ALAS DE MARIPOSAS Y MUJERES

Guadalupe Tzibi

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Mariposas amarillas con olor a almendras dulces

Damos la más cordial bienvenida a Guadalupe Tzibi, con su columna ALAS DE MARIPOSAS Y MUJERES:
martes, 10 de julio de 2018
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Empezamos el día muy emocionadas, oliendo todos los perfumes que nos mostraban, además, compramos helado de máquina en cada local por donde pasamos, pero, hacía mucho calor y tantas esencias juntas hicieron que me doliera la cabeza.

A las tres ya casi recorríamos todas las perfumerías del centro y la calle de Tacuba, hasta esa hora no encontramos uno que oliera a almendras amargas, todos los perfumes que nos mostraban con esencia de almendras, eran de almendras dulces, no amargas.

Para esa hora mi amiga Vico estaba desesperada, al principio quería oler todos, después, quería aventarlos, pero se conformó con evadir la mano de quien nos daba la muestra a oler.

Ya estando en la famosa y antigua perfumería Tacuba 13 se me olvidó por un momento eldolor de cabeza: es como un pequeño museo del perfume, se supone que ahí se encuentra cualquier aroma habido y por haber, además de envases, tapas de figuras, atomizadores, etc.

Entramos, para observar tuve que esquivar a la gente, estirarme mucho, empujar y hasta pisar a algunas señoras, me urgía localizar mi esencia de almendras amargas, por más que busque no la encontré.

Vico, emocionada, no me estaba ayudando, parecía que estaba haciendo su perfume mental personificado.

Después de un rato nos quedamos recargadas en el mostrador, nos atendió un joven.

Ella aceptó que le hicieran un perfume que combinara con su personalidad de bailarina, yo no, me hicieron el test, querían darme uno muy parecido a "Inmortal twilight", perfume inspirado en la saga de Crepúsculo, a lo que dije que no, que en ese caso me dieran uno como el de recogiendo manzanas, "In The Library" de Christopher Brosius, el joven me lo estaba preparando cuando me arrepentí, no iba a ir de tan lejos por un perfume que no era de almendras amargas.

- ¿Qué?, ¿que ya no lo quiere?, lo siento señorita de todos modos va a tener que pagarlo, dijo molesto.

Le reclamé que por qué, si no me lo llevaría. En ese momento pisé a una chava que estaba atrás de mí oliendo su nuevo perfume, del dolor lo dejó caer y se rompió.

Tomé a Vico de la mano, salí corriendo, no traía el dinero suficiente porque tenía que pagar el de mi amiga, el mío y ahora otro.

Los empleados salieron corriendo tras de nosotras, nos alcanzaron, me dijeron: -Si no paga los tres perfumes llamamos a la policía y se va a la cárcel, así que pague.

Nos quedamos sin dinero para regresar a casa.

Pedimos dinero en el Metro pero no juntamos lo suficiente, la gente nos decía: -Tan grandotas y pidiendo dinero, pónganse a trabajar.

Así que tuvimos que quedarnos a dormir en la terminal de autobuses, congelándonos, cansadas, hasta el día siguiente que mi papá fue por nosotras.

Mi padre me miro con tristeza, volvió a mirarme, por fin lo soltó: ­-No lo puedo creer, todo por un méndigo perfume, ¿qué cabeza tienes? Estás castigada, gracias a Dios que no les pasó nada, imagínate todo lo que les pudo haber pasado...

Sentí frustración, había imaginado por mucho tiempo ese día, regresar a casa con mi perfume, pero sobre todo, que cuando Víctor me volviera a ver para despedirse, me recordara para siempre como Florentino Ariza a Fernanda Daza, ser inolvidable era todo lo que quería.

Claro que le respondí: -Ninguna, con lágrimas en los ojos, en la nariz y en la garganta.

Tal vez García Márquez sabía que el olor está más abrazado al recuerdo que cualquier otra cosa y no quería ser olvidado jamás, pero nunca lo dijo, al contrario trató de ocultarlo, pues pocas veces mencionó los olores como recurso literario.

