Tianguis global

Rodrigo Sánchez Arce

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UNA VISITA A LA “BIBLIOTECA DEL NIÑO MEXICANO” (Y AL “SEÑOR VERDE”)

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jueves, 3 de mayo de 2018
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rodrigo.pynv@hotmail.com ; Facebook: Rodrigo Sánchez; Twitter: RodrigoSanArce

El Día del Niño es fecha propicia para que se difunda información sobre la situación de la infancia en nuestro país, por ejemplo, que cada año crece el número de niños que sufre problemas psicológicos por no poseer un teléfono inteligente e incluso algunos responden con violencia a sus propios padres que no se los compran.

Ciertamente el que no cuenten con estos artefactos los convierte en “parias digitales” y puede ahondar la brecha tecnológica que los separa de sus compañeros que si los tienen.

Pero ello no es más que la última manifestación de un problema mayor: el que los niños leen cada vez menos pues la tecnología les facilita la obtención de datos.

De acuerdo al “Módulo de Lectura” (Molec) 2018 del INEGI, la población de 18 y más años que lee algún material decreció de 84.2% en 2015 a 76.4% este año, mientras que, de cada 100 personas de 18 y más, sólo 45 dijo haber leído al menos un libro (en 2015 lo hicieron 50 de cada 100).

Lo anterior, por supuesto, influye en los niños. A la pregunta sobre los estímulos que tuvieron en la infancia para leer, el 55.8% dijo haber tenido libros no escolares en su casa y la mitad veía a sus padres leer.

Y si los adultos no leen, es lógico pensar que no inculcan el hábito a sus hijos.

La pregunta es, entonces, ¿qué estrategia seguir para que los niños lean? No tengo respuesta, lo único que sé es que, cuando tenga hijos, les fomentaré el hábito aunque use alguna forma de coacción que, sé de sobra, no es lo mejor.

Pero el gran reto es cómo compaginar la lectura y las nuevas tecnologías.

Hay, por supuesto, esfuerzos loables que realizan las escuelas y las ferias de libros infantiles y juveniles.

Sin embargo no es mi intención abundar más en el tema, más bien hablar de dos iniciativas que, en diferentes tiempos, han contribuido al fomento de la lectura infantil: por un lado la Biblioteca del Niño Mexicano, y por otro, el libro de La merienda del señor verde.

1. Entre los años 1899 y 1901, se unieron los hermanos italianos Alessandro y Carlo Maucci Giovannacci con dos mexicanos: el escritor Heriberto Frías y el ilustrador José Guadalupe Posada, para crear la Biblioteca del Niño Mexicano, una serie de 110 libritos impresos en Barcelona por editorial Maucci, escritos por Frías (periodista y militar, también autor de la novela Tomóchic) e ilustrados por Posada, con el objeto de “que el conocimiento de nuestra historia patria se difunda por medio de impresos baratos y de lectura fácil… obritas puestas al alcance de todas las clases sociales y que se buscan y se adquieren como materia de entretenimiento”.

La Biblioteca recreó la historia de México basándose en una periodización de la época prehispánica, el descubrimiento y conquista, la independencia y la etapa actual (el Porfiriato), propuesta en otra obra monumental: México a través de los siglos (Espasa y Ballescá, 1884).

Los libritos miden 12 por 9 centímetros y tienen una extensión de 20 páginas con todo y portadas, amén que su grosor no rebasa un milímetro, tamaño ideal para manos pequeñas.

Precisamente por su tamaño los autores, Frías con sus letras y Posada con imágenes, trataron de ser “efectistas” al construir cuentos que exaltaron la fantasía y simplificaron la historia, relatos a medio camino entre la instrucción y el amarillismo, entre la realidad y la ficción, a todo lo cual contribuyó el hecho de que la edición no fue tan pulcra pues por la lejanía se hizo en desorden, a veces entrecortada y a veces distorsionando imágenes.

En cualquier caso y aunque actualmente la Biblioteca no es muy conocida, se convirtió en un hito de la cultura popular mexicana del Porfiriato, rescatada posteriormente por personajes como Carlos Monsiváis, cuya colección original legó al Museo del Estanquillo.

Y ciertamente los textos de Frías son lo que menos trascendió, es más probable que la gente haya visto alguna ilustración de Posada (muchas de ellas disponibles en internet) como el águila de la “Fundación de México” (fascículo 29), “Hernán Cortés ante Moctezuma” (37), el fusilamiento de “Miguel Hidalgo y Costilla, Padre de la Independencia” (91), “Maximiliano de Austria o un Imperio Efímero” (103), los soldados zuavos de “Las ambiciones de Napoleón III” (108), “El Cinco de Mayo de 1862 y el Sitio de Puebla” (110) y “El Sol de la Paz” (105), único número dedicado a Porfirio Díaz.

A fines de 2013, con motivo del centenario luctuoso de Posada, el Instituto Cultural de Aguascalientes imprimió la tercera edición facsimilar de esta obra, con estudio preliminar de las investigadoras Helia Emma Bonilla (UNAM) y Marie Lecouvey (París), contenida en una sobria cajita impresa con el águila de Posada, forrada con vinil verde oscuro por fuera y terciopelo rojo por dentro.

Por su parte, con motivo de los festejos por el Bicentenario, el gobierno federal, el Fondo de Cultura Económica y el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México crearon la Nueva Biblioteca del Niño Mexicano en formato digital, con una serie de audios (podcast) sobre la Independencia y la Revolución.

Una buena iniciativa, aunque sin el encanto y la magia de la otra.

2. A fines de 2017 el Museo Nacional de Arte trajo la exposición La merienda del Señor Verde, basada en el libro homónimo (Ékare, Caracas, 2007) del autor español Javier Sáez Castán, cuya particularidad es haber sido la primera muestra pensada exclusivamente para niños.

Mediante guiones y cuadros pintados al óleo se contó el sencillo argumento de la historia: el Señor Verde invita a sus amigos, los Señores Púrpura, Pardo, Azul y Negro, a que salgan de su mundo monocolor y vayan a cenar a su casa, luego de la cual cruzan una misteriosa puerta que los conduce a un mundo multicolor.

La muestra concluía al traspasar la puerta hacia un salón donde los niños pudieron leer éste y otros libros infantiles, así como plasmar sus recuerdos en dibujos.

Me parece que ambas iniciativas para fomentar la lectura son innovadoras, aún la Biblioteca del Niño Mexicano.

En principio, la del Señor Verde lo es por haber abierto un espacio, como es el museo, para los niños, dado que los museos no siempre enfocan su atención a este sector de población; y la Biblioteca por su formato y tamaño, ¿qué pasaría si hubiera una nueva Biblioteca, con temas actuales, en un formato más parecido a los teléfonos inteligentes y las tabletas que los niños dominan a la perfección? Es sólo una idea pues si bien debemos adecuarnos a las nuevas tecnologías, no podemos cejar en nuestros empeños de que la gente lea desde la niñez.

 

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Perfil del Autor

Investigador de la Paz y no Violencia con énfasis en las diversas manifestaciones  artísticas y culturales.
Apuntes sobre Cultura y Artes de un no experto.