Pétalo de obsidiana de Oscar Puky Gutiérrez

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El día de la despedida del Segundo Festival Internacional de Poesía “José María Heredia 2018” aún me paseaba por el lobby del hotel, como quien no quiere ver que hay que marcharse, o quien se convence de que aún hay cosas importantes por venir. Bueno, no estaba del todo errado. Me senté en uno de los silloncitos frente a este hombre al que todos quieren; estaba regalando té de coca en sobrecitos –planta de coca–. Tomé uno con la promesa de que el cansancio desaparecería; si había resaca, también se iría como por arte de magia. Después nos regaló también el libro del que quiero contar un poco.

Esta es la primera vez que reseño un libro. Quizás usted, querido lector, note el enorme peso que tengo en los hombros, pues, elegí para comenzar, un libro plagado de emoción, que no sé si sabré transmitirle, mas aquí va.

Abre con un texto que comienza a hacer el planteamiento del contenido: lo que no mata, fortalece: Y ya me ven/ aquí/de pie/extrañamente enriquecido/por tanto terremoto/tanto desierto/tanta pesadilla.

Un hombre no puede serlo sin pasar por la infancia, esa etapa en que la aventura impera y toma el curso de la mente. El pequeño Puky pinta sus hazañas a través de místicas ciudades del Perú, Egipto o Grecia; otra, formidable lo encamina más adentro: lo conduce/hacia la ciudad velada/hacia el templo de oro/de mi mundo interior al que ya no deja de viajar constantemente, donde ahora la consciencia es quien guía los pasos: Allí está la cordillera del deseo/el desierto del olvido/la bruma del quebranto/el altar de mi fuego. Y ahora sí, una vez hallado el centro exacto de mi (su) Vida, se pone EN RUTA a experimentar las aventuras que alguna vez soñó.

Hasta aquí, el mensaje es claro: no hay hazaña más grande, no hay conquista más noble que la de uno mismo.

Con un toque de humor, como una burla, quizás hacia todos aquellos poetas que no saben hablar del amor, que no saben de la compasión, del abrazo con el prójimo; aquellos que prefieren el discurso de la indiferencia y se preocupan por mostrar

 

cuánto les duele todo lo anterior, aparece mi poema favorito Sucede que yo veo a la gente masticando/su pena honda/golpeada su frágil fe/en una dieta no elegida […] Bienaventurado sea/ el poeta que deambule por el asombro/que comparta domicilio junto al fuego/y que produzca así una sonrisa mostrando así que la misión del poeta es la de la donación de sí mismo hacia los otros y nada más.

La contemplación, la admiración, la alegría por el florecimiento de los tiempos y sus estaciones, por los escenarios verdosos, por la magia que posee el Ser Humano más allá de sus oscuridades, todo esto es lo que viene a relatar y festejar con sus letras el autor, tomándolos como instrumentos de trascendencia, tomando también las carencias como áreas de aprendizaje Ningún desierto es en vano, dice; Somos mortales/Celebremos tan alta bendición. Despide a la podredumbre, a las tinieblas del alma, se separa de entes sombríos con un contundente Namasté, motherfuckers justo después de evocar versos de Benedetti, mas él pide que no cuenten con él.

De alguna u otra manera todos hemos vivido la muerte o cuando menos, la hemos imaginado. Nos hemos visto dentro el ataúd siendo llevados en hombros, con todo y cajón hacia la tierra, pero antes a la ceremonia de último adiós. Y obligatoriamente nacen dudas como súbitos cuchillos en la entraña; no se sabe por dónde entran: ¿Y si de golpe muero/y no hice que valiera la pena/el privilegio y el azar/ de estar vivo? […y no fui amado por nadie, por nadie/–ni siquiera abstracta o fugazmente. Invitados a la reflexión nocturna nos hallaremos, quizás como Lázaro o, cuando menos su aprendiz, como Óscar lo escribe: Hoy/maravilla de maravillas/simplemente/resucité para replantear la vida y optimizar el tiempo aquí en la superficie terrestre.

TEOLOGÍA DOMÉSTICA es quizás el mejor referente para hacer que madres y abuelas nos griten el clásico ¡Usas a Dios a tu conveniencia! Y tal vez tengan razón; el punto es hacerlo funcionar. Y en este poema, Jesús y su Padre parecen ser los responsables de todo lo bueno.

Conozco la patria de las cosas escondidas/[…]/la estrepitosa y gentil comarca del abrazo. Así llega PÉTALO DE OBSIDIANA, poema de victorias; que acoge

 

primaveras, sonrisas, abrazos, fe, besos, silencios, asombros, esperanza; pero también de desencuentros: ausencia, desilusión, derrumbe, frío, muerte.

Pero, calma, de los traidores se encarga la horca; el engaño es una trampa en la que es casi imposible volver a caer: Nadie más respira este aire/[…]/A nadie más le consta/ lo que estos ojos han visto/[…]/ Ya maté/Ya morí/Ya resucité/A nadie le rindo cuentas.

El hombre se declara listo para todo, hasta para lo único inevitable. Se enfrenta al mundo con su experiencia, dolores, cicatrices, con su esperanza, con su sonrisa, con su poesía, con su canto con los brazos bien abiertos… y con té de coca para los amigos.

Estamos frente a un libro físicamente pequeño, pero gigante en su contenido. El título –cierto– es de llamar la atención pues, a través de los pasajes encontramos la esencia con que el mismo autor se define: el pétalo que brota en la supervivencia; la transformación de la consciencia, la piedra de la verdad, símbolo del guerrero.  Un pétalo ha brotado y el hombre ha llegado a su origen, ¿qué será cuando la flor se complete…cuando esta ciudad deje de ser sólo de palabras?

 

 

PÉTALO DE OBSIDIANA

 

(23 POEMAS CONTRA

LA TRISTEZA)

DE OSCAR PUKY GUTIÉRREZ