue el “Regente de Hierro” de la ciudad de México durante 14 años (de 1954 a 1966).

Antes de “Palillo” destacó Roberto “El Panzón” Soto, el propio “Cantinflas” y el “Shilinsky”.

Pero hacia la segunda mitad del siglo las carpas cedieron lugar a otras artes.

En teatro, recuerdo obras satíricas y serias como El gesticulador y Buenos días, señor presidente de Rodolfo Usigli; la Docena Trágica de Chucho Salinas y Héctor Lechuga de principio de los 80 (donde ironizaban sobre los periodos presidenciales de Luis Echeverría y López Portillo); así como algunas obras de Jorge Ibargüengoitia (El atentado de 1963 y La conspiración vendida de 1975).

Mientras que en la televisión recuerdo Cotorreando la noticia, también de Chucho Salinas y Héctor Lechuga; ¿Qué nos pasa? de Héctor Suárez; y más recientemente El privilegio de mandar (en su primera temporada fue bueno, pero en esta segunda es muy malo y vulgar) con varios actores de Televisa.

El lector de estas líneas podrá corregir, refutar o agregar más datos a las artes escénicas y a la cultura que ha generado la política PRIista en nuestro país.

Lo que yo registro aquí es lo que recuerdo de mi experiencia.

Cabe señalar que muchas de estas manifestaciones se enfrentaron a la terrible censura del régimen durante el siglo XX, e incluso a la autocensura de sus autores.

Ya hablé del caso de La sombra del caudillo, pero también la sufrieron moneros como Rius y películas como La ley de Herodes; incluso “Palillo” fue encarcelado varias veces.

Tal vez por ello las artes inspiradas en el PRI, a mi juicio, no han sido tan extensas en un país como México, de tan vasta cultura.

 

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Perfil del Autor

Investigador de la Paz y no Violencia con énfasis en las diversas manifestaciones  artísticas y culturales.
Apuntes sobre Cultura y Artes de un no experto.