Entre Dichos y Valores

 

 

Aarón Dávila Payán

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EMPATÍA

miércoles, 6 de junio de 2018
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CICERÓN decía que: “En cuanto a la adversidad, difícilmente la soportarías si no tuvieras un amigo que sufriese por ti más que tú mismo.”

Algunos años atrás, platicaba con un pequeño niño, sobre la importancia de no volvernos ajenos al dolor o al sufrimiento de los demás.

Mira hijo, le dije; sin darnos cuenta, los afanes de la vida nos van llevando por caminos diferentes.

Caminos de bien o caminos de mal, caminos de emprendimiento o caminos de fracaso, caminos de inicio o de final y en cada uno de ellos, encontramos gente tan diversa, que sorpresivamente poco a poco perdemos uno de los valores más valiosos y certeros en la vida de los seres humanos, la empatía .

¿La qué? me dijo; la empatía, respondí, al tiempo que volví mi rostro y me lo quedé viendo.

Empatía es un gran valor, déjame explicarte le dije:

Es la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

¿Alguna vez te has preguntado lo que pasa con la gente que vive a alrededor de ti? ¿Qué pasará, por ejemplo, con los jóvenes y niños que limpian los vidrios de los carros en los semáforos? o ¿Con los ancianos sentados a la orilla de la banqueta solo viendo pasar a la gente que camina por ahí?

Para saberlo, necesitas preguntarles directamente, mostrarles algo de interés por su vida y sus problemas.

Seguramente al hacerlo, descubrirás muchas cosas que ignorabas por completo como, por ejemplo, que no todo lo que se dice de esas personas es verdad, no todos son malos, ni ladrones, ni engañadores o vagos y estoy seguro, le dije; que saber más de sus vidas hará sentir en ti, la necesidad de ayudarlos de alguna manera.

Mientras hablaba con él, en cierto momento el pequeño abrió los ojos con gran emoción y poniéndose sobre sus pies me dijo:

“Si entiendo… es que, todos vivimos aquí, por eso debemos ayudarnos, ¿cómo amigos verdad? Así es le respondí, como amigos…

Esa es la forma en que la sencillez de un niño resuelve los asuntos de la vida y, ¿porque no? probablemente sea así de sencillo.

La empatía es un valor que nos ayuda a ser mejores, pero no sólo eso, nos hace volver al corazón de la gente.

Amistarnos con quienes no merecen menos que de nosotros.

No es necesario pasar por las mismas vivencias y experiencias para entender mejor a los que nos rodean, sino ser capaces de captar la necesidad de quienes viven a lado nuestro.

Daniel Goleman, Psicólogo y escritor dijo:

“Existe una clara evidencia de que las personas emocionalmente desarrolladas, es decir, las personas que gobiernan adecuadamente sus sentimientos, y asimismo saben interpretar y relacionarse efectivamente con los sentimientos de los demás, disfrutan de una situación ventajosa en todos los dominios de la vida, desde el noviazgo y las relaciones íntimas, hasta la comprensión de las reglas tácitas que gobiernan el éxito en el seno de una organización.

Las personas que han desarrollado adecuadamente las habilidades emocionales suelen sentirse más satisfechas, son más eficaces y más capaces de dominar los hábitos mentales que determinan la productividad.”

Así es, aquellos que logran relacionarse correctamente con los demás, son personas propensas a vivir una vida en plenitud, en paz, con plena soberanía de sus actos y de sus acuerdos.

Hoy en día, hay tantas preguntas por hacer; Por ejemplo:

¿Qué pasa con los damnificados de los terremotos? ¿Qué sucede con los inmigrantes que llegan a nuestro país, sin familia, sin dinero, sin un lugar donde resguardarse? ¿Qué sucede en el corazón de cada padre y cada madre cuando sus hijos no regresan a casa?

Podemos hacer más preguntas claro está, hay tanta necesidad alrededor de nosotros y aclaro, no necesariamente en las personas ajenas a nuestra vida tan solo, probablemente, entre nuestros amigos, familia, vecinos o compañeros de trabajo, podremos encontrar corazones dispuestos a recibir nuestro apoyo sincero e incondicional en sus momentos difíciles o de necesidad.

