Tianguis global

Rodrigo Sánchez Arce

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HOY ME LEVANTÉ PESIMISTA

jueves, 21 de junio de 2018
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Hoy me levanté con actitud muy pesimista. Ni siquiera la emoción del Mundial Rusia 2018 y el recuerdo del triunfo de la Selección Nacional frente a Alemania me levantan el ánimo.

Bueno, ni siquiera el hecho de que en pocos días ya se terminarán las campañas políticas que son pesadas y llegan a ser odiosas.

Y mi pesimismo no se limita sólo a México sino que se extiende al mundo.

No puedo ser optimista ante el hecho de que en Estados Unidos mucha gente haya elegido como presidente al idiota de Trump (que lleva a la quiebra moral a su país al separar familias de migrantes); que los rusos y muchos en el mundo (incluidos mexicanos) estén encantados con un autócrata como Vladimir Putin que se eterniza en el poder; que en Europa el fascismo que tanto daño hizo renazca en la gente que vota a Víktor Orban en Hungría, a Andrzej Duda, en Polonia; Geert Wilders, en Holanda o Marine Le Pen en Francia; que muchos venezolanos, nicaragüenses y cubanos (también mexicanos) apoyen a dictadores como Nicolás Maduro, Daniel Ortega o los Castro; que en Filipinas hayan elegido como presidente a un asesino confeso: Rodrigo Duterte.

De México no hablaré de política sino de cultura. En otro artículo, sobre los últimos presidentes he dicho que Zedillo estando en campaña un día confió un secreto: “la primera sección que leo en el periódico es la deportiva”; que en su sexenio Fox reconoció el aporte artístico de los hermanos “José y Clemente Orozco”, evocó al “premio Nobel Carlos Fuentes” y citó al escritor “José Luis Borgues”; que el periodo de Calderón fue permeado por la guerra contra el crimen organizado (“que haya más becarios y menos sicarios”); mientras que al Peña aspirante presidencial, lo marcó para siempre el hecho de no haber citado los tres libros que marcaron su vida, con todo y que tiene el mérito de haber creado la primera Secretaría de Cultura del gobierno federal.

Los actuales candidatos no cantan mejor las rancheras. Gracias a Confabulario de El Universal nos enteramos de los exiguos acercamientos que han tenido al ámbito cultural.

Ricardo Anaya en su tesis de licenciatura en derecho se acercó a las culturas urbanas y tribus juveniles con el tema El graffiti en México, ¿arte o desastre?, y cuando fue publicada por la Universidad de Querétaro consiguió que Carlos Monsiváis hiciera el prólogo; después se dedicó a la pura grilla.

López Obrador ha escrito 15 libros, ha sido alabado por intelectuales, gusta de la historia y la poesía, ha trabajado en comunidades indígenas y como jefe de gobierno creó la Universidad Autónoma de la Ciudad de México; pero no refleja ser hombre culto.

Tal vez Meade sea el más aculturado: le gusta visitar museos y el arte popular mexicano, tal vez por influencia de su abuelo, el escultor José Kuri Breña, y su esposa, Juana Cuevas, pintora y promotora del arte popular; también le gusta la literatura y sí ha mencionado los libros que han marcado su vida.

El Bronco es el más ignorante y él mismo lo reconoce; piensa que quienes hacen cultura son personas que no tiene nada qué hacer.

Hablando de mujeres (un tema que se debe tratar con pinzas, a riesgo de que lo tachen a uno de machista y sexista), apoyo los movimientos #MeToo y #NiUnaMás, y repudio por completo los feminicidios.

Pero cuando una centena de francesas rechazó el aspecto conservador, el ataque a las libertades y el clima de puritanismo sexual que genera #MeToo, las feministas se les fueron encima llamándolas traidoras y “cómplices del patriarcado”.

Es así como la discrepancia se estigmatiza y todo se considera ofensa. Y de esta forma también impera el asfixiante lenguaje políticamente correcto que hace que ya no existan quienes aceptábamos ser “negro”, “gordo” o “chaparro”.

A ese paso un ser humano será sólo un “ente químico con impulsos vitales”.

Hablando de cosas prohibidas, en Rusia la afición mexicana no entiende que entre más grite “¡eh puto!” más sancionará la FIFA a la Federación Mexicana de Futbol.

Y hablando de aficionados, el comportamiento de varios deja mal parado a México: crean una “porra-albur” a partir del video filtrado de Zague; la mayoría se emborracha sin importar que en Rusia exista la iglesia de San Basilio en Moscú o el museo Hermitage de San Petersburgo; unos queman la bandera alemana y otros hacen como que la follan; otro se avienta del poste, se golpea contra el suelo y convulsiona; otro agrede a un ruso sin piernas y en silla de ruedas por usar una máscara de AMLO.

Es cierto, estos mexicanos no nos representan a todos, pero no he visto afición de otros países que haga este tipo de cosas, al contrario, los japoneses y senegaleses limpian su basura en los estadios, mientras los alemanes reconocen el triunfo de nuestra Selección.

Y no se diga los cómicos que llevan las televisoras al mundial: El Compayito, Facundo, Albertano, Derbez… Son un asco, no tienen gracia, son vulgares.

Parece que el sentido del humor y la ironía han sido desterrados. No quiero “chochear” o “chavorruquear”, pero cómo extraño a Andrés Bustamante y sus personajes, así como a otros cómicos que no fueron a Olimpiadas o Mundiales pero eran extraordinarios, como la “Ensalada de Locos”: con el Loco Valdés, Héctor Lechuga y Alejandro Suárez; los Polivoces: Eduardo Manzano y Enrique Cuenca; Chucho Salinas, Mauricio Garcés, Chabelo, Luis de Alba, Pirrurris; la India María…

Además me repugna el maltrato animal y en esto parece que la estupidez es patrimonio de la humanidad.

El año pasado escribí sobre aquel lobito marino abandonado en una caja de cartón en Morelia.

¿Qué estupidez pensó quien abandonó a una cría en peligro de extinción y cuyo hábitat natural es el mar? También sobre aquellos pitbull muertos en Coyoacán, torturados, amarrados con alambre y envueltos en telas.

¿A qué grado hemos interiorizado la cultura violenta que asesinan perros como si fueran narcos? Y sobre el ritual maya en que la gente despedaza vivos a tlacuaches, iguanas y patos.

Apenas vimos que en Turquía a un cachorrito le mutilaron las cuatro patas y la cola.

En China queman vivos a los perros. Mientras que en Cataluña se practica el “toro embolado” en que colocan al animal dos antorchas prendidas sobre sus cuernos.

Ya ni la Tauromaquia aguanto. No son tradiciones, son crueldades puras y duras. Y si observáramos el maltrato que propinan a vacas, cerdos y aves en los mataderos, tal vez no comeríamos carne ni tomaríamos leche.

En general el maltrato a animales domésticos y salvajes parece no tener fin. Sólo los humanos matan y maltratan animales de forma miserable.

En fin, ya no me queda espacio para hablar de las atrocidades religiosas y la violación a derechos humanos de migrantes.

Pero hoy me levanté pesimista…

 

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Perfil del Autor

Investigador de la Paz y no Violencia con énfasis en las diversas manifestaciones  artísticas y culturales.
Apuntes sobre Cultura y Artes de un no experto.