
“Estamos en la fase de conocer a las comunidades de artesanos más pobres o vulnerables, y con base en conocer sus dificultades, y después implementar un programa específico para cada comunidad con sus artesanos, quizás podamos empezar primero en Tejupilco hacia Luvianos y otros lugares, iniciar con un Programa Piloto y después replicarlo a otras comunidades.
Ésa será la preocupación central de esta administración”.
Señaló que tienen un padrón de 25 mil artesanos registrados y posiblemente estén en pobreza dos mil artesanos aproximadamente, a quienes se les ha dado apoyo, pero no les perderán de vista, visitarlos en sus comunidades, saber cuáles son las dificultades que tienen para vender sus artesanías y tener programas específicos para promoverse, incluso haciendo convenios con empresas.
“Un ejemplo son las artesanas de Tejupilco que trabajan el deshilado en textil, ellas hacen carpetas o manteles, todo con mucha dificultad porque no es fácil de conseguir el dinero para comprar la materia prima.
Cuando ya tienen el producto, está el problema de que son comunidades que quedan a una hora de distancia de la cabecera municipal, y ahí está el inconveniente de a quién se lo venderán”.
Generalmente los revendedores, quienes son quienes tienen las mayores posibilidades, se los compran a un precio bajo y se los llevan a vender a un precio mucho muy alto a las ciudades, y justa ahí es donde intervendrá el IIFAEM.
“Lo que podemos hacer es ayudarles a que vendan sus productos más rápido, que sus piezas tengan mayor calidad porque quizás trabajan “como les enseñó su mamá”, así que queremos tener cursos para que mejoren la calidad de sus trabajos, que a veces aunque es bueno el deshilado, no escogen la tela precisa o el color más bonito, es decir, hay que ayudarlos”.
Destacó que sus mayores dificultades son conseguir la materia prima y luego, vender rápido y a un precio justo por su labor, aunque a eso se suma el costo de sus traslados porque son gente que vive en lugares apartados, lo que los hace más vulnerables por las distancias.
“No es lo mismo un artesano que vive en la cabecera municipal y que tiene todo “a la mano” para comprarlo y venderlo más fácilmente, que para quienes viven en comunidades alejadas, pobres y sin recursos para viajar”.




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