+ Para la Historia: Festejo en el Zócalo por un Año de Ocurrencias; dislate por defender a Hank

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La frase

Festejar un año de triunfo electoral con seis meses de equívocos, equivale a parodiar “seré curioso, señor presidente, de qué se ríe, de qué se ríe”.

MARIO BENEDETTI

DISLATE: Todo surgió de la ocurrencia del cuarto regidor del Ayuntamiento de Toluca, de quitar el monumento en memoria de Carlos Hank González en Paseo Tollocan.

Días después surgió la carta de Víctor Humberto Benítez Treviño, a la directora de un periódico local, que dio cabida a la ocurrencia del regidor. En donde da argumentos para erigir dicho monumento. Le apoya en ese rubro el diputado Miguel Sámano Peralta.

Hasta ahí todo está bien, porque usted, amable lector, puede estar a favor o en contra, según como le haya ido en la feria con el profesor Hank.

Pero entró la tercerización de parte de Juan Bustillos, dueño del periódico y la revista Impacto, en donde como casi muchos de los periodistas de la capital del país, creen que todo lo saben y se les hace bolas el engrudo al salir de su ciudad, porque piensan que todo es Cuautitlán.

Convierte por obra y gracia de su pluma a Rosa María Coyotécatl Rosas, quien es directora de El Sol de Toluca, en diputada de oposición, lo cual demuestra que Bustillos no sabe leer, pues publica la carta de Humberto, que está dirigida a la periodista.

Designa a Hank como el “atlacomulquense” transformador del Estado de México, cuando el profesor nació en Santiago Tianguistenco, no en el municipio norteño de nuestra entidad.

Quizá quiso ligarlo al llamado y mítico Grupo Atlacomulco, pero su gran nexo en ese aspecto fue con don Isidro Fabela, quien llamaba a Hank “Mi Jilguerillo”.

Total que por darle al violín le dio al violón. Imagínese usted a los lectores de Bustillo, cuando les habla de la política en otros Estados, con cuantas imprecisiones.

Y lo increíble estriba en que a pesar de que publica la carta, no la leyó a cabalidad, no la entendió y si en cambio tergiversó el meollo del asunto.

Escuchó el canto de las sirenas, pero además tenía en sus manos la partitura y ni así le atinó.

En conclusión, Bustillos apoya a Hank, apoya a Humberto Benítez, a Miguel Sámano, convierte en diputada a Rosa María Coyotécatl, pero ignora olímpicamente al regidor perredista Arturo Chavarría, quien fue el de la idea y quien menos publicidad recibió. Prácticamente nada.

Para la Historia: Festejo en el Zócalo por un Año de Ocurrencias

Este lunes quedará marcado en la historia de México, como la fecha en que el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador convocó al “pueblo bueno” a festejar un año de ocurrencias, un país dividido y enconado, a partir de su triunfo electoral del 1 de julio del 2018, cuando todos los indicadores oficiales y académicos en materia económica, de productividad, exportaciones, generación de empleo formal, combate a la delincuencia, impunidad y corrupción, advierten del precipicio al que se encamina la nación.

Un festejo que inicialmente iba a ser transmitido de costa a costa y de frontera a frontera en cadena nacional, pero que luego, la Secretaría de Gobernación reculó al respecto, quizá para no caer en lo fifí que tanto critican.

Ya en la víspera, diversas capitales de entidades del país eran escenario de otra concentración masiva para protestar por el absurdo festejo presidencial desde la plaza pública, con las masas que lo siguen incondicionalmente con tal de recibir la limosna del erario público que les permita mantenerse en la comodidad de “ninis”, personas que ni estudian ni trabajan y que sólo cumplen fielmente su papel de aplaudidores del caudillo que disfruta repartiendo la riqueza producida por todos los mexicanos, en lugar de emplearla para generar empleo que realmente resuelva de raíz la condición de pobreza de la gente.

Ni a propios ni a extraños ha sorprendido el festejo presidencial en su primer aniversario de la victoria electoral, luego de una eterna espera de 20 años por conquistar el poder a base de crecientes promesas de resolver todos los problemas del país, para darle a las familias mexicanas el bienestar con el que siempre soñaron: tener todas las comodidades sin el mínimo esfuerzo.

Casi todos los festejos en México, son en los cumpleaños. Casi todos se hacen quizá con sinceridad en la primera ocasión, pero ya después la propia fiesta se pervierte, porque en primera ya no es una invitación formal, sino que se toma como costumbre y además “a forziori”, como las peregrinaciones a diversos santuarios.

Un presidente mexicano que elude acudir a las reuniones internacionales de mandatarios con tal de no tener que enfrentar los reproches por sus yerros en materia de derechos humanos, política migratoria, democracia, aplicación de la justicia, estado laico, respeto a la soberanía de órganos autónomos, poderes federales, estados y municipios; combate al crimen organizado, defensa de la soberanía nacional y respeto al comercio internacional, y prefiere seguir en la plaza pública recibiendo loas, incienso y aplausos a las ocurrencias mañaneras en cadena nacional.

Se trata de un festejo por el primer año por el triunfo electoral, pero de apenas seis meses de gobierno con alarmantes cifras en todos los rubros que ofreció mejorar desde el primer día de su mandato, muy al estilo de los populismos de Stalin, Hitler, Fidel Castro, Chávez y Maduro, quienes acabaron con la riqueza de sus naciones, repartiendo miseria y recibiendo elogios en las plazas públicas por sus reiterados discursos ofreciendo el paraíso terrenal para los más pobres.

Un bailongo, pues, para festejar que las masas acarreadas a los mítines del incesante peregrinar por todo el territorio nacional, le aprueban y le seguirán aprobando al presidente Andrés Manuel López Obrador, a mano alzada y a petición del soberano caritativo, cada nueva ocurrencia que le vaya llegando del más allá.

Lamentablemente la economía no tiene religión, ideología política, sentimientos caritativos, ni buenos deseos; la economía responde única y exclusivamente al resultado de la productividad de cada ciudadano en lo individual y de cada sociedad en lo colectivo.

El mercado económico no regala absolutamente nada, porque cada ciudadano tiene un costo para la nación y si no produce, representa un retroceso para el que se está esforzando y produciendo.

Mientras el presidente Andrés Manuel López Obrador sigue festejando que México va hacia el precipicio, valdría la pena recordarle que la sabiduría popular a la que tanto refiere, advierte claramente que “para acabar con la pobreza, no hay que regalar el pescado, hay que enseñar a pescar”, ¿no le parece a usted, estimado lector?