En el libro El olor de la guayaba, Gabriel García Márquez cuenta a Plinio A. Mendoza que cuando escribía El otoño del patriarca lo suspendió varias veces, una de ellas fue cuando no conseguía que hiciera calor, "Era grave, porque se trataba de una ciudad en el Caribe, donde debía hacer un calor tremendo", lo consiguió sembrando unas plantas y un olor, sin embargo, en la literatura de Gabo el olor no está presente sólo para ambientar una casa o una ciudad, sino que fue un recurso que ocupó en casi todas sus historias, para diferentes cosas y circunstancias, mismo que nos permite recrear esas imágenes plasmadas con palabras.

En los olores, García Márquez encontró la manera educada de trasmitirnos su forma de percibir la vida y el mundo, además de hacernos conscientes de lo importante que es para nosotros el sentido del olfato.

Lo malo es que no fue en todos sus libros.

No es el primer escritor que ocupa el olor como un recurso literario, ni determinante del destino de sus personajes, pues, uno de los representantes de éste, es Patrick Süskind con El Perfume.

En la Divina Comedia se puede percibir el azufre y Bukowski escribía con olor a whiskey, pero a "Gabo" el olor le sirvió para todo.

En la vida cotidiana, de igual manera, asociamos los olores con recuerdos, personas o situaciones.

Cuando queremos recordar algo que nos pasó, muchas veces empezamos a hacerlo por el olor de esa persona o esa casa, es un determinante del recuerdo y posiblemente Gabriel lo tenía como principio básico.

Cuando pensaba en su abuela también recordaba su olor, en su obra la mayoría de sus personajes son acompañados por un olor inolvidable, en Cien años de soledad Úrsula recordó a Melquiades para siempre por un olor mordiente, el del bicloruro de mercurio, José Arcadio y Arcadio recordaron a Pilar Ternera por el olor a humo que tenía en las axilas y Amaranta a Pietro Crispí por su olor de lavanda.

En Crónica de una muerte anunciada Pedro Vicario recordó para siempre a Santiago Nasar por su peculiar olor "en ese momento los reconfortaba el prestigio de haber cumplido con su ley, y su única inquietud era la persistencia del olor.

Pidieron agua abundante, jabón de monte y estropajo, y se lavaron la sangre de los brazos y la cara, y lavaron además las camisas, pero no lograron descansar", claro que esta forma de recuerdo no era el más agradable.

La peste de Santigo Nasar representaba la culpa y el castigo, de la misma manera en Cien años de soledad cuando Amaranta se sintió culpable de la muerte de Pietro Crespi "puso la mano en las brasas del fogón, hasta que le dolió tanto que no sintió más dolor, sino la pestilencia de su propia carne chamuscada".

Por el contrario esta técnica fue utilizada para traer cosas buenas. como cuando menciona a los olores como curativos y preventivos para que sus personajes no se contagien de la peste, en Del amor y otros demonios Bernarda se bañaba con jabones perfumados y hierbas aromáticas para mantenerse relajada, hablando de demonios, en el cuento Un día después del sábado, el padre Antonio Isabel atribuía el hedor pestilente al demonio "interrumpido su liviano sueño por una tufarada nauseabunda pero no supo si atribuirlo a una pesadilla o a un nuevo y original recurso satánico para perturbar su sueño...Podría ser, pensó un dramático sermón sobre la habilidad de Satán para filtrarse en el corazón humano por cualquiera de los cinco sentidos".

En algunos libros utiliza mucho la descripción del olor y eso ayuda bastante a transmitir, sobre todo en Cien años de soledad, más que en otros libros, como Remedios La bella que a pesar de que los hombres estuvieran muertos seguían oliendo a su olor que quedaba impregnado por todas partes donde ella pisara, tocara o pasara.

Sin embargo, en otros, no utilizó este recurso, como en el coronel no tiene quien le escriba o Los funerales de mamá grande excepto por Un día después del sábado, en este libro y El Coronel no tiene quien le escriba, por mucho pone frases como "adentro flotaba un sofocante olor a carmín de labios" o "entraron en una sala impregnada de un viejo olor de flores", olores muy fáciles de imaginar y que no provocan mucho en la historia.

