Padres invadiendo autoridad de los maestros

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La disputa de competencias entre un profesional y otros adultos se traslada a la escuela.

La falta de respeto a las normas de convivencia en distintos ámbitos y la disputa de competencias entre un profesional y otros adultos, forman parte de un comportamiento social que se traslada también a la escuela. Los especialistas señalan que, según las experiencias recogidas, suele tratarse de casos en los que los hijos tienen mayor control sobre sus padres, lo que provoca que estos se vuelvan incapaces a la hora de visualizar errores o acciones incorrectas en ellos.

¿La recomendación? que los maestros dediquen más tiempo a explicar a esos padres las decisiones que afectan a sus hijos. Aunque cueste.

Pero la realidad es más complicada, tener “una comunidad educativa muy participativa, pero que también incluye padres que cuestionan todo al docente y a la escuela”. “Esto comenzó a verse estos últimos diez años. Antes veían a un maestro con su guardapolvo blanco y lo respetaban. Ahora se olvidan que están frente a un profesional”. “Vengo de una generación en la que los padres eran aliados de los docentes en la educación de sus hijos. Hoy eso se ve cada vez menos. Hoy muchos padres ponen la palabra del chico por sobre la de su maestro. Tuvimos casos donde los alumnos esconden o pierden a propósito la prueba donde fueron mal calificados y los padres le creen a ellos en lugar de creerle al docente. También debaten sobre las evaluaciones o sobre las normas de convivencia de muy mala manera, al punto de que hubo mamás que insultaron al docente de sus hijos delante de ellos”.

Otro problema se da cuando los padres intentan manejar la dinámica de la escuela. “Hoy, con los grupos de WhatsApp, los padres pueden modificar la rutina escolar. Cualquier mentira volcada en ese grupo se vuelve verdad. Ya ocurrió, alguien escribió en el chat que una maestra iba a faltar y que ese grado no tenía clases. Como consecuencia, al otro día faltaron más de diez alumnos y la docente había venido a trabajar”, cuenta la directora, y remarca: “Todo esto nos lleva a tener que poner cierta distancia con los padres”. Esto sucede porque “en la escuela aún existen normas de convivencia y cierta disciplina y a los padres cada vez les cuesta más tener autoridad frente a sus hijos. Es muy común escucharlos decir que ya no saben qué hacer con ellos. Entonces esperan que la escuela resuelva todo”.

Es una caja de resonancia de lo que pasa afuera y nosotros creemos que no se debe romper el lazo de la escuela con la familia. Además, “siempre sugerimos a los padres que hablen su problema en ésta y si es necesario que sigan los canales institucionales. Para eso contamos también con equipos de convivencia saludable, que están a disposición de todas los centros de enseñanza”.

En muchos casos los padres no quieren escuchar la explicación que la escuela tiene para dar ni su descargo, lo que hace más complejo abordar el problema”, en general, las quejas de los padres no provienen por temas estrictamente educativos, como la enseñanza de lengua o matemáticas, sino por los límites que marca. Muchos se enojan cuando el docente apercibe oralmente a su hijo porque no les gusta, pero deben respetar los roles. Se debe empezar el año acordando un modo para anticiparse al conflicto y, una vez acordado, cumplirlo. La institución tiene que definir la comunicación antes de que los padres se conviertan en los abogados de los hijos, la necesidad de volver a recuperar un orden, fijando los derechos de cada uno, incluso el de los padres, y remarca que el problema es que venimos de años de tareas enmarañadas y eso confunde a los alumnos. La idea es que más allá de su condición de adultos, los padres sepan que no son pares de los docentes.

Que deben respetar su lugar y eso es un modelo que debe servir para los chicos.

Docentes, especialistas y autoridades coinciden en reconocer que están frente a un proceso novedoso y difícil de resolver. Será tarea de todos ellos hacerlo, pero sin dudas necesitarán también la colaboración de los padres.