Tianguis global

Rodrigo Sánchez Arce

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''Vivir con dos olas de mar dentro de la cabeza…''

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jueves, 12 de julio de 2018
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El pasado domingo 8 de julio Carmen Mondragón Valseca cumplió 125 años de nacida.

Y el pasado 23 de enero cumplió 40 años de fallecida.

En mi experiencia de hace 10 ó 15 años, Frida Kahlo dominaba el mundo de las mujeres artistas de la primera mitad del siglo XX.

En los primeros años de este siglo surgió una "Fridomanía" que trascendió las fronteras de México, la cual se acentuó hace 11 años con la monumental exposición "Frida Kahlo 1907-2007", como homenaje nacional del Palacio de Bellas Artes por el centenario de su nacimiento.

Cualquiera que escuche la siguiente sentencia me crucificaría, pero la verdad es que Frida nunca me ha gustado.

Con excepción de contadas pinturas de flores y frutas o un paisaje urbano, el resto de su obra refleja un narcisismo puro, un insufrible y ególatra sufrimiento.

Mi error fue no haberme interesado en conocer a otras artistas de la época como Cordelia Urueta, Lupe Marín, María Izquierdo, Lilia Carrillo, Olga Costa, Angelina Beloff, Lola Cueto o Aurora Reyes; las fotógrafas Tina Modotti y Lola Álvarez Bravo; o la mecenas Antonieta Rivas Mercado.

Luego que las conocí fui reafirmando mi posición de que, honestamente, no me gusta Frida Kahlo.

Aún más, todo cambió para mí cuando conocí a Nahui Olin.

Sabía de su existencia, incluso que su padre fue el general Manuel Mondragón, aquél que traicionó a Madero al encabezar la Decena Trágica junto a Félix Díaz y Victoriano Huerta.

No obstante, fue allá por el año 2012 ó 2013 cuando la "descubrí" en alguna exposición del Museo del Estanquillo.

Al observar las fotografías que le hizo Antonio Garduño en las que modela desnuda, quedé prendado de ella.

No le digan a mi esposa, pero realmente me enamoré.

Posteriormente, en el 2016, el Estanquillo presentó la exposición "¡Que se abra esa puerta! Sexualidad, sensualidad y erotismo", cuya imagen principal es una Nahui asomada en una puerta antigua y barroca del templo de Tepotzotlán, en la que aparece vestida de monja y en posición expectante, mirando de lado, con unos ojos esperando ver algo malo, tal vez un diablo o un cura.

La verdad, la Nahui vestida me pareció mucho más interesante todavía por su histrionismo nato y por su capacidad de llevar a cabo lo que hoy llamamos "performances".

A partir de ese momento me empecé a fijar más pues las aguas comenzaron a moverse hacia el molino, más bien remolino que representa Nahui Olin.

Comenzaron a salir artículos de Elena Poniatowska y algunos de sus biógrafos como Tomás Zurián y Adriana Malvido; se anunció la realización de la película Nahui, que el director Gerardo Tort estrena este año con la actriz Irene Azuela interpretando a la musa; además, a principios de 2018 se publicó el libro Nahui Olin (Circe) de Adriana Malvido, cuya primera edición se remonta a 1993.

Hay algo que resalta de inmediato en las imágenes de Nahui Olin, más allá de su cuerpo: sus ojos azules, lo más expresivo, atractivo y diabólico que tenía, aún en blanco y negro.

Es sabido lo que la Poniatowska dice de ella: que "tenía el mar en los ojos" y que "vivir con dos olas de mar dentro de la cabeza no ha de ser fácil".

Y la Poni también utiliza un neologismo para describir cuando alguien queda hipnotizado con sus ojos, dice que uno queda "ennahuizado".

Estas aguas oculares azules desembocaron en el Museo Nacional de Arte el pasado 15 de junio, cuando se inauguró la exposición Nahui Olin.

La mirada infinita. No es la primera vez que se rinde homenaje a esta artista.

En 1993, en ocasión del centenario de su nacimiento, el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo llevó a cabo la primera gran retrospectiva de su vida.

Veinticinco años después podemos admirar La mirada infinita, la exposición más grande que hasta el momento se le ha hecho a esta mujer icono del arte mexicano.

Carmen Mondragón nació el 8 de julio de 1893 en Villa de Tacubaya, ciudad de México, en el seno de una familia porfirista de alcurnia.

Como dije, fue hija del general Manuel Mondragón, y de Mercedes Valseca. Un detalle en el que sólo puede reparar un mexiquense es el vínculo de Nahui con el Estado de México: su padre nació en 1859 en Ixtlahuaca, quien era propietario de una hacienda en Temascaltepec en la que, se cuenta, a una Nahui adolescente le gustaba montar a caballo y cabalgar desnuda.

Su vida es cada vez más conocida. Recibió una educación esmerada y fina y desde muy niña demostró gran inteligencia y precocidad.

En 1913, a los 19 años, se casó con un aprendiz de diplomático que después sería pintor: Manuel Rodríguez Lozano (este personaje de plano me cae mal, lo considero un vividor que exprimió no sólo a los Mondragón, también la fortuna de Antonieta Rivas Mercado, pero esa es otra historia).

Dado que su padre salió del país al caer el régimen huertista, toda la familia lo siguió a Europa.

El general Mondragón murió en 1922 en el exilio en San Sebastián, España (hace falta indagar más en la relación de Nahui con su padre).

Nahui regresaría un año antes sólo para divorciarse y comenzar, por un lado y en cuanto a su vida personal, una serie de relaciones amorosas con varios hombres (el doctor Atl, Matías Santoyo, Eugenio Agacino, Orlando).

Su relación más conocida y tormentosa fue con Gerardo Murillo, el doctor Atl, a quien se considera el amor de su vida y con quien vivió en las habitaciones del convento de la Merced, en la ciudad de México.

Pero lo más importante es que en la década de 1920 comenzó su etapa artística de mayor creatividad, la cual dura poco más de dos décadas, hasta los años 40, luego de lo cual comenzó a decaer para dedicarse solamente a participar en exposiciones pictóricas.

La mirada infinita muestra todas las facetas artísticas de Nahui bajo la mirada del principal especialista "ennahuizado" y también curador de la exposición: Tomás Zurián.

De esta forma se exhibe a la Nahui caricaturista, dibujante, grabadora, pintora, escritora, poetisa y modelo.

Pero también se presenta la Nahui musa de otros artistas que sobre todo la retrataron y pintaron.

Es una muestra única e imperdible como otras que ha presentado el MUNAL, pero sobre todo es reivindicación de una de las grandes artistas de nuestro país.

Próximamente seguiré hablando de esas olas de mar dentro de una cabeza...

 

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Perfil del Autor

Investigador de la Paz y no Violencia con énfasis en las diversas manifestaciones  artísticas y culturales.
Apuntes sobre Cultura y Artes de un no experto.