Además el olor también fue utilizado por Gabo como un determinante de la vida o destino de sus personajes, por ejemplo la bisabuela de Úrsula Iguarán quedó infeliz para siempre ya que se sentó en un fogón y se quemó el trasero, "renunció a toda clase de hábitos sociales obsesionada por la idea de que su cuerpo desprendía un olor a chamusquina".

Desde sus comienzos como escritor hizo de este recurso algo importante para sus historias, pues en su primera novela La hojarasca el olor fue un determinante para que avanzara: "En la habitación donde han puesto el cadáver huele a baúles, pero no los veo por ninguna parte.

Hay una hamaca en el rincón, colgada de la argolla por uno de sus extremos. Hay un olor a desperdicios.

Y creo que las cosas arruinadas y casi deshechas que nos rodean tienen el aspecto de las cosas que deben oler a desperdicios aunque realmente tengan otro olor".

Para que pudieran enterrar al muerto, tenía que desprender ese olor, ya que no se podía estar seguro de que estuviera en verdad muerto, si no, es que no olía.

La hojarasca termina con que va a ser enterrado y esta frase "Ahora sentirán el olor.

Ahora todos los alcaravanes se pondrán a cantar".

El olor también fue un determinante para mí ese día, descubrí algo importante por buscar el de las almendras amargas, ya que quedé castigada.

El castigo fue cortar toda la huerta de café de mi abuela y fue ahí cortando cuando descubrí que después de todo nunca encontré esa esencia porque no era para mí.

Mi olor y lo que a mí en verdad me representa es el olor a café podrido con hojas de plátano blanco.

Mi esencia es esa, porque tengo las raíces y el corazón ahí, en mi pueblo y esa es la única manera de ser recordada para siempre, ser única y auténtica.

En conclusión, los olores dieron a Gabo la oportunidad de transmitir sus imágenes de la mejor manera, ambientando las casas, ciudades, calles, en general todos sus escenarios, pero también, fueron un parteaguas para que sus historias avanzaran, un recurso que utilizaba cuando ya no sabía cómo continuar o que hacer.

De igual manera son representativos de sus personajes y nos dicen mucho de su carácter, nos permiten conocerlos mejor.

Por otro lado son utilizados como acciones positivas o negativas, como castigo o premio al lograr salvar a sus personajes de la culpa.

Para García Márquez hasta la comida estaba perfumada, no describe la sopa con especias sino perfumada con hierbas de olor.

Las historias en las que no utiliza tanto los olores serían más interesantes y entretenidas si los hubiera utilizado.

 

Comentarios

  • Grata lectura.
    por Sarón Mayorga, 11/07/2018 12:28
    DesaprueboApruebo
    +2

    Exquisito leerte, es placentero v cómo fluye tu narración. Esperamos seguir deleitándonos con tus letras.

  • Más allá de la palabra tu propio estilo de narrar
    por Mar Barrientos, 11/07/2018 05:49
    DesaprueboApruebo
    +3

    Natural y sensitivo. De pronto al leerte evoca tu lectura a esos viajes entre el pasado y el lugar habitado donde hay alimento y vida y recuerdos y logras que percibamos esos olores que nos dices.

  • Felicidades
    por Raul Olivera Lara, 10/07/2018 11:24
    DesaprueboApruebo
    +4

    En todas las ocasiones es mejor recibir una felicitación a tiempo que palabras de aliento,me da gusto que nunca hayas necesitado las segundas, tu manera de escribir es ligera y entretenida, me recuerda una joven Gabriela Mistral, tu estilo fluye con gracia y simpatía por la hoja, pero mas importante aún es que lo hace sin presunción.

    Me gusta tu escritura, y espero seguir leyendo más cada semana, te mando un fuerte abrazo.

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Perfil del Autor

Comunicóloga, diplomada en Creación Literaria y en estudios de Género. Como

periodista ha colaborado en la Agencia de Noticias, en revista, en periódicos.

Como poeta ha publicado en antologías y revistas.

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