Pensamiento, palabra y acción

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“Piensa antes de hablar; recuerda que es mejor decir una muy buena idea que muchas malas ideas o sin contenido”

Agustín Rosa

 

 

Hermoso es el verbo en labios de quien pronuncia la verdad y la defiende como un derecho legítimo; porque la verdad define a la humanidad, es en síntesis: oro ante la carencia humana. Por tanto, la Oratoria se convierte en una vocación sagrada, la más sagrada (quizá) de las virtudes del hombre, porque por la palabra el hombre existe, se define y se recrea; por la palabra (gallarda y estoica) se han desatado espadas, y también por la ella, se han liberado espíritus; por la palabra tan certera y profunda, la humanidad tiene una luz iridiscente que le proyecta en el tiempo y el espacio.

El pasado viernes 1 de marzo, en diversas latitudes de nuestra Nación, los oradores mexicanos nos dimos cita para dar vida a los festejos que con motivo del decreto presidencial de fecha 26 de mayo de 2015, se desarrollan en nuestro país; gracias al cual se oficializó la instauración formal del Día Nacional de la Oratoria; y que mejor manera de celebrarla y reconocerla que en el foro de las ideas, en el epicentro donde como antaño, se enseñaba a los abogados de la antigua Roma el arte supremo de la palabra que defiende y acusa verdades, nunca como hoy resulto tan importante que la sociedad en su conjunto aperture el dialogo, la confrontación de ideas y la argumentación al amparo de la palabra libre.

Es dable entender que la palabra viene arraigada a la naturaleza humana, es la pieza de unión entre las ideas y las imágenes mentales, que lo mismo es asequible al hombre letrado, que al niño que va aprendiendo a comunicarse con sus semejantes (a través de la imitación), pero también: es cierto y hay que entenderlo así, que cada día el hombre pierde más su identidad, se va deshumanizando, me atrevería a decir; que se va digitalizando y va perdiendo sus facultades, la principal por supuesto; es la delicia del verbo. El reto que nos conmina palabra en el marco de la celebración del Día Nacional de la Oratoria, es arrebatarla de su vetusto sitial en donde pareciera que se encuentra en orfandad, algunos se ha pronunciado respecto a su inutilidad práctica en la actualidad y es así como desde este espacio decimos: ¡la potencia de la palabra es una extensión misma del alma de la humanidad, porque si en la Torre de Babel el hombre dejo de entenderse, es mediante las alas de la palabra en donde el hombre puede reencontrarse para tender puentes de fraternidad y lucidez!

Máxime y lo afirmamos: estamos viviendo una hecatombe en la comunicación humana, la palabra ha perdido su valor y ante esa serena realidad resulta apremiante reunirnos entorno a la palabra y hacerla nuevamente luminaria de la humanidad, es tarea de todos el defenderla e impulsarla en los labios de los que por temor callan, de quienes no pueden ser escuchados; compartir su luz con quienes están aprendiendo a vivir a nuestro país, en las escuelas donde los jóvenes tienen la noble tarea de educarse y hacer camino; en los foros donde las ideas revolotean y dan vida a la raza cosmopolita de Vasconcelos, en los juzgados donde la gente necesita ser escuchada y defender su libertad; en las Cámaras de Diputados y Senadores, donde el pueblo habla a través de sus representantes; en tantas trincheras que necesitan voces que hablen por México… Y es cierto, se necesitan más espacios y oportunidades para prepararnos, para desarrollar este bello arte de la comunicación, para llevar un hachón de luz a las nuevas generaciones.

Hemos escuchado que es legítimo derecho del hombre, el poderse expresarse y el hablar libremente para transmitir su verdad y tienen razón; los oradores pedimos nuestro derecho a hablar por México, entendemos que hablar es una responsabilidad, un compromiso impostergable con la Patria, como nos enseñara el insigne orador José Muñoz Cota en su decálogo del orador joven: “Hablar en público, y hablar bien, es un privilegio; pero al mismo tiempo una responsabilidad”,  es una responsabilidad que no escatima tiempo, que necesita ser desarrollada en plena conciencia; mientras exista un México sediento de respuestas, habrá oradores que transitaran por su voz las realidades más latentes de la Patria; porque la palabra no se empeña ni se vende, se defiende, se construye, se edifica a través de peregrinar el mundo fantástico de los libros, y andando por los viñedos de la Patria.

Como halo crepuscular, la palabra deberá ser entonces el colmenar de nuestras ideas, plagada de información y de emociones sobre lo que es nuestra Patria, porqué; todo comienza con una idea, con las imágenes de lo que entendemos sobre el mundo, y ahí estas deben ser traslapadas a nuestro verbo, cumpliendo con la máxima: “piensa todo lo que dices, pero no digas todo lo que piensas”; pues de lo contrario, estaríamos dando rienda suelta a ideas deshilvanadas que pueden perjudicar nuestra imagen o desorientar nuestro verdadero objetivo, que en la Oratoria es: convencer al auditorio. Hablar es en suma, el éxtasis del alma que para volver al remanso de la quietud, debe convertir las palabras en hechos, generando credibilidad y reputación que logra su cometido impactando al auditorio. ¡Las palabras son el discurso de nuestra propia vida, somos lo que decimos y lo que hacemos!

Cuando el bardo de Toluca, Horacio Zúñiga profería sobre la potencia del verbo que: “somos brazo que lucha y espíritu que crea” hablaba de nuestro compromiso, de la verdadera vocación de la palabra; vocación y compromiso que el Estado de México refrenda día con día, porque somos una espiral infinita de mujeres y hombres comprometidos con su tiempo, herederos del verbo incendiario de Ignacio Ramírez; del Dantón de Tixtla, Ignacio Manuel Altamirano;  del verbomotor Horacio Zúñiga; y del presidente orador Adolfo López Mateos, ese compromiso es y será ser: pensamiento, palabra y acción. Porque palabra que no lleva aparejada acción es vana ilusión.

La palabra es entonces acción, acción que edifica y empodera el espíritu del hombre; sigamos edificando la palabra de México, construyendo discursos llenos de civilidad y patriotismo, ahora nos corresponderá a más mexicanos  comprometidos celebrar el  primer viernes de marzo el Día Nacional de la Oratoria, hagámoslo hablando con nuestros hechos.