Palabra en Libertad

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“El orador habitualmente se crece cuando habla, aumenta su estatura,

arrebata con el calor de sus palabras, persuade y conmueve a la vez.”

José Muñoz Cota

 

 

La palabra llena de júbilo en un México naciente, enciende su redención en los labios taumaturgos de los misioneros españoles; resonando las bondades de fray Bernardino de Sahagún y Bartolomé de las Casas, quienes ungían su verbo con la verdad que anunciaban: predicando una libertad que hermana corazones, amor de un pueblo por su creador, pero a la vez esperanza de un camino a la redención y luz para la salvación del alma.

Actos sonoros fueron los cantos de dolor y resentimiento de un México sosegado por la opresión de los españoles; un discurso enmudecido, encadenado a ser pronunciado en el talud de una tribuna improvisada en la conciencia y justo ahí la educación y el amor por el pueblo arrebata del corazón de los jesuitas; los discursos incendiarios que reverdecieran la esperanza de una patria.

Ahí estaba fuerte y sonora la voz flamígera del padre Miguel Hidalgo y Costilla, con su palabra que procura libertad y que evoca a la par de José María Morelos y Pavón el sentimiento de una Nación: voces que como parvada, levantaron las alas para anunciar que el gigante, el discurso mexicano; se había despertado de su letargo y su voz retumbante por toda la Nación, proclamaba una de sus máximas virtudes: la libertad, libertad de pensamiento, libertad de la palabra, libertad de hombres y mujeres dispuestos a defender desde el pulpito de su propia vida el orgullo de una raza.

Hecatombe de guerreros libres que ofrendan su sangre para sellar un pacto con la Patria; voz que compromete y acciones que fecundan el despertar de la conciencia mexicana, por que Morir es nada cuando por la patria se muere; guerreros que resurgen de su pasado para levantar la vista y hacer honor a la palabra, enseñoreando el pecho para romper las cadenas de opresión; espíritu mexicano que encuentra entre sus valles, montañas y volcanes la cúspide impetuosa de su propia historia; esa que renace: ¡que se afianza a la palabra!.

Y México se constituye, se va construyendo con la voz de libertad e independencia, y su corazón desquebrajado se renueva y edifica; México va de nuevo moldeando su palabra, marca la síntesis de sus anhelos en el epígrafe de la libertad; busca posicionarse pero su máximo esplendor -la forma de discurso incendiario tomado de la antorcha Prometeica-, lo va formando en la tribuna parlamentaria.

Ciclo de guerras y de palabras sapienciales, de lucha que conforma una convulsión social, y surgen entonces las voces que han de hablar por México y su gente; esas que han de lanzar discursos con verdad: para denunciar, para acusar y para dar paso a la voz de la gente más necesitada.

Época de voces eruditas; de voces que en el tintero, lo mismo transitan el discurso en la tribuna que lo plasman en los diarios, para ser escuchados y leídos, para ser presencia y esencia de un México liberal, que acusa con la palabra pero construye con las manos, erudición y tránsito por los veneros de patria, la acción comprometida que en ideales se escuchaba en las tribunas populares. Las voces de una generación que nos legara los discursos más excelsos; bellas piezas que incitan a la reflexión, que mueven a la acción, discursos llenos de lógica y cultura; discursos plagados de acordes literarios con broche de oro al darle voz al alma mexicana.

Ponciano Arriaga, Ignacio Ramírez, Francisco Zarco, Ignacio Manuel Altamirano, Guillermo Prieto, Miguel Miramón y el propio patricio Benito Juárez García; hombres de ideología humanista, ungidos por la libertad de la palabra, que construyeron una Nación, siendo en su tiempo y su espacio: ciclones del verbo, destellando por su franqueza y elocuencia el Dantón de Tixtla (Ignacio Manuel Altamirano) quien en palabras de Horacio Zúñiga fuera: “…el más sugestivo… porque es la fuerza, pero la fuerza que enseña; es la inteligencia, pero la inteligencia que guía; es la imaginación, pero la imaginación que exalta y más que nada, primero que nada, el amor que todo lo ilumina, que todo lo embellece, que todo la alcanza”.

Que quede la fuerza, que quede el amor por la palabra, que esta construya bellas notas que musiten en el tiempo; por qué México tiene su libertad en la palabra.