Fernando Juárez Dávila 

 

Oratoria Epistolar

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EL MAESTRO ZÚÑIGA

martes, 10 de julio de 2018
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"No maestro Zúñiga, usted no se va, usted se queda y se quedará eternamente con nosotros, porque usted es como el relámpago: que brilla, se apaga...

pero deja ardiendo el bosque"

Francisco Hernández Hernández

Hombre de letras; pero sobre todo hombre con anchura de palabra, el toluqueño Horacio Salvador Zúñiga Anaya es sin duda; uno de los más prestigiados hombres preclaros de su tiempo; sus ideas siguen aguijoneando en la juventud mexicana el deseo de elevar la razón del pensamiento, convertir las ideas en palabras flamígeras que nos ayuden a despertar del letargo tartamudo de la conciencia.

Poeta, maestro orador, hombre de letras, fiel defensor de la verdad que depositaba en sus labios como ninfa de ensueño, con esas aristas; podríamos ingenuamente definir la vida de Horacio Zúñiga quien naciera en Toluca, Estado de México el 9 de agosto de 1897 hijo de Ricardo Zúñiga Merino y María del Carmen Anaya.

Siempre preocupado por la lucha férrea y decidida contra la marginación y la desigualdad humana, desde temprana edad empieza a brillar con luz propia en el ámbito literario; a la corta edad de 16 años da a conocer en un evento público su poema "Un crespón y un laurel" en homenaje póstumo al apóstol de la democracia Francisco Ignacio Madero, en el jardín Reforma de la ciudad de Toluca; a los 17 años obtiene el primer lugar en los I Juegos Florares de Toluca, al que tiempo después habrían de secundarle más de 30 flores naturales por sus méritos poéticos a nivel nacional y tres a nivel internacional, alzando así su índice hacia el infinito por encima del gran poeta Fernando Lugones.

El maestro Zúñiga, hombre de magnetismo en su palabra que atraía voluntades y denunciaba verdades; se convirtió en promotor permanente de la educación, fue un espíritu libre que hacía de la lectura una tarea permanente que le permitiría hablar con candidez, de manera elocuente y persuasiva, pero también le permitió escribir con vehemencia a favor de la Patria desde sendos ensayos que aún tienen la tarea de ver cultivadas sus ideas entre las acciones de quienes nos consideramos sus alumnos.

En su lustre vida tuvo el alto honor de impartir cátedra en la Escuela Nacional Preparatoria, en el Instituto Científico y Literario de Toluca, en la Secundaria 3, en la Escuela Superior de Comercio de Toluca, en la Escuela de Artes y Oficios de la misma ciudad, y en la etapa madura de su vida en su domicilio particular, a donde acudían distinguidos alumnos de Oratoria a aprender de él el bello arte de Demóstenes.

Iluminado por la cultura, conocedor de su tiempo y anticipado a su época, se convierte en pastor de conciencias que se abren a la época febril; la solemnidad de su presencia y la claridad de su pensamiento, le permiten moldear los espíritus egregios de: José Muñoz Cota (orador, escritor y embajador de nuestro país), Adolfo López Maestro (presidente orador de México), Octavio Paz Solórzano (Premio Nobel de Literatura) y Guillermo Tardiff, por citar algunos de los prohombres de nuestra historia que se vieron inspirados en la mano dadivosa de Horacio Zúñiga; quien haciendo entrega de su vida, se brindó por la cultura y elevo el nombre del Estado de México y su patria chica (Toluca) a un alto plano nacional.

Cincelado quedará el tiempo que tránsito entre los pasillos del Instituto Científico y Literario de Toluca (antecedente de la Uaeméx.); fue basto el cumulo de conocimiento compartido entre sus aulas; grato es que en los ceremoniales universitarios, entonemos los bellos versos de su himno que son los hijos inmortales de la pluma de nuestro biografiado; en la entrada de la Biblioteca Central de nuestra Universidad vigilante se encuentra la estatua del maestro, aquel que alguna vez fuera injustamente exiliado de su templo del saber, lo cual no le impidió fulgurar entre las juventudes mexiquenses el luchar por su amada provincia: "porque la provincia es la Patria".

El 13 de septiembre de 1956 marca la fecha; Horacio Zúñiga partió al mundo de los inmortales, existiendo a través de la palabra: "la palabra, siempre la pabra" en la vida del verbomotor; por que bajo su amparo: "somos brazo que lucha y espíritu que crea".

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