Palabras a Francisco Navarro

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Qué bello es leer a un poeta de verdad. Aseveración arriesgada que puede ser poco seria, ante el problema que significa el poner un nombre tan grande en la vocación por la palabra, sin saber con certeza, si lo que se escribe puede tener esa acepción que aquí señalo. Tal y como lo dejó dicho el siglo pasado, con toda seriedad el poeta Jorge Luis Borges: al escribir que sólo esperaba que al fallecer, fuera considerado Poeta, aunque no le fuera reconocido nada más.

Así que denominar Poeta a Francisco Navarro, a quien le conozco porque los años de amistad ya son tantos, yendo de Toluca a Capulhuac, y viceversa, que el afecto de esa solidaridad, que se le tiene al artesano de la letra y la palabra —al mismo que escribe renglón tras renglón, Poesía en su más pura concepción— puede ocasionar que la objetividad con que se lee su más reciente libro, sea motivo más de fraternal afecto, que de las cualidades que el texto presente puede tener en el lenguaje de la poesía.

Arriesgo a sabiendas que estoy ante un poeta, el segundo en importancia de ese maravilloso pueblo de Capulhuac, sólo detrás de Josué Mirlo, patriarca de la poesía en tierra mexiquenses. La lectura de cada verso confirma que Navarro, es un poeta cierto del estado de México, y con ello de nuestro país.

Aunque no tenga la fama que podría merecer en ciudad de México, porque como Josué Mirlo, ha decidido ser más un poeta del Valle de Toluca, que el escritor que yendo físicamente hacia el centro del país, decide plantear su presencia, ya afortunada en su poesía: misma que reboza ternura, amor por el terruño que le vio nacer y, en el que ha sembrado familia, afectos, y en particular, seguimiento de la huella del poeta Mirlo: siendo a la vez su maestro y ahora, si viviera el amado poeta del siglo XX, seguramente un lector apasionado de Francisco Navarro, en sus múltiples poemarios, de los cuales ha editado a través de Casas del Poeta AC.

Al ver que su alumno es ya un serio escritor y poeta, que merece el nombre por el dominio de la lengua, de la riqueza en sus metáforas; de la dulzura que se va desprendiendo en cada palabra, en cada verso, para hablar del pueblo tan triste y tan huraño que describiera Mirlo, el vate del pueblito de Capulhuac a mediados del siglo XX.

Navarro escribe con cariño de hijo que nunca ha de abandonar a su terruño ubicado en el centro del país. Aunque haya viajado por América, llevando a su pueblo a cuestas, en particular en encuentros de poetas y trovadores en tierras de Cuba, Chile o el Perú.

Escucho la voz del campo. / Sinfonía magistral de pájaros en vuelo su lenguaje acabado, refinado, de escribir a diario con pasión y voluntad; expresión de un paisaje que nos deja claro, que si queremos saber qué cosa es este espacio de la microhistoria —siguiendo la huella del historiados Luis González y González—, comunidad donde nacen tanto la historia de un país, así como los amores más estremecedores de la narrativa mexicana. Donde ha visto paisajes que se extienden por todo lo que su vista alcanza a ver, y en ese recorrido se desgranan sus versos con un colorido único, con un estilo que ya se le identifica en la entidad.

El poeta está en el dominio de su estilo y de la conjunción de lo que hace que el escritor sea un tallador de diamantes, de palabras y letras, que van dejando un rosario de bellezas en cada verso: Tras breve tiempo / el trino se vuelve campana / tañer que invita al rezo / es la hora del Señor / en que todo se hace silencio.

El tallador de palabras, tiene ante sí, la necesidad de demostrar con su imaginación, que es capaz de recrear aquellos crepúsculos que vio días y días de atardeceres en su pueblito; el mismo que parecía perdido en el jergón de valles y colinas, que hoy se han vuelto territorio de la urbanidad en pleno siglo XXI.

La recuperación de Francisco Navarro en este poemario es de vital importancia para lo que llamamos poesía bucólica: pues sigue fiel a la poesía del paisaje, traslúcido territorio campesino que en México cada día parece más lejano; en particular para el centro del país, donde el mundo rural, los territorios de riqueza natural de México, han sido suplantados por la modernidad, por el desproporcionado crecimiento urbanístico que está acabando de manera veloz con agua, aire y tierra: riqueza ecológica en otros tiempos que eran nuestro orgullo ante el mundo.

Sobre los rizos del lago / hace cabriolas la luna. / ¡Juega que juega cabrilleando en plata / sobre los rizos del agua! dominio del lenguaje que es metáfora, riqueza de la expresión castellana, pero también de lo que aporta México a este idioma universal a través de sus lenguas originarias como el náhuatl.

Por eso Francisco Navarro es un Poeta, porque pone en sus imaginerías sabiduría del lenguaje, elocuencia en el burilar; sabiendo que sus afectos deben de estar equilibrados en su decir, para que el dibujo que hace de sus calles, de sus campos floridos, de sus casas de adobe están ahí con tal certeza, que el lector no puede negar la existencia de un pueblo que es realidad viva en el estado de México.

Un poemario más a las letras mexiquenses y mexicanas. Una lectura que nos hace entender lo que el amante de la Palabra puede hacer cuando escribe con pasión por el lugar de su existencia. Porque ahí tiene a sus quereres en familia, casa, amistades y vecinos que son parte de una cultura que México ha ido perdiendo con triste rapidez, y sobrada soberbia ante lo que debiera de ser nuestro mayor tesoro: la tierra, sus campos, aves y paisajes que cada tarde con tremolada existencia, hacen que el poeta descifre nuestro espíritu, y el espíritu de su pueblo.