¿POR QUÉ LOS SERES HUMANOS DEJAMOS DE SOÑAR?

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Don Quijote y Sancho llegaron, finalmente, a la sala de control, donde los astrónomos
recibían la información enviada por los instrumentos.
– Un telescopio es como una máquina del tiempo: con él se pueden ver cosas que pasaron
hace mucho tiempo. Esto es una nebulosa: la estamos estudiando para conocer su
evolución… Están compuestas de gases y polvo, y en ellas se forman estrellas y sistemas
planetarios semejantes al nuestro…
A Sancho, que ya tenía hambre porque no había cenado, se le antojó que la nebulosa
parecía una inmensa bandeja de brillantes viandas… A Don Quijote le maravilló tanto el
contemplarla que pidió, si aún no se le había puesto nombre, que la llamasen Dulcinea.
– “Nebulosa Dulcinea” … La sin par del Toboso puede estar contenta. De esta aventura he
logrado, no sólo vencer por fin a los gigantes, sino que he podido también contemplar una
belleza igual a la de mi amada reflejada en el cielo. ¡Volvamos, Sancho, a nuestra historia!
Que no se diga que no nos enfrentamos a mil aventuras con valentía. Hoy hemos
cambiado un poco el discurrir de Cervantes, pues hemos burlado unos cuantos golpes y
hallado un nuevo gigante cuyos vientos nos han sido favorables. Otros libros nos han
acogido hoy, Sancho. Pero hemos de regresar.
Salieron de aquel lugar. La noche cerrada no impidió que encontraran sus cabalgaduras.
Pero, antes de marcharse, decidieron sentarse de nuevo a los pies de aquel gigante para
contemplar la hermosa noche de la isla de La Palma.
Sancho preguntó, no sin antes pensar en las palabras de la astrónoma sobre la “máquina
del tiempo”:
– ¿Por qué habremos hecho este viaje, señor?
A lo que Don Quijote respondió:

– Porque quiénes sino nosotros, dueños tan sólo de la ilusión por alcanzar lo imposible,
podíamos acompañar a los lectores en este descabellado empeño donde lo imaginado se
hace realidad…
Sancho cerró los ojos, de nuevo adormecido, viendo en sus retinas la magnífica nebulosa
que acababa de contemplar y recordando la frase que le dijera Don Quijote:
“Porque el hombre, Sancho, nunca deja de soñar”.
(Texto publicado en el libro sobre el Gran Telescopio Canarias (GTC), editado en 2007 con
motivo de su Primera Luz.
Los seres humanos hemos sido provistos de una herramienta maravillosa llamada
capacidad de soñar.
“Porque el hombre, Sancho, nunca deja de soñar”.
Soñamos distintos tipos de sueños: sueños de amor, sueños de paz, sueños de guerra,
sueños de aventuras, aquellos donde nos vemos disfrutando nuestros logros personales,
sueños de grandeza, aquellos sueños que nos entristecen y los que nos hacen despertar
felices.
Los sueños muy a menudo son el reflejo de aquellas situaciones por las que estamos
atravesando en cierto momento de nuestras vidas, o en muchos de los casos, descubren
los anhelos más profundos de nuestros corazones.
En ocasiones los sueños se presentan inciertos, o tal vez, revelando de alguna forma
nuestra condición actual, tal como el profeta Isaías lo decía: “Y será como cuando un
hambriento sueña, y he aquí, está comiendo; pero cuando despierta, su hambre no ha
sido satisfecha. O como cuando un sediento sueña, y he aquí, está bebiendo; pero cuando
despierta, he aquí, está desfallecido, y su sed no ha sido aplacada.”
Pero lo cierto es, que los sueños provocan en nosotros, sentimientos diversos que nos
mantienen de una forma u otra, atentos a lo por venir, al verdadero estado de nuestras
vidas; nos hace estar alertas, nos mantienen a la expectativa del siguiente camino por
andar.
Los sueños dimensionan nuestro pensamiento, nos dejan estar donde no hemos estado y
llegar a donde aún no hemos llegado. Alguien me pregunto en alguna ocasión, si era malo
soñar, a lo que conteste: soñar, es lo que me hace planear el siguiente día por vivir,
cuando sueño, alcanzo fronteras y momentos inesperados, nunca hay límites, nunca nadie
me dice que no puedo tal o cual cosa, soñar me permite ver esa tierra prometida llegar.

Cierro los ojos y sueño que estoy con mi madre, con quien ya no puedo estar más en lo
físico, pero los sueños me otorgan la dicha de hacerlo. Sueño con una mejor situación de
vida, con un México sin corrupción, con un mundo sin guerras, con una sociedad de amor,
así es que, le dije: Sí es bueno soñar; no vivir soñando, pero si buscar hacer los sueños
realidad.
El rey David decía que los sueños son anhelos, son deseos del alma y siempre serán
escuchados por Dios. “Cumplirá el deseo de los que le temen, también escuchará su
clamor y los salvará” “Tú le has dado el deseo de su corazón, y no le has negado la petición
de sus labios.”
¿Por qué los hombres dejamos de soñar? Hay quienes dicen que dejamos de soñar por la
educación que recibimos, yo no creo eso, porque la educación te da conocimiento,
cultura, entendimiento de las cosas, tal vez, ese pensamiento aplique cuando hablamos de
ciertas tradiciones o costumbres, en forma unilateral, pero en un entorno universal, la
educación nos permite ver más allá de nuestra realidad, seguir caminando y luchando por
ser mejores.
Dejamos de soñar, cuando dejamos de creer, cuando no tenemos tiempo de hacer un alto
en el camino y cerrar los ojos. Dejamos de soñar, mientras seguimos el camino que
soñamos con andar, pero cada vez que se presenta una encrucijada, es justo en ese
momento que, debemos cerrar nuevamente los ojos y seguir soñando hasta encontrar
nuevamente el rumbo de nuestras vidas.
Soñar, engrandece el camino de la humanidad y la hace perdurable.