¿Por qué insistimos en luchar unos contra otros?

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Winston Churchill Político británico. En alguna ocasión dijo:

“Las actitudes son más importantes que las aptitudes.” Cuánta razón tenía Winston Churchill al decirlo.

 

Siempre he dicho a mi hijo que, podemos ser las personas más calificadas para tal o cual actividad, tener el conocimiento necesario para desempeñar lo que sea, pero, si no lo hacemos con dedicación, con deseo de hacer bien las cosas y especialmente con amor, entonces, de nada sirve.

 

Permítanme explicar mi punto. A mi hijo le gusta mucho la fotografía, por lo que, tenía un deseo especial por comprar algunos lentes especiales para su celular, debido a la movilidad que le facilita en todo momento y evidentemente, lo práctico que es llevar únicamente sus lentes en una pequeña cartera y no el maletín completo de cámara, más lentes.

 

En fin, el caso es que, ahorró, con toda dedicación y esmero lo suficiente para comprar sus lentes, cuando logro la cantidad que necesitaba, me dijo: –papá, ya junté el dinero que necesito para comprar los lentes para la cámara de mi celular y voy a pedirlos para que me los envíen por paquetería-

 

por supuesto que, lo apoyé al ver con cuanta dedicación y amor hizo todo para lograr su objetivo y… Esa es precisamente la diferencia en todo.

 

Mi hijo pudo tan sólo extender la mano hacer un buen berrinche y esperar pacientemente que le compraran sus lentes.

 

En tal caso, su capacidad y talento fotográfico hubieran sido totalmente empañados por una actitud equivocada, pero, no sólo el interés, sino el amor y el empeño con que planeo todo pacientemente y entramo dedicado esfuerzo por lograr su objetivo, permitiéndole tomar sus primeras fotografía este fin de semana, literalmente a donde quiera que íbamos.

 

Permítanme decir que, en la actitud esta la retribución a lo que hacemos, para bien o para mal, claro está.

 

Normalmente por las mañanas, disfruto mucho de sentarme a leer acompañado de un buen café. En lo personal, busco que mi primer lectura del día sea algo que edifique y enriquezca mi vida, es decir; que me instruya referente a valores, a la forma de mejorar mi entorno, testimonios y casos de éxito referentes a la vida sana de la familia, literatura, tal vez algo de poesía, algún pasaje de la biblia por supuesto, donde he encontrado la mayor de mis riquezas y claro, le doy un vistazo al acontecer noticioso, nacional e internacional.

 

Al finalizar mi tiempo de lectura, tomo también el tiempo necesario para reflexionar sobre todo lo leído, ese es un momento particularmente especial para mí, al que no presiono con prisa alguna.

 

El apóstol Pablo decía que al final de todo, es particularmente importante tomar tiempo así, para reflexionar sobre todas las cosas vividas o recibidas.

 

Ahora bien, de todo lo vivido o recibido, es importante tomar lo bueno y desechar lo malo; hacer a un lado lo que no nos conviene guardar.

 

Todo aquello que no causará, ni a nosotros, ni a nuestra familia y en consecuencia por su puesto tampoco a nuestra sociedad, bien alguno.

 

Y es así de claro, las cosas que no nos edifican, se tornarán en lastre que de apoco, nos causará un mal crónico: cansancio, desinterés, aburrimiento y, claro está, una mala actitud general hacía la vida misma.

 

Me impresiona sobre manera el poco interés de la sociedad actual por mantener la paz y el bien común, nuestro mundo, necesita hombres y mujeres, niños y jóvenes con una actitud adecuada, con el amor necesario para mejorar las condiciones de vida a nuestro alrededor.

 

No podemos generar un cambio social si inicialmente no buscamos cambiar nosotros mismos.

 

Nos gusta pelear, buscamos y guiamos con especial esmero la mentira y el engaño a nuestra vida, luchamos unos contra otros, criticamos, ofendemos con cierto aire de grandeza, como pensándonos mayores que los demás, sin percatarnos de lo sencillo que es actuar de tal forma incorrecta.

 

Siempre será más fácil solo ser espectadores que actores.

 

¿Por qué nos va mal? ¿Por qué no dejamos de luchar unos contra otros? Un corazón sin amor, sin interés, sin anhelos y motivos, pronto se cansa y se torna reactivo.

 

Indira Gandhi dijo:

“Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos.”.

 

La maldad y el engaño, no se combaten con más de lo mismo.

 

Necesitamos romper y cambiar el esquema, en favor de la razón, la sabiduría y la inteligencia, si gritamos todos al mismo tiempo, ¿quién entonces podrá ser escuchado?

 

No puede impedirse el viento.

Pero pueden construirse molinos.

Proverbio holandés.

 

La noche ha avanzado, y se acerca el día. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas, y revistámonos de las armas de la luz. Vivamos con honestidad, como a la luz del día…” Apóstol Pablo.

 

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