La empatía nos hace mejores personas, nos dignifica como seres humanos, nos enseña a convivir y actuar para establecer el bien común la estabilidad y la paz.

¿Alguna vez te has preguntado, el bien que le causas a los demás, con tan sólo una sonrisa por ejemplo?

Hacer el bien, no es un acto heroico, aunque implícitamente, en realidad lo es…

Hacer el bien sin selección previa, sin interés previo, sin importar de quién se trate, es maravilloso.

Es cómo ungüento fresco.

Sin pensarlo, los actos más sencillos y naturales pueden ser justo aquello que necesitábamos para estar y sentirnos bien y si estos añaden bien a mi prójimo, es un gol en el marco.

Hacer el bien es bendecir, bendecir es otorgar con pureza y desinterés el mejor de mis deseos.

Soy de las personas que disfruta conversar con todo tipo de gente.

Normalmente, sin importar el lugar en el que me encuentre, procuro saludar a los demás con una sonrisa franca.

En el banco, en la calle, en un café, la alberca o en la playa, en la tienda de la esquina o en un estacionamiento, cualquier lugar es bueno para ofrecer un saludo sincero.

Hace mucho tiempo descubrí, que sumar una sonrisa no fingida a un saludo es especial y causa un efecto maravilloso en la persona que lo recibe.

Es impresionante, pero cierto, sonreír sin dificultad, es un reflejo del estado de tu vida, es como decir: -me siento bien- -estoy en paz-

Lo más importante aquí, es cuando descubres que, como un efecto añadido, tu bienestar, le produce un bien interno a los que están alrededor de tu vida.

He tenido todo tipo de experiencias al saludar a la gente con una sonrisa.

En una ocasión salude a una señora al llegar a una tienda de instrumentos musicales, buscaba unas cuerdas para mi guitarra electroacústica.

-hola- dije a la señora que atendía el mostrador, con una gran sonrisa y una expresión de franca felicidad, al tiempo que agitaba la mano frente a ella; la reacción inmediata y totalmente inesperada (por lo menos para mí) de aquella mujer fue un minuto de silencio viéndome fijamente y acto seguido, puso su mano en la frente y con una reacción de total sorpresa, de pronto echo a reír, con aquel tipo de risa nerviosa imprevista.

Con gran sobre salto, extendiendo su mano y tomando la mía me dijo: “perdón, perdón, estaba súper distraída, pero gracias, en verdad necesitaba ese saludo tan franco”.

Que sensación tan agradable me dejo esa experiencia, comprendí que lo que había sucedido ahí, no había sido producto de la casualidad, sino más bien de la necesidad que tenemos todos de sentir que somos importantes para alguien más.

“Haz bien sin mirar a quien”.

Este es un proverbio popular que nos invita a compartir lo mejor de nosotros con los demás, a brindar ayuda desinteresada y compartir nuestro bien estar con quién así lo necesite, sin esperar nada a cambio, por el sólo deseo de hacer el bien.

El rey Salomón decía: “No niegues el bien a quien se le debe, cuando esté en tu mano el hacerlo”

El Apóstol Pablo por su parte decía: “Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, mayormente a los de la familia de la fe”.

Es decir; Hacer el bien, es una decisión personal, una decisión a causa de nuestro bienestar y capacidad de compartir, que implícitamente opera bondad y deseo por ser parte de un bien mayor.

Dar sin esperar nada a cambio, causa bien a nuestras vidas, los actos más sencillos son suficientes para bendecir y provocar efectos duraderos de paz en nuestros corazones.

 

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Perfil del Autor

Es Presidente y fundador del instituto de valores y cultura.  Director del programa Forjadores de Valores.  Consultor especialista en Marketing, habilitado por Microsoft de México y conferencista especialista en los temas de valores, ética y desarrollo humano.

Ha viajado por diferentes países como conferenciante y cantante, impartiendo temas actuales como: “Los Valores sociales”, “La Ética y los Valores”, “Valores para una sociedad en crisis”, “El verdadero liderazgo”, “Administración y buen uso del tiempo”, etc.

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