Para Santana

Views: 155

 

Qué sé yo de la carne,

yo no sé nada.

Sé, acaso, del instante en que dos cuerpos

iluminan al mundo

desdibujando toda fragmentación desenfrenada,

tirando murallas,

volando en corceles encendidos.

 

Sé de ese instante sin tiempo, sin nombre, sin ruido.

 

Sé de tus ojos, de la avidez de tus ojos antiguos

de las cortinas negras en que te has escondido

como un demonio

y como un niño.

 

Yo no puedo enseñaros nada de la carne,

porque la carne es una triste metonimia,

raquítica y convaleciente: muerta.

 

Yo puedo, en cambio,

salir de mi carne para entrar en tus ojos,

abrirte mi río

y que pases tú,

libre,

solo,

vivo.