Tianguis global

Rodrigo Sánchez Arce

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En las casillas está el verdadero jolgorio democrático

jueves, 5 de julio de 2018
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Dicen que las elecciones del pasado domingo serán las más concurridas de las últimas tres décadas ya que el porcentaje de participación se acercará a 70 por ciento (y en algunas localidades habrá rebasado esta cifra).

Lo anterior se sabrá mejor cuando se publiquen los resultados oficiales. Lo cierto es que en mis recorridos por varias casillas de Toluca (en este proceso tuve la suerte de desempeñarme como consejero electoral suplente del municipio por parte del IEEM, es decir, fui "autoridad electoral") observé largas filas de personas deseosas de votar, lo que me llevó a pensar en dos situaciones:

1. Por lo regular, la dinámica de las votaciones es que por las mañanas la gente acude en masa a votar y al filo de la hora de la comida la afluencia de personas se reduce; estamos hablando de elecciones en que ha participado 60 por ciento o menos del padrón y aún en esas condiciones los funcionarios de casilla no se dan abasto con su labor.

En las del domingo las filas seguían a la hora de la comida y muchos paquetes electorales llegaron a los consejos hasta el otro día.

¿Se imaginan si saliera a votar la totalidad del padrón electoral? Tal vez los funcionarios de casilla se volverían locos.

2. Durante un día entero las casillas se convierten no sólo en la célula básica y el instrumento de las instituciones electorales para captar el sufragio de los ciudadanos, también se convierten en un microcosmos del cual se desprenden muchas historias y anécdotas interesantes, dependiendo de cómo les vaya en la feria.

Lo mejor es que las votaciones sean aburridas, es decir, sin incidentes que lamentar (como en esos casos en que la gente se agarra a golpes o los criminales intimidan a punta de pistola a los votantes).

Es entonces cuando los ciudadanos se acuerdan de que también son vecinos y amigos, o de plano son desconocidos pero tratan de hacer su labor más llevadera conviviendo.

Por ello es en las casillas donde cobra sentido esa frase de que las elecciones son una fiesta democrática, donde los funcionarios de casilla hacen su mejor y más responsable esfuerzo para que la jornada salga bien, pero también es donde florece el jolgorio ciudadano que podría ofrecer motivos para que se generen obras literarias, cinematográficas o de otro tipo.

Cuántas historias no habrá de los funcionarios de casilla que han visto cómo los mexicanos votan por Cantinflas, Pedro Infante, Juan Gabriel, Luis Miguel o Gloria Trevi; o por futbolistas como Rafa Márquez, el Chicharito o San Memo Ochoa (tan de moda en estos días de mundial); que utilizan la boleta para dar rienda suelta a su creatividad artística y hacer todo tipo de dibujos; o para desahogarse con insultos e improperios a los gobernantes en turno.

Los funcionarios de casilla pueden ver todo eso al hacer el recuento de los votos.

También pueden observar las actitudes de las personas cuando se les pide que muestren sus pulgares (algunos consideran esto un fastidio o de plano un insulto); cuando exigen una pluma para cruzar las boletas, en vez de usar esos "feos crayones cuyo trazo se borra a la primera"; cuando hay que guiar a los votantes para que introduzcan de manera correcta las boletas a las urnas: la verde en la verde, la gris en la gris... (muchos se ofenden cuando se les corrige pues "no son tontos"); los mitotes que arman los representantes de partidos o coaliciones y en los que la mayoría de ocasiones exigen derechos a los que no tienen derecho; o la "humanización" de los vecinos a los que se puede mirar y conocer de otra manera ("a la casilla entró un señor igualito al villano Luisito Rey"; "aquél que decía llamarse José Yves Limantour aparece en la lista nominal como Filogonio Sánchez Pérez"; "¿Ya viste que la chica (o el chavo) que te gusta ya cumplió 18 años? ¡Ya vino a votar!"; "el escrutador se portó re bien pues invitó los tamales y el atole para todos").

Y una vez que finaliza la jornada por la noche (muchas veces de madrugada), en el exterior de la casilla se pueden hacer elucubraciones sobre los resultados registrados en las "sábanas".

Podemos pensar que los ciudadanos votan en bloque, es decir, que si tienen decidido su voto por un partido, cruzarán el recuadro que le corresponde tanto en cargos federales (presidente, senadores, diputados) como en cargos locales (presidentes municipales y diputados).

Sin embargo, en la casilla donde me tocó votar, por ejemplo, un partido obtuvo 201 votos para el candidato a diputado, mientras que la planilla de candidatos al Ayuntamiento sólo obtuvo 171 votos.

¿Por qué se registra este fenómeno?

Lo primero que se puede pensar es que la gente divide su voto, que tal vez esos 30 que no dieron su voto para Ayuntamiento al partido por el que votaron en diputado, se lo dieron a la planilla de otro partido por que la creen mejor; tal vez el candidato a presidente municipal de su partido no les convenza, pero sí el diputado.

Es decir, prefiero pensar que los votantes han adquirido una gran cultura política que los lleva a razonar su voto de acuerdo a razones y no a pasiones.

Pero cualquier funcionario de casilla podría devolverte a la realidad al manifestar que, de plano, ha visto mucha gente que vota a lo tonto y que en la misma boleta cruza dos o tres partidos o coaliciones diferentes, sin que necesariamente ello signifique que tuvieran la idea de anular su voto.

En fin, sigo pensando que el jolgorio de las casillas electorales puede ofrecer motivos cinematográficos o literarios.

Sin embargo es un ámbito despreciado, contaminado por la cochina política partidista (los electores son manipulados o comprados; los partidos se aprovechan de la miseria de la gente), aburrido por definición (¿qué de interesante puede surgir de algo tan convencional como el acto de votar?), que funciona como una verdadera "caja negra" (donde no sabemos qué patrañas se realicen para favorecer a uno u otro candidato).

Hace falta que alguien con imaginación y creatividad convierta los motivos electorales, tanto positivos como negativos, en novelas o dramas destinados a librerías y pantallas de cine.

Sólo basta conocer un poco los procesos comiciales y adentrarse en el jolgorio provocado en las casillas, más allá de su responsabilidad formal, jolgorio provocado por los mismos funcionarios que también son ciudadanos, personas como uno, gente como cualquiera.

 

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Perfil del Autor

Investigador de la Paz y no Violencia con énfasis en las diversas manifestaciones  artísticas y culturales.
Apuntes sobre Cultura y Artes de un no experto.